
El viernes al mediodía, después del impacto de Max como huracán categoría 1 en la Costa Chica del estado, comunidades de Florencio Villareal (Cruz Grande) y San Marcos seguían bajo el agua y sin poder comunicarse con las autoridades debido la crecida de ríos y arroyos que bloquearon las carreteras.
En la vía Acapulco-Pinotepa Nacional, la tierra cedió ante la corriente del agua en los tramos Toro Pando, Santa Clara y San José, entre San Marcos y el municipio de Copala. Había desesperación en los pasajeros varados en filas que medían kilómetros, de automóviles, taxis, autobuses y camiones de carga que quedaron atrapados desde las 7 de la noche del miércoles.
En los alrededores, al igual que en la carretera a 16 municipios de la Costa Chica y Oaxaca, era interminable el número de árboles de enormes troncos derribados, arrancados de raíz o cortados como cuando se una vara y se quiebra. Los cultivos de maíz parecían un tapete verde tendido en el campo.
Ante la cantidad de árboles tirados en la carretera, algunos pobladores cortaban los troncos para retirarlos del camino a cambio de una cooperación de los choferes.
En los pequeños puestos de comida a orilla de carretera, no se daban abasto para atender a los viajeros con sed y hambre.
El suministro eléctrico y de telefonía celular fue suspendido una vez que Max tocó tierra en los municipios de San Marcos, Cruz Grande y Cuautepec, el jueves. En San Marcos fueron restablecidos pasado el mediodía del viernes, igual que la señal de celulares, pero en los otros dos municipios no.
Nada se sabe de la comunidad de Cuatro Banco
Son las 12 del día, y la carretera a Cuatro Bancos, a 20 minutos de recorrido desde Cruz Grande, está partida en dos. La corriente del río Tecualuya aumentó ante el desfogue de la presa El Guineo, misma que va a dar a la laguna de Chautengo.
Desde la carretera se ve a lo lejos a dos jóvenes saliendo del agua chocolatosa. Ambos tardaron 40 minutos en dar la vuelta a la corriente del río para llegar a tierra firme, buscar alimentos e ir a ver a sus vacas.
Eduardo Gallardo Gómez, de 21 años de edad, informó que la mayoría de los mil habitantes sigue en la comunidad, y sólo unos pocos fueron al refugio que se instaló en la cabecera municipal. Pero a causa de que el nivel del agua seguía hasta la cintura, los vecinos estaban buscando cómo salir.
En el albergue ubicado en la secundaria Miguel Hidalgo de la cabecera municipal, la señora Emedia Guzmán Martínez de 60 años, recordó que sus tres nietos y ella salieron de su casa a las 9 de la mañana del jueves, atendiendo a avisos de socorristas de Protección Civil, quienes alertaron que la carretera estaba siendo rebasada por la corriente.
La mujer lloró al recordar que su esposo de 57 años y su hijo de 20 se quedaron en su casa, cuidando sus pertenencias. “Ahora no podemos ir, está trozada la carretera, no podemos pasar y no sabemos nada de nuestros familiares”, lamentó.
También Norma Gallardo Avilés de 59 años, llegó ahí procedente de La Coín, un pequeño anexo de El Tamarindo. De su rancho, donde vive con sus seis hijos y 100 cabezas de ganado caprino, no sabe si están muertos o vivos, porque el agua subió más de un metro.
La mujer explicó que se dedica también a la venta de pescado y camarón, “yo le pediría al gobierno que me ayudara a comprar mis animales, si es que están muertos”, dijo.
En el albergue hay 350 refugiados que durmieron amontonados en los salones, encimas de colchas que el municipio les entregó; sin embargo, algunas mujeres indicaron que no tenían ropa, que desde el jueves no se habían aseado y que en el lugar no había suficiente agua.
Se inundan las cosechas también en Estero Verde
En el otro extremo, en la comunidad de Estero Verde, la más próxima para llegar a Cuatro Banco, los vecinos también fueron afectados; la mayoría de las casas se quedó sin techo, el viento se lo llevó, volaron como hoja de papel. En el camino, las casas de las comunidades de Palomares y Alto Ventura estaban igual, aunque ahí no hubo inundación.
El vecino Jorge Tornes Osuna de 58 años, veló a su padre de 89 años de edad en medio de 30 centímetro de agua, porque la mitad de Estero Verde quedó inundado. El hombre le llora a su padre, pero también a sus palmeras, de las 500 que tiene en su parcela, al menos 100 fueron derribadas por los fuertes vientos, “y eso no es nada, no sé como estén las demás personas”, declaró.
En la comunidad viven mil 100 habitantes, la mayoría dedicada a la cosecha de coco y mango, de ajonjolí, Jamaica, maíz y calabaza; este año no obtendrán nada porque el viento se lo llevó todo.
Dentro de una casa de paredes de adobe y techo de tejas de barro, la esposa, la hija y la nieta de Jorge Tornes se protegieron cuando el huracán tocó tierra muy cerca de ahí, en la comunidad de Pico de Monte.
La mujer dice que, de las 11 de la mañana a las 3 de la tarde las ráfagas de viento volaron todo a su paso, y poco a poco el agua comenzó a inundar sus casas.
Hasta las 3 de la tarde del viernes, esa comunidad no había recibido ninguna ayuda ni apoyo de ninguna autoridad, y sólo la Policía de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) había ido a auxiliarlos.
La vecina Adela Cruz Guillén de 52 años urgió a las autoridades a entregarles láminas para sus techos, pese que el agua continuaba en las casas, que no dejan por miedo a saqueos.
Recuerda que cuando pasaron el huracán Dolores, hace 35 años, y el huracán Paulina, hace 20 años, no pasaba algo igual en las comunidades cercanas, donde el viento se llevó incluso a las gallinas.
Pero no todo es tristeza en la comunidad, los niños se daban chapuzones afuera de sus casas, algo que tal vez no vuelva a ocurrir en muchos años.
El miedo regresó con la lluvia del viernes
En San Marcos, a las 9:30 de la mañana el agua que inundó las colonias de la cabecera municipal había cedido, la gente limpiaba con la ayuda de militares, y los familiares de Ángel de 45 años de edad, encontraron su cuerpo.
En Tecomate Pesquería la gente se negaba a dejar sus casas en la mañana, pero a las 6 de la tarde, con el regreso de las nubes y una ligera lluvia, algunas familias salieron con todas sus pertenencias y sus perros en brazos, ante el temor de volver a vivir el episodio del jueves.
Desde la parte trasera de una camioneta Nissan negra de cabina y media, la señora Eliut Mendoza Hernández de 59 años sale de la comunidad, donde la laguna se desbordó hasta un metro por arriba de su límite.
La señora recuerda que fue al mediodía cuando el viento arreció en el lugar, y se formaron varios remolinos en la laguna que salían e impactaban en las casas, llevándose becerros y gallinas; además, se hundieron 10 canoas. La mujer, con su esposo y su sobrino va a refugiarse a la casa de su hija, en la cabecera municipal.
En el carro también iba Deysi Gutiérrez con sus cuatro hijos; su casa quedó sin techo y las camas están mojadas. Dijo que no puede quedarse en su casa porque no hay ni leña para cocinar. En la comunidad se dedica a la crianza y pesca de mojarra. Ahí cayeron al menos 14 palmeras, algunas sobre las casas de techo de teja. En la tarde algunos vecinos se desplazaban en canoas a sus casas, donde ocuparon los niveles altos.
La mañana del viernes, a la comunidad llegó el alcalde priista, Juan Carlos Molina, a entregar despensas, dijeron vecinos.
La angustia de morir en la carretera
La carretera Acapulco-Pinotepa Nacional se volvió un estacionamiento con filas de hasta 10 kilómetros de largo, de automóviles, taxis, autobuses, pipas y camiones de carga. La desesperación de los viajeros que querían llegar a sus destinos los obligó a caminar hasta 5 kilómetros con sus maletas, y cargando a sus hijos pequeños.
Adentro de uno de los automóviles varados, en el tramo de Cuautepec, una mujer de habla ñomndaa de 61 años, originaria de Huixtepec, esperaba pasar, llegar a su casa y morir. Su hija, Lidia Santiago de 21 años, explicó que su madre está desahuciada, que estuvo internada ocho días en un hospital en la Ciudad de México, donde no pudieron hacer nada por sus riñones; pero desde las 5 de la mañana del viernes quedaron atrapadas en la carretera.
Desde las 7 de la noche del miércoles hasta las 12 del mediodía del jueves, un chofer de taxi de la ruta Azoyú-Acapulco, Alfredo Martínez, quedó varado, sus pasajeros también, pero estos continuaron su camino a las 6:30 de la mañana, una vez que la corriente del arroyo bajó y pudieron cruzar caminando. Desde hace 10 años que Alfredo conduce su taxi, y dice no haber visto nada similar.
Otros viajeros que quedaron varados en el lugar informaron que el gobernador, Héctor Astudillo acudió a la zona, la recorrió y se retiró; reclamaron que muchos no habían comido ni tenían agua para beber.
Más de 15 localidades quedaron incomunicadas, informa la alcaldesa
En breves declaraciones, la alcaldesa de Cruz Grande, Emisel Liosol Molina González indicó que había más de 15 comunidades de los que no sabían nada, de las 32 que tienen el municipio.
Portando un vestido verde y brillosos zapatos negros, la alcaldesa accedió a dar “poquita información”, por la premura que tenía en el momento de abordarla en el albergue. Informó que en total, 86 familias de las comunidades de El Tamarindo y Cuatro Bancos, estaban alojadas en el albergue, y que el resto no quiso salir de sus casas.
Dijo que la noche del jueves hubo más de 500 refugiados, entre ellos unos 200 pasajeros que no pudieron seguir su camino ante los bloqueos en la carretera.
Por su parte, el director de Protección Civil, Jesús Genchi Ozuna informó que habían contado 200 afectaciones en el municipio, además de daños parciales, y el reporte de una mujer a quien le cercenó la pierna una lámina que voló ante los fuertes vientos.