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Jueves 13 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Cultura  

Alistan homenaje a la bailarina Lidya Romero por los 50 años de su debut en Bellas Artes

Francisco Morales / Agencia Reforma Ciudad de México La coreógrafa Lidya Romero celebra 50 años de trayectoria con dos piezas situadas en polos opuestos: entre la contemplación trascendental y el humor picaresco del autoescarnio. Así ha conducido, a fin de cuentas, su carrera entera, donde la única constante es llegar al escenario, siempre, transformada en … Continúa leyendo Alistan homenaje a la bailarina Lidya Romero por los 50 años de su debut en Bellas Artes

Julio 10, 2025

Lidya Romero durante la entrevista Foto: Agencia Reforma

Francisco Morales / Agencia Reforma

Ciudad de México

La coreógrafa Lidya Romero celebra 50 años de trayectoria con dos piezas situadas en polos opuestos: entre la contemplación trascendental y el humor picaresco del autoescarnio.
Así ha conducido, a fin de cuentas, su carrera entera, donde la única constante es llegar al escenario, siempre, transformada en otra persona.
“Es muy emocionante descubrir la escena, el foro y, sobre todo, lo que más atesoro es la posibilidad de ser otro”, destaca Romero en entrevista.
“Lo que tiene, en esencia, la escena, es esto que llaman la transustanciación: tú dejas de ser tú para ser lo otro. No vas a ver a Lidya Romero. Además, ¿quién quiere ver a Lidya Romero a estas alturas del partido, verdad? Ya me vieron mucho”, reflexiona con humor.
Así ha ocurrido desde su debut en el Palacio de Bellas Artes, en 1975, cuando bailó la pieza Interacción y recomienzo, de Guillermina Bravo, como parte del Ballet Nacional de México.
“Me acuerdo perfecto de la imagen. Eran unos héroes griegos, Miguel Añorve y Jesús Romero, y yo los veía como unos portentos, como unos verdaderos héroes griegos, y traíamos unas túnicas grises; era como muy épico todo”, rememora.
“Los hombres se quedaban así, como esculturas, y las mujeres corríamos por todo Bellas Artes y, ¡pum!, nos lanzábamos hacia la espalda de ellos”, narra con emoción, con el cuerpo entero.
Ese mismo escenario, que recorrió a zancadas entonces y que ha pisado numerosas veces, la verá celebrar medio siglo de trayectoria este 19 de julio, a las 19:00 horas.
Lo hace como parte de El Cuerpo Mutable/Teatro de Movimiento, la compañía que, en 2022, también conmemoró sus 40 años en el mismo recinto.
El programa, no obstante, no propone una revisión convencional de su obra, con la reposición de los grandes hitos de su trabajo coreográfico, sino con piezas enteramente nuevas.
“Opté por eso, aunque es bastante arriesgado estrenar en Bellas Artes, que ya me ha pasado. Y dices: ‘No lo vuelvo hacer’, porque tienes poquito tiempo y es bueno foguear las obras; las obras van madurando también con las funciones”, reconoce.
No obstante, desde hace tiempo tenía ya bien trabajada una nueva obra, llamada Luna de Shanghai, cuyo tema resultó más que apropiado para abordar su camino dancístico.
“Es una obra grande que he estado trabajando desde hace varios años y, en realidad, responde a un fascinación personal por el Lejano Oriente, por la producción artística, estética, el cine, la literatura, la ópera, el teatro, el butoh”, explica.
Desde la infancia y la adolescencia, Romero conservó en la memoria la producción estética de esas geografías, con imágenes específicas como el Barrio Chino de la Ciudad de México, los dragones dorados, el rojo característico y las muñecas kokeshi japonesas.
Una mirada, reconoce Romero, que fantasea sobre Oriente desde Occidente, como en los suntuosos tapices que decoraban las casa europeas de los siglos XVII y XVIII con motivos de esa cultura distante.
“Esta obra es un poco como si ese papel tapiz antiguo, con una mirada occidental sobre el oriente tomara cuerpo, tercera dimensión, entonces se desprenden los personajes y las situaciones y ahí hay 11 escenas diferentes que se van encadenando”, refiere.
Junto con las y los bailarines Elisa Rodríguez, Rocío Flores, Cinthia Portes, Maximiliano Flores, Ramsés Carranco, Luis Valderrabano y Ernesto Peart, además de la propia Romero, la danza indaga, con parsimonia, en la memoria.
“Ahora que estoy finalizando la obra, me doy cuenta de que es muy contemplativa, y creo que ahí resuena esta cuestión del Oriente, sobre todo de los preceptos del budismo zen”, expone.
“Esta idea de lo apacible, de la tranquilidad, de observar con calma lo que aparece ante tu mirada y de verdad permitir ese diálogo entre el espectador y la obra, con los signos que van apareciendo”.
Una contemplación bien ganada con los años de trayectoria, donde los signos y los gestos pequeños son tan importantes, o más, que el movimiento.
“Si algo adquieres con la edad, con el tiempo, es esa distancia que te da permiso de elegir lo que realmente quieres observar y lo que realmente quieres vivir. Y por supuesto que tiene todo que ver con esta decantación, este refinamiento del oficio”, pondera.
“No todo en la danza es acciones físicas, esfuerzo y técnica dancística. Hay otras técnicas que complementan esa experiencia del intérprete, que solamente con el tiempo se van adquiriendo; esta maestría tiene que ver con ese filtro, esa decantación y ese quedarse con lo esencial”.
Como una de las figuras insoslayables de la danza contemporánea mexicana que despuntó en los años 70, primero en el Ballet Nacional de México, luego en Forion Ensamble y al último con El Cuerpo Mutable, Romero no pierde la capacidad del humor.
Esto quedará patente en el segundo estreno de la gala, Libre pastoreo, un divertimento que reunirá a colegas y amigos con los que ha compartido la escena, como Miguel Ángel Palmeros, Mirta Blostein, María Elena Anaya, Coral Zayas, Elisa Rodríguez y Orlando Scheker.
Con un vestuario confeccionado por Romero, todos ellos se subirán al escenario vestidos como “gallinas viejas” que se reúnen a platicar de sus historias y sus anécdotas.
“Tiene un poquito de de humor, un poquito de autoescarnio, que también es una característica de mis obras; nos estamos divirtiendo mucho”, celebra.
A 50 años de su debut en Bellas Artes, Romero mantiene vivo el gozo de convertirse en alguien más al pisar el escenario.
“Me he tardado 50 años en el oficio para ser una gallina, para caminar como gallina, para mover la cresta como gallina”, bromea, a pocos días de celebrar una vida dedicada a la transustanciación de la danza.