LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS Humberto Musacchio Murió Toño Gershenson Tafelov Entre 1966 y 1968, el chacal Díaz Ordaz refundió en la cárcel de Lecumberri a varios militantes de izquierda. En la crujía N convivían los trotskistas que encabezaba Adolfo Gilly, el grupo de intelectuales pensantes y actuantes que dirigía Víctor Rico Galán, … Continúa leyendo Murió Toño Gershenson Tafelov
Junio 08, 2026
LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS
Humberto Musacchio
Murió Toño Gershenson Tafelov
Entre 1966 y 1968, el chacal Díaz Ordaz refundió en la cárcel de Lecumberri a varios militantes de izquierda. En la crujía N convivían los trotskistas que encabezaba Adolfo Gilly, el grupo de intelectuales pensantes y actuantes que dirigía Víctor Rico Galán, los universitarios del Movimiento de Izquierda Revolucionaria Estudiantil (MIRE) donde militaban Fabio Barbosa, Gerardo Peláez, Enrique Condés, Luis del Toro y Antonio Gershenson Tafelov, quien didácticamente explicaba fenómenos de la física que muchos no comprendíamos. Frecuentemente, en la cola para ingresar me encontraba con la madre de Toño, quien llevaba grandes canastas de alimentos a su hijo, los que éste compartía con otros huéspedes de la “N”. Por supuesto, las celadoras se ponían muy exigentes con cualquier cosa que se pretendiera introducir, pero la señora Gershenson sabía ser generosa y la dejaban pasar todo. Ya en los años setenta, cuando salieron de prisión, aquellos ex presos políticos se dedicaron a terminar las carreras universitarias, a ejercer la docencia y otras actividades. Toño ingresó al Instituto Nacional de Energía Nuclear y participó y defendió con otros científicos a su sindicato, el SUTIN. Militante de izquierda durante toda su vida adulta, en su actividad periodística defendió las causas que consideraba justas. Fue un ejemplo de firmeza. Un abrazo solidario para su hoy viuda, Ruxi Mendieta.
Sucesos culturales 1988-2024
El incansable Eduardo Cruz Vázquez coordinó Sucesos culturales 1988-2010 (Ed. Grecu, 2026), libro que reúne un buen numero de ensayos sobre lo que fue la cultura mexicana de cinco sexenios, desde la construcción salinista de todo un sistema de apoyo a los creadores e intérpretes, dotándolos de empleos, becas, oportunidades editoriales, medios de difusión y una infraestructura heredada, pero en servicio. El mediocre Ernesto Zedillo no estuvo a la altura de ese legado ni los panistas, pero al menos no echaron al olvido lo que recibieron, como lamentable-mente sí lo ha hecho el morenismo, que ha tratado con un notorio e indignante desprecio todo aquello que convirtió a México en una de las cinco potencias mundiales de la cultura, según afirmaba con buenos argumentos Rafael Tovar y de Teresa. Para Leobardo Sarabia, el ciclo se cerró con la muerte de Carlos Monsiváis, ese gran ani-mador de la producción artístico-intelectual, en 2010, cuando Enrique Peña Nieto había avanzado considerablemente en la demolición de todo lo construido en cien años, tarea que llegó López Obrador a concluir. Por supuesto, los textos incluidos en el libro tienen orientaciones diver-sas, pero eso lo enriquece en tanto que permite contrastar enfoques. Todo un acierto de Eduardo Cruz.
Yerros, broncas y desencanto
En el ámbito cultural aumenta el número de problemas y crecen sin solución a la vista, desde las goteras mal atendidas en La Esmeralda y el Conservatorio, supuestamente renovados hace poco tiempo, hasta el desdén por nuestro patrimonio cultural, como lo muestra el caso de la colección Gelman, pasando por la designación, como ocurrió en bibliotecas públicas, de funcionarios sin la experiencia que requiere específicamente cada puesto; el abandono de los museos, el desastre en que se encuentra el INAH, puntualmente denunciado por Eduardo Matos; el absurdo de poner el acervo de Octavio Paz en manos del DIF, más lo que se acumule esta semana.
Esculturas de Enrique Guerra
Magno Garcimarrero, colega veracruzano que escribe con gracia y rigor, cuenta una sabrosa historia que me permito reproducir, con perdón por la fusilata, pero es muy buena: “Desde los tiempos de don Porfirio, comenzó a considerarse a la ciudad de Jalapa (todavía con J) como la cuna (Atenas) de la cultura nacional y se optó por imitar a la antigua Grecia en su etapa más floreciente: la de Pericles. La imitación alcanzó para recrear un ágora, pero a falta de un Clístenes, tuvimos un Enrique Guerra, artista oriundo de Jalapa, a quien el gobernador Teodoro A. Dehesa ayudó y recomendó para que esculpiera estatuas que representaran las cuatro virtudes cardinales. El escultor se esmeró, se fue a Italia y las hizo de mármol de Carrara; las terminó casi al mismo tiempo en que también terminaban feamente sus gobiernos don Porfirio y don Teodoro con el estallamiento de la Revolución. Las estatuas labradas por Enrique Guerra, haciendo honor al apellido del escultor sufrieron la guerra intestina y, se quedaron en la Ciudad de México para ser llevadas al terruño de último destino, la Atenas veracruzana, una vez que hubo triunfado la revolución. Pero sólo llegaron tres, La Templanza se la quedó la capital, donde aún adorna el bosque de Chapultepec”.
Breviario…
Este mes, nos dice Iván Restrepo, el alcalde de Roma le impondrá la Medalla de Oro al Mérito al gran Armando Colina, tras de lo cual el galerista viajará a Londres para asisir, como uno de los invitados de honor, a la inauguración en la Tate Modern de la muestra Frida: la creación de un ícono. @@@ A los 82 años murió en París Alan Reding, quien fuera en México corresponsal del New York Times y autor del libro Vecinos distantes.