Se cumplen 78 años del natalicio del líder guerrillero Carmelo Cortés; su hijo lo conoció mediante los archivos de quienes lo persiguieron, relata Señor director: Lo saludo y le mando esta carta que bien agradecería su publicación en el prestigioso periódico que dirige. Hoy 16 de julio se cumple el 78 aniversario de mi padre … Continúa leyendo Se cumplen 78 años del natalicio del líder guerrillero Carmelo Cortés; su hijo lo conoció mediante los archivos de quienes lo persiguieron, relata
Julio 16, 2026
Se cumplen 78 años del natalicio del líder guerrillero Carmelo Cortés; su hijo lo conoció mediante los archivos de quienes lo persiguieron, relata
Señor director:
Lo saludo y le mando esta carta que bien agradecería su publicación en el prestigioso periódico que dirige.
Hoy 16 de julio se cumple el 78 aniversario de mi padre Carmelo Cortés Castro, el líder guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que nació en ese día de 1948. Para mí ésta no es una fecha cualquiera. Es uno de esos días en los que la memoria pesa más. Un día en el que inevitablemente vuelvo a preguntarme cómo habría sido verlo llegar a esta edad.
¿Cómo sería hoy su rostro?, ¿cómo habría cambiado su voz?, ¿qué pensaría del país por el que luchó?, ¿qué historias me contaría?, ¿qué cosas discutiríamos?, ¿cómo sería sentarme frente a él, simplemente, como un hijo frente a su padre?, son preguntas que el tiempo dejó sin respuesta.
Hoy no quiero escribir solamente sobre el militante, el perseguido, el hombre que vivió la clandestinidad y formó parte de una generación que decidió enfrentarse a las injusticias de su tiempo.
Hoy quiero escribir sobre mi padre porque antes que personaje de una historia marcada por la lucha, antes que nombre escrito en expedientes de inteligencia, antes que hombre perseguido por los órganos de seguridad del Estado y desaparecido el 30 de agosto de 1975 en la Ciudad de México, Carmelo Cortés Castro fue mi padre.
Y esta historia quiero contarla yo, su hijo. He tenido que buscar a mi padre entre los archivos. ¿Cómo se escribe sobre un padre cuya vida has tenido que reconstruir buscando pedazos de su existencia entre fotografías antiguas, testimonios y documentos elaborados por quienes lo perseguían?, ¿cómo se recupera el rostro de un padre detrás de una ficha de inteligencia?, ¿cómo se reconstruye su voz cuando el tiempo ha dejado tantos silencios?, ¿cómo se abraza a un padre a través de un documento?
Durante más de veinticinco años he intentado responder esas preguntas y todavía sigo buscando. He recorrido archivos, he buscado fotografías, he leído expedientes, he escuchado testimonios, he preguntado a quienes todavía recuerdan.
Y muchas veces he encontrado a mi padre en el lugar más doloroso en el que un hijo puede encontrarlo: en los archivos de quienes lo persiguieron. Allí estaba su nombre, sus movimientos, los lugares donde había estado, las personas con las que se había relacionado, los ojos del Estado siguiéndolo, vigilándolo, persiguiéndolo.
Pero mientras leía aquellos documentos, una pregunta me golpeaba una y otra vez: ¿Dónde está mi padre en todo esto?, porque aquellos papeles hablaban del perseguido, del militante, del hombre clandestino, del objetivo de los órganos de seguridad.
Pero yo buscaba otra cosa, yo buscaba a mi padre, buscaba al hombre detrás del expediente, quería saber cómo hablaba, cómo reía, qué pensaba cuando estaba solo, qué soñaba, qué temía, qué sentía cuando pensaba en sus hijos; quería encontrar algo que ningún agente de inteligencia pudo escribir, quería encontrar su humanidad.
Entonces comprendí la crueldad de ciertas ausencias. Hay quienes pueden recordar a su padre cerrando los ojos. Pueden recordar su voz, sus manos, una conversación, un regaño, un abrazo.
Yo, muchas veces, he tenido que buscar a mi padre abriendo archivos y eso duele de una manera difícil de explicar, porque detrás de cada documento encontrado existe una alegría, pero también una herida. Cada fotografía recuperada me permite verlo, pero también me recuerda todo lo que el tiempo se llevó.
Mi padre nació en Guerrero, en una tierra hermosa, rebelde y profundamente herida, una tierra de campesinos, maestros, estudiantes y pueblos que conocieron la pobreza, el cacicazgo, la desigualdad, la injusticia y la represión.
Perteneció a una generación que decidió no permanecer indiferente, que creyó que México podía cambiar, muchos de ellos pagaron un precio terrible por intentarlo. Mi padre vivió una época marcada por la persecución, la clandestinidad y la lucha, pero ningún expediente puede contener completamente la vida de un ser humano. Los archivos pueden registrar nombres, fechas, movimientos y operativos, pero no pueden registrar completamente los sueños, no pueden medir el amor ni explicar las convicciones.
Jamás podrán explicar lo que significa para un hijo pasar gran parte de su vida intentando reconstruir la historia de su padre.
No puedo hablar de mi padre sin hablar también de mi madre, Aurora de la Paz Navarro del Campo, dos jóvenes unidos por una historia de amor, lucha, convicciones, persecución y resistencia.
Antes de convertirse en nombres dentro de los archivos fueron seres humanos, se conocieron, se amaron, compartieron sueños, riesgos y una época terrible y extraordinaria. Y de aquella historia nacimos sus hijos.
Durante más de veinticinco años he reconstruido su memoria, personas que pudieron contarme algo murieron antes de que pudiera encontrarlas, recuerdos que pudieron conservarse se perdieron, documentos desaparecieron, fotografías quedaron abandonadas en algún lugar.
Entonces comprendí que también se puede perder a los padres muchas veces, se les pierde cuando se van, cuando muere alguien que todavía recordaba su voz, cuando desaparece una fotografía, cuando un testimonio nunca llega a contarse.
Por eso sigo buscando, porque cada recuerdo que logro recuperar es una pequeña victoria contra esa segunda muerte que se llama olvido.
Aunque el tiempo haya intentado separarnos, hay algo que ningún gobierno, ningún archivo, ninguna persecución y ningún olvido podrá arrebatarnos: El derecho de un hijo a recordar, amar y mantener viva la memoria de su padre.
Feliz 78 aniversario de tu nacimiento, padre.
Atentamente:
Catarino Hernández del Campo Representante del Colectivo Carmelo y Aurora: Memoria Colectiva