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Sábado 25 de Julio de 2026

Guerrero, México

Cultura  

Desde hoy la remozada estatua de El Caballito ya podrá ser vista

Luego de casi cuatro años quedó restaurado el monumento de Carlos IV de la Ciudad de México que fue afectado en 2013 con un baño corrosivo

Junio 28, 2017

 

El Caballito trota con piel renovada tres años y nueve meses después de recibir un baño corrosivo con ácido nítrico.
De acuerdo con imágenes de la estatua ecuestre de Carlos IV ya restaurada, a las que Reforma tuvo acceso, la escultura de Manuel Tolsá luce una estampa verde oscuro, desprovista ya del recubrimiento negro que tenía cuando un contratista del gobierno capitalino aplicó una indebida limpieza en 2013.
En el camino hacia esta recuperación, que incluye su pedestal, El Caballito cambió tres veces de “jinete”: primero el Fideicomiso del Centro Histórico condujo los trabajos; luego Sitios y Monumentos del extinto Conaculta tomó las riendas y, finalmente, se encargó el INAH, que recibió la custodia del monumento hace exactamente un año, y hoy muestra al público los resultados de la intervención, con un costo estimado de 7.5 millones de pesos aportados por la Ciudad de México.
Si algo evidenció El Caballito en su errático galope fue la falta de conocimiento en temas de patrimonio, competencias profesionales y trámites con las dependencias correspondientes, considera la restauradora Norma García.
“El Caballito debió ser intervenido desde un inicio por un restaurador de bienes muebles con especialidad en metales. Se evidencia también que las instituciones que resguardan el patrimonio carecen de personal capacitado en temas de restauración. Para poder supervisar o gestionar obras de restauración, las dependencias deben contar con personal especializado en restauración de bienes muebles y de bienes inmuebles. De otra forma se aprobarán intervenciones mal llamadas ‘restauraciones’ que generan daños al patrimonio cultural, así como gastos innecesarios que salen de las bolsas de todos los mexicanos”, advierte García.
Tal como se acude al doctor cuando una persona enferma tiene un padecimiento, cuando el patrimonio cultural enferma debe llamarse al restaurador, coincide la especialista Liliana Olvera.
“La restauración es una profesión”, añade, “esto es algo que deben saber, conocer y promover todas las instituciones y todos los niveles de gobierno”.
Para evitar experiencias semejantes en el futuro, el promotor cultural Arturo Saucedo insta a aprender de las lecciones de El Caballito e involucrar al INAH desde la programación de este tipo de intervenciones, entre otras “acciones correctivas y preventivas”, de las cuales el gobierno capitalino debe de informar a la ciudadanía.
Los daños al monumento expusieron también la estrecha relación de las ciudadanos con su patrimonio, que fungieron en este caso como guardianes, de acuerdo con José Carlos Canseco Gómez, coordinador del foro de Facebook Caballito Conservación.
“Fuimos los ciudadanos quienes denunciamos el daño a la escultura y quienes exigimos fuera restaurada y fueran sancionados los responsables”, apunta.
El Caballito muestra, también, que en México existen investigadores y restauradores capacitados con reconocimientos internacionales para atender este y otros temas sobre patrimonio cultural, pondera García. (Yanireth Israde / Agencia Reforma / Ciudad de México).