EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión  

Plaza Pública

Madrazos

Enero 30, 2004

Al visitar a Andrés Manuel López Obrador, hace una semana, el gobernador Miguel Alemán en realidad asestó una bofetada al presidente de su partido, Roberto Madrazo. Si no el principal, el jefe de gobierno del Distrito Federal es quizá el más antiguo de los adversarios y aun enemigos del ex gobernador de Tabasco. En este año se cumplirán diez de su sonado enfrentamiento por el poder Ejecutivo local, y los enconos nacidos entonces no se han aliviado. Si además se tiene en cuenta que Alemán figura en el elenco de los presidenciables priístas, y que ya superó por lo menos en una encuesta el grado de aceptación de Madrazo mismo, no puede sino suponerse que saludar a López Obrador fue una toma de posición del poderoso mandatario veracruzano frente a su líder.

Podrá alegarse en sentido contrario que Alemán destinó recursos de la Fundación que lleva el nombre de su padre para apoyar al PRI en su crisis financiera –y concluir la sala de prensa en el comité nacional. Pero en vez de significar un acto de apoyo a Madrazo, esa donación hará a Alemán tener una presencia en la principal oficina priísta, pues la instalación patrocinada por él será bautizada con su nombre.

Es poco creíble la versión ofrecida para explicar la visita de Alemán a López Obrador, realizada en términos que dejó de buen humor al veracruzano, al punto de que bromeó en torno al salario y las tareas de Nicolás Mollinedo Bastar diciendo que había pedido al jefe del gobierno capitalino que le permitiera contratarlo. Dijo además, ya en serio, que su propio chofer, que tiene funciones análogas a las del coordinador de logística del GDF, gana un sueldo semejante. Se dijo que habrían conversado sobre la Convención Nacional Hacendaria, que comienza el próximo jueves. Pero ninguno de los dos tendrá una participación singular en ella, pues no fueron escogidos para coordinar mesas, ni parece que sus visiones de la hacienda pública guarden proximidad alguna.

Como quiera que sea, el encuentro de Alemán y López Obrador es un gesto contrario a Madrazo, no el que podría suscitarle mayor preocupación en vísperas de una delicada reunión del Consejo Político Nacional. Aunque parece haberse diluido la expectativa de que la cita sirva para desenvainar los cuchillos largos, y tanto Madrazo como Elba Esther se mantendrán en sus puestos, menudean las expresiones de descontento contra ambos o contra alguno de ellos. Aparte el de Alemán y los amagos de los gobernadores que buscan evitar que sea juez y parte, Madrazo recibió otros golpes, de diferente fuerza, pero que agravan la fragilidad con que ejerce el liderazgo formal que ganó en compañía de su ahora enemiga.

Podrá alegarse que carece de importancia, numérica y política, pero se fue del PRI una agrupación campesina que, por venida a menos que esté, algo significa en el noroeste de la república, en Sonora sobre todo. En medio de reproches a Madrazo –de gran vulgaridad porque aluden a favores ofrecidos que no se cumplieron y que fueron el móvil para apoyarlo en su campaña por la presidencia del PRI–, los líderes de la UGOCM que lleva el nombre de su fundador, Jacinto López, renunciaron a sus lugares en el Consejo Político Nacional y a su militancia priísta. Su líder en los últimos años, José Luis González Aguilera, fue diputado tres veces (la más reciente en la legislatura pasada), lo que muestra que no es trivial su separación, y menos cuando se la explica por diferencias directas y personales con Madrazo.

En medida semejante, pero con mayor rigor todavía, tundió al presidente de su partido el de la Fundación Colosio, Rodolfo Echeverría Ruiz. A punto de ser relevado de su cargo, Echeverría Ruiz expuso un memorial de agravios contra Madrazo, en una carta que el propio remitente escogió que no fuera leída sólo por su destinatario. Además de dolerse por la desatención política y financiera que ha propinado el líder partidario a su órgano de reflexión y análisis –al punto de que se adeuda al personal de la fundación “la totalidad de las percepciones, mensualidades, aguinaldos e indemnizaciones”– Echeverría cuestiona el liderazgo de Madrazo.

A despecho de su apellido y no obstante el desprestigio de su tío Luis, Echeverría Ruiz hizo carrera: subsecretario en dos o tres ramos de la administración, embajador en Cuba y en España y dos veces diputado. Sirvió directamente al PRI desde hace cuarenta años: como dirigente juvenil nacional, como oficial mayor y, más recientemente, como secretario general elegido. Para no complicar la vida interna de su partido, renunció a su cargo e hizo posible la convocatoria a la elección de la fórmula de Madrazo y Gordillo. El 17 de abril del 2002 la asamblea de la Fundación Colosio –que está organizada como asociación civil aunque sea uno de los órganos del PRI– lo designó presidente.

Desde entonces, lo sabemos ahora, Madrazo ha desdeñado a la Fundación. O ignora lo que hace, o le resta importancia, como en el caso de la Convención Nacional Hacendaria –cuya idea nació en la oficina encabezada por Echeverría–, y de la que Madrazo se ha mantenido alejado porque “su rentabilidad política en nada te beneficia. No es una vía que te acerque a tu pretendida candidatura presidencial”.

Echeverría acusa a Madrazo de mantener una actitud ambigua y evasiva en torno a la reforma energética: “Tan obsecuente como subrepticia, tu actitud significa una inadmisible colaboración con el gobierno”. Esa pieza de acusación contra el líder del PRI puede ser parte del debate sobre el destino de los líderes mañana en el consejo.