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Cultura  

Ella Fitzgerald, La Incomparable Reina del Jazz cumpliría 100 años mañana 25 de abril

Vino a México por primera vez en 1966 y actuó en el centro nocturno La Fuente. Posteriormente volvería en 1967, esta vez a El Patio, y también cantó en un estadio de beisbol en Guanajuato, invitada al Festival Cervantino en 1979

Erika P. Bucio / Agencia ReformaCiudad de México

Abril 24, 2017

Apareció en el escenario de La Fuente con un vestido oscuro, pañoleta verde, collar y arete de perlas. Era el debut en México de Ella Fitzgerald.
De figura gruesa, micrófono en mano, paseó su señorío por todo el escenario, publicó Excélsior, en tanto que Jimmy Jones, al piano, conducía a la orquesta de Pío Tovar, “en formidables arreglos”.
Su llegada era esperada. “La cancionista Ella Fitzgerald llegará esta tarde a la capital”, anunció el diario.
Por muchos años se había intentado traerla. Y por fin, Eduardo Alcaraz la firmaba para una temporada del 7 al 17 de octubre de 1966 en La Fuente, centro nocturno ya extinto en Insurgentes 890, con dos shows: 11:30 de la noche y 2 de la mañana.
“Era un figurón”, recuerda Alberto Zuckermann. “Cantó los standards y algo de Porgy and Bess”. El pianista se llevó a casa el autógrafo de Fitzgerald en el disco Ella in Hamburg, grabado en marzo de 1965, en Alemania.
Zuckermann, de casi 20 años, logró entrar al camerino. Estaba lleno. Venía acompañada de Ed Thigpen, que había dejado en 1965 el trío de Oscar Peterson y la acompañaría en sus giras de 1968 hasta 1972.
Fitzgerald no creía ser la inventora de un nuevo estilo. Simplemente cantaba. “El jazz me hace falta, pero me obliga a trabajar más”, decía quien mañana hubiera cumplido 100 años.
Después de La Fuente, volvería en 1967, esta vez a El Patio, en Atenas 9, que promocionaba el regreso de la Incomparable Reina del Jazz con su conjunto, The Carson Trio, del 24 de noviembre al 9 de diciembre. Y habría una tercera vez, en un estadio de beisbol en Guanajuato, invitada al Cervantino de 1979, que ese año también trajo a Mstislav Rostropovic con la Sinfónica de Washington, al guitarrista español Narciso Yepes y, casi, a Leonard Bernstein, quien al final canceló por “complicaciones estomacales”.
Fitzgerald, de 62 años, tuvo en aquella ocasión una llegada accidentada. Nadie le advirtió sobre las casi cinco horas de camino entre la Ciudad de México y Guanajuato. Llegó más tarde de lo previsto. “Frente a nosotros, envuelta en enorme caftán de dibujos café y blancos. Atrás de los gruesos lentes, sus ojos se entrecerraban. Las manos inquietas no dejaban de moverse: iban del cabello a la cadenita, a la cruz que pende sobre su pecho”, la describió la reportera de unomásuno Nadia Piemonte, quien la entrevistaría.
“¿Qué recuerdos tiene de las viejas generaciones de jazzistas, de aquellos famosos nombres, de Sarah…?”. “Que no la oiga Sarah (Vaughan) hablar de vieja generación”, interrumpiría la cantante: “Nosotros no creemos ser vieja generación. ¿Para qué cantaríamos si nos sintiéramos vieja generación? El jazz no es una música que pueda considerarse vieja”, respondía. “Hacemos lo que nos gusta, lo que prefiere el público. Yo soy tan popular ahora como no lo he sido jamás”.
Con 45 años de carrera, Fitzgerald estaba en la cima cuando vino a Guanajuato, asociado su nombre a las bandas de Duke Ellington, “un genio”, y Count Basie, con el que siempre se extasiaba, y abordado el cancionero de Cole Porter y grabado con Louis Armstrong.
“Ella Fitzgerald cantó en un estadio para más de 8 mil personas quienes no entendieron la letra de la mayoría de sus canciones pero que sintieron el alma de su música”, reportó Excélsior.
La lluvia estuvo a punto de frustrar el primer concierto en el enlodado parque deportivo José Aguilar y Maya. Subieron primero los músicos de Fitzgerald… “Media hora después entró la reina en escena. Sus canciones, tan conocidas, su estilo, tan de ella, y la emoción, hicieron olvidar por momentos la lluvia que caía a cántaros sobre la improvisada lona que con el viento parecía estar por caerse de un momento a otro”, reportó Piamonte sobre el concierto del 17 de mayo.
Abajo, en el área del pitcher, pusieron un gran escenario para Fitzgerald, recuerda Raúl de la Rosa, promotor cultural y productor de festivales. Quizá no fueron las 8 mil personas que reportó la prensa: “Lo recordaría si el estadio hubiera estado lleno”.
Para el segundo concierto, el viernes 18, el micrófono dejó de funcionar en dos ocasiones, pero los gritos, los silbidos del público, la hicieron siempre volver.
En Guanajuato, Fitzgerald reflexionaba: “Tengo que pensar en mi pasado para seguirme manteniendo. En los días de hambre…”. Siempre sencilla: “No tengo más que amor y canto”.
La Primera Dama de la Canción nació en Newport News el 25 de abril de 1917 y moriría el 15 de junio de 1996 en Beverly Hills, a los 79 años.