EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión  

Mirándose el ombligo

ESTRICTAMENTE PERSONAL Durante toda la semana pasada se celebró en la liberal Universidad de California en Berkeley un foro coorganizado por la Fundación Azteca donde se discutió un tema provocador: Pensar en México. Hacia dónde vamos, cómo vamos, y sobretodo, para qué vamos, son preguntas que, bien se puede decir,           … Continúa leyendo Mirándose el ombligo

Abril 13, 2005

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Durante toda la semana pasada se celebró en la liberal Universidad de California en Berkeley un foro coorganizado por la Fundación Azteca donde se discutió un tema provocador: Pensar en México. Hacia dónde vamos, cómo vamos, y sobretodo, para qué vamos, son preguntas que, bien se puede decir,                             son terriblemente complicadas para responder. Normalmente los mexicanos nos enredamos en el de dónde venimos, dónde nos encontramos y por dónde le damos la vuelta para regresar al mismo sitio. Mientras eso sucede, nos empezamos a alejar de otros países con quienes hasta hace no mucho compartíamos peldaños en la lista de naciones en vías de desarrollo.

Hay una especie de freno nacional que nos impide avanzar no sólo con velocidad, sino con empuje y calidad. Tenemos la ambición, como esos mexicanos en el Valle de Napa, que produce las mejores uvas para la industria estadounidense, donde 10 de las mejores casas vitivinícolas son propiedad de mexicanos que llegaron como indocumentados y crecieron hasta convertirse en millonarios y enviar a sus hijos a las universidades. Sin embargo, ¿por qué no somos los amos de la ingeniería en el Valle del Silicón, el símbolo mundial de la alta tecnología, como son los indios? En la India misma, desarrollaron una industria masiva cinematográfica a la que se le llama Bollywood, un acrónimo de Bombay, donde se encuentra, y Hollywood, la meca del cine, donde está la mayor producción de filmes, mientras que nuestro Durango, donde se filmaron tantos Westerns, está abandonado y en Rosarito, en Baja California, sólo la 20th. Century Fox manda.

Singapur arregló con Alemania hace unos años que por un porcentaje de cada operación comercial, le enseñaba y daba las claves a los empresarios germanos para poder entrar al mercado chino. Nosotros, que teníamos en Cuba una oportunidad colateral para contribuir a su desarrollo económico y a nuestro beneficio estratégico en el mundo del comercio, dejamos ir la oportunidad ante españoles e italianos, quienes no sólo nos han ganado las                             oportunidades, sino que hemos ido gradualmente abandonando la plaza en posiciones que teníamos, como servicios financieros y telecomunicaciones. Pensamos corto y perdemos de vista el futuro. Pese a los gritos que lanzaban los embajadores mexicanos en Tokio, nada se hizo para estimular el comercio agrícola con Japón, que para entender su dimensión bastaría decir que un jugo de naranja natural llega a costar 15 dólares, y un pequeño melón se vende como regalo de boda en la calle Giza, la gran arteria comercial de la capital nipona, por 300 dólares envuelto en celofán. Hoy, horticultores del estado de México están cambiando sus cultivos porque con el libre comercio las flores colombianas están arrasando al mercado mexicano. Los cafés colombiano y brasileño son productos dentro de la dieta diaria de quienes aprecian el café en el mundo, donde no se ve, por cierto, el mexicano por ninguna parte.

Los preparatorianos asiáticos dominan los primeros lugares en calificaciones de matemáticas en Estados Unidos; los israelistas han convertido desiertos en vergeles. ¿Por qué será que Shakira es una top star de la música en Estados Unidos, cantando en inglés y español, y nuestras grandes intérpretes no pueden pasar de Univisión, Telemundo, el MTV latino o el Olympia de París? Los sudafricanos están comenzando a desarrollar una importante industria tequilera para competir con los mexicanos, pero también con los japoneses que quieren adquirir casi a perpetuidad el agave en Tamaulipas. Chile se ha llevado los call center de las líneas aéreas internacionales, y ahí mudó sus operaciones hemisféricas la agencia Reuters, una de las dos más grandes en el mundo. En México, hasta las banderas mexicanas que se venden en septiembre, se están manufacturando en Taiwán. Estamos tan desfasados que es, casi literalmente, como si sólo pensáramos en fabricar transistores, cuando nuestros competidores están manufacturando plasmas.

Nos alarmamos porque Ana Bárbara interpreta el Himno nacional con un toque ranchero, pero ahí está el Departamento de Estado lanzando una alerta a sus conciudadanos que turistean en Cancún porque los policías ya encontraron que la mejor manera de compensar sus salarios es estafarlos con multas estrafalarias que les sacan asustados a quienes rentan autos porque si no, los amenazan, se van a dormir a la cárcel. Nosotros tenemos miles de kilómetros de playas maravillosas que dejamos de explotar, mientras países como Bolivia, que no tiene mar, presume una Armada. En México hay más de 56 mil sitios arqueológicos, mientras que Camboya, que tiene una sola joya en Siam Reap, donde se encuentra Angor Wat, ha logrado elevar sus niveles de vida atrayendo turistas de todo el mundo. Los hoteles de cinco estrellas en la maravillosa reserva del Serengueti le atrae turistas a Tanzania de manera creciente cada año, impidiendo que sus instalaciones turísticas dejen de estar plenamente ocupadas contemplando su belleza natural.

El foro en Berkeley no alcanzó a tocar mas que una minúscula parte del futuro mexicano. Difícilmente podría haberse abordado la disyuntiva mexicana desde su prisma de posibilidades y dificultades. Pero es un intento que tiene que multiplicarse en las instituciones públicas y privadas para estimular el debate nacional sobre lo que realmente es importante. No lo del jueves, o el viernes pasados, ni sobre la próxima semana o el 2006. Lo que suceda en la política es importante en la coyuntura, pero no determinará el largo plazo, por más que se diga lo contrario. Lo que nos definirá es si permanecemos pasivos, con esa característica etnocéntrica que nos inunda el cuerpo y el alma, mirándonos al ombligo sin darnos cuenta de todo lo que se mueve y avanza a nuestro alrededor. La política es mucho, pero no lo es todo. Los proyectos de nación pasan por coordenadas que rebasan las que los políticos actuales están presentando. Hay que pensar el futuro, en efecto, pero no en términos de poder sino de una refundación nacional que bien nos hace falta.

 

 

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