Se busca “democratizar” los espacios, dice el Instituto Sonorense de la Cultura del gobierno del morenista Alfonso Durazo. Rescatan el mobiliario que se pudo sacar, ante la premura de la orden, dice Miguel Mancillas, director del centro al que acuden bailarines de otros estados para su formación, por su nivel artístico y porque es gratuito
Junio 04, 2025

Yanireth Israde / Erika P. Bucio / Agencia Reforma
Ciudad de México
La compañía Antares Danza Contemporánea, una de las agrupaciones más representativas de Sonora, quizá la de mayor proyección, ha sido desalojada del espacio que ocupaba desde hace 40 años en la Casa de Cultura de Hermosillo.
A través de una carta pública, respaldada a la fecha por más de mil firmas, integrantes de la comunidad cultural demandan al Instituto Sonorense de Cultura (ISC) revertir esta medida.
“Hoy (el lunes), la compañía enfrenta una orden de desalojo por parte del ISC, entidad que, lejos de generar condiciones propicias para el desarrollo de las artes, responde de manera abrupta a una cadena de solicitudes poco transparentes y sin un proceso claro, con la intención de retirar del espacio de trabajo a una de las compañías más emblemáticas y consistentes del norte del país.
“Exigimos a las autoridades competentes atender este asunto con urgencia. Antares tiene proyectos de largo aliento –anuales y bianuales– en marcha, cuya interrupción comprometería gravemente su continuidad y desarrollo”, se lee en la carta dirigida al gobernador de Sonora, Alfonso Durazo Montaño, de Morena; a la secretaria de Cultura federal, Claudia Curiel de Icaza; al coordinador de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), Alonso Alarcón Múgica, y a la directora del Instituto Sonorense de Cultura, Guadalupe Aldaco Encinas.
Los firmantes reconocen a Antares, con sede en Hermosillo y con 38 años de trayectoria, como una “fuerza vital” para la danza contemporánea en el noroeste, con impacto en el ámbito nacional e internacional.
“Su labor sostenida ha sido posible gracias a la entrega y disciplina de quienes día a día practican este exigente arte”.
Señalan que los creadores de artes escénicas en México requieren constantemente espacios adecuados para sus actividades, entre ellas entrenamiento, creación, laboratorios, producción y ensayo.
“Estos procesos exigen instalaciones con condiciones mínimas de seguridad y funcionalidad para el trabajo corporal. Antares no es la excepción”, puntualizan.
Destacan el componente social y educativo del trabajo de la compañía, que ha efectuado funciones y charlas didácticas en escuelas públicas, comunidades de escasos recursos, centros de rehablitación, centros de reinserción social y otros sectores vulnerables.
Además, la compañía ha llevado su trabajo dancístico a escenarios de Estados Unidos, Canadá, Ecuador, Costa Rica, Venezuela, Colombia, España, Italia e India, entre otros países.
El desalojo de Antares fue
“para democratizar” el espacio, dice Cultura de Sonora
Tras el desalojo de la compañía Antares Danza Contemporánea de la Casa de Cultura de Hermosillo, el Instituto Sonorense de Cultura justificó la decisión argumentando que es “para democratizar” el uso de los salones de danza.
En un comunicado, este martes se informó que los espacios operarán “bajo un esquema de uso compartido y calendarizado” con acceso equitativo de todos los grupos artísticos.
El ISC propone hacerlo a través de una convocatoria abierta a todas las compañías, incluida la propia Antares Danza Contemporánea, cuyo director es Miguel Mancillas.
Aclara que la coordinación de Casas de la Cultura asignará el uso de los salones con “base en criterios de disponibilidad y aprovechamiento justo”.
El ISC sostiene que Antares Danza Contemporánea ha utilizado el salón Beatriz Juvera de “forma exclusiva durante 38 años” y desde noviembre pasado, se le propuso seguir con su labor pero “en condiciones compartidas” como el resto de los grupos.
Reitera que que no se busca excluir a nadie, sino promover un uso más equitativo y plural de los espacios culturales.
Pondera Mancillas el
trabajo de Antares
Durante 40 años, el Salón de Danza Beatriz Juvera de la Casa de la Cultura de Hermosillo, en Sonora, fue más que un espacio de ensayo para la compañía Antares.
Fue testigo de la evolución de la danza contemporánea en la entidad y de la formación de cientos de jóvenes, con el esfuerzo del coreógrafo Miguel Mancillas, su director.
Pero esa historia cambio: el pasado 19 de mayo, el Instituto Sonorense de Cultura (ISC) le notificó a la agrupación que tenía cinco días para desalojar el salón, tiempo insuficiente para desmontar sus herramientas de trabajo dancístico.
El viernes 30, Mancillas, finalmente, sacó lo que pudo.
El salón “no era mío, pero lo cuidamos enormemente”, dice el coreógrafo en entrevista. “Lo acondicionamos, lo manteníamos, lo abrimos a la comunidad”.
El espacio, originalmente un taller de cerámica, fue adaptado paulatinamente por el grupo para convertirlo en un sitio funcional para la danza: se levantó el techo, se colocaron espejos, piso, cortinas y luces.
Todo fue gestionado desde la independencia, sin estructura administrativa, sin subsidios permanentes más allá de los recursos que Antares gestiona año con año.
Al inicio, en 1987, cuando el espacio aún no pertenecía todavía al ISC, la compañía funcionaba bajo acuerdos verbales, sin contrato ni comodato, con la dirección de la Casa de la Cultura: a cambio de clases y apoyar los proyectos, se le permitía su uso.
Ya con el Instituto, estos acuerdos verbales continuaron.
“Cada administración renovaba el compromiso. Presentábamos nuestro proyecto, mostraban interés, y seguíamos trabajando”, resume Mancillas.
Todo parecía ir bien con la administración estatal; llevaban 3 años colaborando, hasta que vino la orden de desalojo.
En sus razones, el gobierno de Alfonso Durazo adujo en un comunicado la “democratización de los espacios”, e informó que se planea una convocatoria abierta para la utilización de los salones de danza bajo un “esquema de uso compartido y calendarizado”, con acceso a todos los grupos.
Para Mancillas, sin embargo, el acceso irrestricto ha sido siempre la esencia del proyecto.
“Nuestro salón ha sido de puertas abiertas. La comunidad ha entrado, se ha formado, ha compartido con artistas nacionales e internacionales”.
Lo que no resulta viable, explica, es operar bajo horarios fragmentados o uso temporal.
“No puedo desarrollar un método de entrenamiento, comprometerme con resultados, si no tengo continuidad. Hay niveles distintos de formación, procesos creativos largos, compromisos con instituciones educativas y con la federación”.
El Núcleo Antares, brazo académico de la compañía que funciona desde hace más de 20 años, ha ofrecido formación gratuita a bailarines de Sonora, Baja California, Sinaloa y la Ciudad de México, que no pueden pueden pagar una academia privada.
Según Mancillas, este es el proyecto más afectado ante el desalojo.
“A mí me abrieron el espacio Isabel Hernández y Xavier Francis en la Ciudad de México para que tomara clases, y no me cobraron. Si no hubiera sido por eso, habría sido imposible” que se desarrollara como artista, comparte el coreógrafo, quien buscó replicar la oportunidad para otros jóvenes.
A pesar de los intentos por convencer de que se le permitiera terminar el semestre, la respuesta del ISC fue tajante: debía dejar el espacio.
Y aunque el coreógrafo no busca confrontar, sí pide respeto: “Merecemos ser escuchados”.
No se trata de un capricho personal, ataja, sino de proteger un proyecto colectivo.
Por la solidaridad de academias locales, Antares consiguió un espacio provisional para concluir su semestre y el curso de verano, pero el futuro es incierto respecto a los compromisos hasta 2026: talleres, clases, invitados.
Uno de los argumentos dados por las autoridades estatales es que más agrupaciones necesitaban espacio, que ahora se otorgarán con base en criterios “de disponibilidad y aprovechamiento justo.
“Si hay otros salones disponibles, ¿por qué específicamente tiene que ser ese?”, señala Mancillas.
Su tono no es de reclamo sino con el ánimo de resolver: “Yo creo en el diálogo. Nunca me he impuesto. Pero sí creo que los resultados de Antares han beneficiado a Sonora. Nuestra permanencia no fue privilegio, fue consecuencia de trabajo”.