Erika P. Bucio / Agencia Reforma Ciudad de México Desde su primer libro, José Revueltas: Una literatura del lado moridor (1979), Evodio Escalante estableció el modelo de lo que debería ser la crítica literaria. Al abordar la obra literaria de un marxista, el crítico planteaba la presencia del capital como una “sombra” en la escritura … Continúa leyendo Celebran en la UNAM al crítico Evodio Escalante, que descifró la “sombra” del capital en la obra de Revueltas
Mayo 06, 2026
Erika P. Bucio / Agencia Reforma
Ciudad de México
Desde su primer libro, José Revueltas: Una literatura del lado moridor (1979), Evodio Escalante estableció el modelo de lo que debería ser la crítica literaria.
Al abordar la obra literaria de un marxista, el crítico planteaba la presencia del capital como una “sombra” en la escritura de los textos revueltianos donde “la máquina capitalista está metamorfoseada en novela y cuento.
“Revueltas se les ingenia para, a su manera, oprimir al lector. O sea, mostrarle el mundo cerrado, el mundo de la enajenación que ha construido el capitalismo en México”, expresa en entrevista el también ensayista y poeta (Durango, 1946), a quien la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM le hará un homenaje este miércoles por sus 80 años.
El “lado moridor” es la zona en la narrativa revueltiana, donde la existencia se vive bajo el signo de la derrota, la culpa y una muerte inminente o latente.
No tenía más de 12 años cuando Escalante leyó Los muros de agua, El luto humano y Dios en la Tierra; estaban a su alcance en la biblioteca familiar.
No sabía entonces que Revueltas era un comunista y luchador social, un hombre polifacético que escribió nota roja, teatro e hizo cine. Y que pretendía filosofar.
Lo conoció a principios de los 70, durante un congreso de literatura en Xalapa. El autor le regaló un ejemplar de El apando, y un par de veces pudo visitarlo en el departamento que rentaba frente al Instituto Mexicano de Comercio Exterior, por el cine Manacar, donde Escalante trabajó unos meses.
No tenía aires ni tufo de intelectual, ni de pertenecer a la crema de la crema. Cuando se dirigían a él como “maestro Revueltas”, recuerda, él negaba con la mano y el dedo: “No me llamen maestro”. Rechazaba esas formas de infatuación.
“Es un modelo para mí”, asegura Escalante.
“Y eso no se puede entender, si no se entiende el asunto generacional. La generación del 68 es una época explosiva y de mucho radicalismo. Algo de eso me queda y me gustaría que siguiera. Es un deseo, porque la sociedad consumista lo va a uno domesticando”.
El homenaje en la UNAM lleva la impronta de Revueltas: “Evodio Escalante: 80 años del lado moridor”. Un crítico incómodo, beligerante. Un hombre tranquilo en su vida cotidiana.
“De pronto, cuando me pongo a escribir crítica, sale el demonio, el otro yo”.
Escalante echa en falta que no haya espíritu polemista en México. Aunque llega a darse la crítica, y a veces muy violenta, generalmente el interpelado nunca contesta, se hace como que “la Virgen le habló”.
“Estoy convencido de que las polémicas le dan aire a una cultura. Tanto en filosofía como en literatura, las polémicas son necesarias”, asevera.
Con Antonio Alatorre sostuvo un ácido intercambio. Era un erudito, sin duda, pero un “filólogo un poco a la antigüita”, dice. No le veía utilidad alguna a las nuevas metodologías producto del estructuralismo, el formalismo ruso y la intertextualidad.
En su discurso de ingreso a El Colegio Nacional, Alatorre arremetió contra la crítica literaria y personas que Escalante conocía pero sin nombrarlos: José Pascual Buxó, Noé Jitrik y Margit Frenk, exesposa del propio filólogo.
Como ninguno de los interpelados contestó, él sí lo hizo en el suplemento cultural Sábado del Unomásuno, dirigido por Huberto Batis.
Como crítico literario, Escalante ha sabido aprovechar el acceso a un público lector más amplio a través del periodismo. Aunque eso le haya valido una degradación en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI).
Acudió entonces a Juan Miguel Lope Blanch, miembro de la comisión dictaminadora, para saber las razones. Su respuesta fue muy honesta: “Creo que usted publica demasiado en los periódicos”.
Escalante entendió el mensaje. En sus informes al SNI –hoy SNII, Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores– debía poner sus libros, conferencias y clases pero no las reseñas en los periódicos.
Aunque resulte absurdo, añade, la anécdota es ilustrativa de cómo piensa la institución académica.