Yanireth Israde / Agencia Reforma
Ciudad de México
Han pasado 71 años desde la muerte de Frida Kahlo, pero las obras atribuidas a la artista siguen apareciendo. Desde hace décadas, advierte la especialista Hilda Trujillo, irrumpen con frecuencia piezas cuya autenticidad resulta dudosa.
Aunque el INBAL podría certificar, a través de un comité de expertos, las producciones auténticas, “ha decidido no comprometerse”, lamenta por su parte el abogado Luis Cacho.
En el último lustro han sido cuestionados públicamente al menos dos cuadros de la pintora.
A finales de 2023, por ejemplo, se presentó un autorretrato atribuido a Kahlo en el Museo Internacional del Barroco (MIB), en la ciudad de Puebla, como parte de la exposición Hecho en México, Siglo de Oro del arte mexicano.
Mientras que 3 años antes, en 2020, fue supuestamente encontrada La mesa herida, que desapareció desde 1955. Un comerciante español aseguraba que un coleccionista mexicano la tenía guardada en la bóveda de un banco británico y la ofrecía por entre 40 y 50 millones de euros; hasta 10 mil 90 millones de pesos. (Reforma, 16/06/2020)
A esto se suman las innumerables piezas que se le atribuyen a Kahlo en plataformas en línea que las pone en venta, algunas con precios irrisorios.
Es un mercado auspiciado por la notoriedad de la pintora, la más cotizada en América Latina, reflexiona Cacho.
En 2009 se calculaba que 400 falsificaciones de la artista circulaban en el mercado del arte, como consignó Reforma entonces.
Un registro actual de Trujillo, ex directora de los museos Frida Kahlo y Diego Rivera Anahuacalli, suma alrededor de 600 piezas que se presentan como originales de la artista, sin probarlo.
El INBAL, omiso
Trujillo y Luis Cacho, experto en derechos autorales, consideran fundamental para enfrentar esta situación la integración de un comité de expertos respaldado por el INBAL.
La Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, explica el abogado, faculta al Instituto para determinar si una obra es o no de la autoría de un artista, en este caso de Kahlo, cuya producción fue declarada Monumento Artístico el 18 de julio de 1984.
En la realidad, contrasta Cacho, “aun cuando se le solicite, es raro que el INBAL emita una certificación; tiene la facultad, pero no lo hace”.
Cuando diversos especialistas señalaron que la muestra Hecho en México, Siglo de Oro del arte mexicano contenía una serie de apócrifos, entre ellos el referido autorretrato de Kahlo, el INBAL ofreció a las autoridades conformar en conjunto un equipo de expertos que revisara las obras “objeto de debate público”.
Incluso el Instituto sugirió pausar la exposición, que también incluía cuadros de Leonora Carrington, María Izquierdo y Juan O’Gorman. (Reforma, 14/01/24).
“Y no se procedió, no se cerró antes la exposición, no sé si por temas políticos, pero no se cerró”, recordó Trujillo.
Anel Nochebuena, entonces titular de Museos Puebla, y hoy directora del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, aseguró que las piezas presentadas disponían de la documentación que las avalaban.
“Son piezas famosas atribuidas a Frida, que se habían presentado en galerías u otros lugares”, dice al respecto Trujillo.
Cacho, quien se ha desempeñado como titular de la Unidad de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Cultura, compara las acciones del INBAL y del INAH cuando se tienen dudas sobre monumentos de la nación.
“En cuanto a los monumentos arqueológicos, autoridades como la Fiscalía General de la República le preguntan al INAH si son o no (auténticos), para saber si la persona que los tenía en su posesión está cometiendo un delito federal o si aparecen en alguna subasta, y entonces el INAH dice: son monumentos, mientras el INBAL, aun cuando se le solicite, no ejerce esta función”.
Una comisión de especialistas podría pronunciarse no solamente en relación a una pieza de dudosa autenticidad, sino a un conjunto de ellas, pondera Trujillo, y ampararía también legalmente la decisión que tomen.
“Porque el propietario te puede demandar, aunque sepa que es falso, y el problema también es que el tema de la falsificación no está legislado, porque el delito no es por falsificación, sino porque te hacen un daño económico, pero tienes que probar que es un falso.
“¿Y quién hace la prueba? El INBAL tendría que hacerlo, pero no ha asumido esa tarea”, puntualiza.
Se requiere un catálogo
Debería también efectuarse en México un catálogo razonado de la producción de Kahlo.
Aunque existe uno publicado en 1988 por la historiadora alemana Helga Prignitz-Poda, éste ya requiere revisarse, porque con el tiempo la información ha sido superada, indica Trujillo, quien también se ha desempeñado como Secretaria Técnica de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados.
“Se debe intentar, aunque es difícil siempre tener una obra completa, razonada”, aconseja.
Un catálogo razonado es fundamental para estudiar a un o una artista, para las nuevas interpretaciones de su trabajo y también para la organización de exhibiciones, destaca.
“Es el pasado, presente y futuro de la obra. Es su registro y su vida. Y ayudaría a controlar mejor (las piezas de dudosa autenticidad), y a que una directora, como la del Museo Internacional del Barroco, no se equivoque”.
Mientras tanto, y ante el surgimiento constante de obras atribuidas a Kahlo, fallecida un 13 de julio a los 71 años, se refrenda el dicho: “Pinta más muerta que viva”.