Marisol Carmona / Agencia Reforma
Ciudad de México
Los seres humanos están hechos de sacudidas que o los derriban o los dejan en pie, aunque sólo con aquello que se necesita para seguir, comenta Ali Guarneros Luna (Ciudad de México, 1973), ingeniera aeroespacial.
Después del terremoto que golpeó la Ciudad de México hace 40 años, en el año 1985, su familia se mudó a Estados Unidos, y, cuando su madre perdió su empleo, ella misma se convirtió en el pilar económico de su casa, y de sus tres hermanos.
En este periodo, recuerda la científica, tuvo cuatro hijos; dos con necesidades educativas especiales.
“En el terremoto perdí gente que nunca regresó, y si yo tuve la oportunidad de seguir, tengo que validar esta vida y construir lo mejor de mi misma”, comparte.
Así, decidió regresar a la universidad para superarse y adquirir más recursos.
“Fue momento de reencontrarme conmigo, pero con una motivación mucho más fuerte: quería que mis hijos pudieran sobresalir, y me di cuenta que, para eso, yo, como mamá, tenía que regresar a la escuela”, narra quien, durante la licenciatura, se volvió madre soltera.
“En la noche tenía que hacer mis deberes de la escuela y ayudarles con sus tareas y otras responsabilidades de mamá. Dormía poco, casi no tenía vida social (…) Pero muchos profesores me apoyaron: sabían cuáles eran mis dificultades y hubo ocasiones en la que llevaba a mis hijos a mis clases”.
Años después, Guarneros Luna ha conquistado su meta profesional, pues ha construido tecnología que orbita la Luna o helicópteros para futuras misiones a Marte. Sobre todo, destaca el desarrollo, junto con la NASA, de los CubeSat, satélites pequeños y de bajo costo que permiten el acceso a la exploración espacial a estudiantes y universidades.
Además, cuenta con orgullo que su trabajo le ha permitido abrir las puertas del espacio a más personas, sobre todo mexicanas.
Al respecto, en el año 2015 recibió la NASA Equal Employment Opportunity Medal por su aportación a la creación de oportunidades equitativas de empleo para otras mujeres, incluso de otros países latinoamericanos.
“El mundo debería ser más flexible y noble con la maternidad para darles una oportunidad y no ser tan restrictivos con los horarios. Somos muy responsables y, si lo somos con nuestros hijos, lo vamos a ser con nuestro trabajo”, considera la científica.
Actualmente, Guarneros Luna es arquitecta de sistemas senior en Lockheed Martin, una multinacional de la industria aeroespacial y militar, además de profesora de la San José State University, en California.
La científica destaca entre sus habilidades una perspectiva humana y sensible que, al ser investigadora, le dio la capacidad de informarse sobre los padecimientos de sus hijos y encontrar los apoyos que necesitaban. Hoy, dos de ellos tienen la inquietud de ser ingenieros.
“Ellos estuvieron expuestos a lo que yo hacía. Hubo muchas veces en las que yo armaba cohetes amateurs y me los llevaba a los lanzamientos, e incluso me ayudaban a construirlos”, recuerda Guarneros Luna, una de las primeras mujeres latinas en trabajar en la NASA.
“Cuando se tienen niños con necesidades de aprendizaje especiales, uno los quiere proteger con una burbuja, pero yo quería que fueran más independientes”.
La mirada migrante
Guarneros Luna lamenta que el actual gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, minimiza los logros que las minorías y el género femenino han hecho para la ciencia y la tecnología.
“Hace un año, en la NASA se pensaba que se iba a llevar a la primera mujer a la Luna con el programa Artemis, e incluso incluir gente de color o diversas, pero con el clima actual que tenemos todo eso parece haberse disipado”, indica.
“Por fortuna, en México y en Canadá no estamos viendo esto de tratar de borrar los aportes de las mujeres”.
Además, Guarneros Luna destaca el sentimiento de empatía que experimenta por los migrantes en Estados Unidos, quienes solamente buscan trabajar y sobresalir. Y recuerda que ella también vivió una ley que restringía el acceso a educación y salud para los no estadunidenses cuando estaba por terminar su educación básica.
“No pude entrar a la universidad inmediatamente porque había una ley antiinmigrante”, narra.

