El pasado domingo una inminente guerra comercial entre Estados Unidos y Colombia parecía haber estallado después de que el presidente Gustavo Petro prohibió el aterrizaje de dos aviones militares que transportaban colombianos deportados de Estados Unidos. La negativa de Petro a dejar aterrizar estos dos aviones provocó una rápida respuesta de Trump en su red … Continúa leyendo Tiempos turbulentos en Colombia
Enero 29, 2025
El pasado domingo una inminente guerra comercial entre Estados Unidos y Colombia parecía haber estallado después de que el presidente Gustavo Petro prohibió el aterrizaje de dos aviones militares que transportaban colombianos deportados de Estados Unidos.
La negativa de Petro a dejar aterrizar estos dos aviones provocó una rápida respuesta de Trump en su red social llamada Verdad Social : “Me acaban de informar que a dos vuelos de repatriación de Estados Unidos, con un gran número de Ilegales Criminales, no se les permitió aterrizar en Colombia. Esta orden fue dada por el presidente socialista de Colombia, Gustavo Petro, que ya es muy impopular entre su pueblo”, escribió el flamante presidente reelecto.
Trump argumentó que la negativa de Petro a estos vuelos había puesto en peligro la seguridad nacional y la seguridad pública de Estados Unidos. Dijo que había ordenado a su administración imponer “inmediatamente” aranceles del 25 por ciento a todos los productos colombianos que lleguen a Estados Unidos, que, según dijo, se elevarían al 50 por ciento si Colombia no cumplía en el plazo de una semana. También dijo que había impuesto una prohibición de viajar y revocado los visados de los funcionarios del gobierno colombiano “y de todos sus aliados y simpatizantes”. En su post, advirtió que “estas medidas son sólo el principio”.
Petro respondió en X con un post largo y en última instancia desafiante, donde dijo que igualaría cualquier arancel impuesto por Estados Unidos. “Su bloqueo no me asusta, porque Colombia, además de ser el país de la belleza, es el corazón del mundo”, escribió.
Mientras tanto, miembros de la administración de Petro, en particular el canciller saliente, Luis Gilberto Murillo, trabajaban entre bastidores para apaciguar los ánimos, mientras que varios líderes políticos de oposición (particularmente el ex presidente Álvaro Uribe) ofrecieron su apoyo para llevar a cabo una misión de buenos oficios junto al equipo del Presidente norteamericano. Bien entrada la noche del domingo, la Casa Blanca anunció que Colombia había acordado aceptar a los migrantes –incluido a los que llegan en aviones militares estadunidenses– “sin limitaciones ni demoras”, lo que fue celebrado por la administración republicana como una victoria para el enfoque de línea dura de Trump. Los asesores del Presidente norteamericano agregaron que los aranceles y sanciones que habían amenazado con imponer a Colombia, en caso de que no cumpliera, serían “mantenidos en reserva, y no firmados, a menos que Colombia no cumpla con este acuerdo”.
Para la nueva administración republicana, esta estrategia de “bullying” de un Estado tiene un objetivo claro: mandar una señal inequívoca a todos países que son presionados por Estados Unidos, para que se rindan a sus orientaciones políticas y/o económicas. En algunos casos se trata de diferendos migratorios, como en el caso de buena parte de los países latinoamericanos, pero en otros, como en el caso de Panamá o Dinamarca, se trata de una voluntad de anexar territorios por la vía de la fuerza (no militar por el momento). El gran problema de esta estrategia de miedo empleada por el presidente norteamericano es que está dirigida casi exclusivamente a países aliados de Washington, que verán entonces la necesidad de voltear hacia otro lado para contrarrestar estas iniciativas inamistosas de Estados Unidos. En efecto, tanto Panamá como Colombia en América Latina, como Dinamarca en Europa, son considerados como aliados clave de Estados Unidos. En un momento en el que China da muestra de su capacidad de retomar el control de la agenda de innovación tecnológica en el campo de la inteligencia artificial, paralelamente al aumento de sus capacidades militares, ahuyentar de esta manera a socios confiables luce a todas luces riesgoso para los intereses norteamericanos.
En este sentido, la estrategia político-diplomática de Donald Trump tal vez dé resultados en el corto plazo, pero a largo plazo la influencia y la credibilidad de Washington tenderán a disminuir si las cosas se mantienen así durante los próximos cuatro años de la administración Trump.
* Miembro de la Unidad del Sur Global en la London School of Economics (LSE).
X: @Gaspard_Estrada