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Viernes 07 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Cultura  

Fallece el dramaturgo Carlos Barreto Niño, impulsor del teatro en Guerrero

El deceso del creador del concepto Teatro mínimo ocurrió en la Ciudad de México. El también investigador tenía 88 años y fue víctima del cáncer

Óscar Ricardo Muñoz Cano

Enero 18, 2018

La mañana de ayer en la Ciudad de México murió a causa del cáncer el dramaturgo mexicano Carlos Barreto Niño, quien desarrollara por muchos años una labor importante en Guerrero, principalmente en la docencia y en la investigación teatral.
Tenía 88 años y sus restos serán cremados este jueves por la tarde en la Ciudad de México, donde residía desde hace año y medio.
Carlos Barreto Niño, fundador del concepto de Teatro mínimo y que radicó en Acapulco desde hace más de 20 años, nació en Guadalajara en 1930, siendo a los siete años de edad cuando conoció al teatro, del que aseguró, se enamoró.
“Cuando vi mi primera obra de teatro, me dio terror. La rechacé pero fue como protegerme por esta atracción por el teatro. Me desalentó y me atrajo al mismo tiempo”, relataba a El Sur en una entrevista con motivo al homenaje que se le rendía en marzo de 2013 durante las actividades del Día Mundial del Teatro, en el Centro Cultural Domingo Soler.
En dicha entrevista publicada el 5 de abril de ese mismo año, recordaba que, desilusionado de la vida familiar, huyó de su casa a los 13 años, sintiendo que la familia no era un fin en sí y que se podía encontrar fraternidad en otras partes incluso, en una en una comuna hippie “socialista, no marxista” como él la llamó, en la sierra mixteca.
Así, y partir de una serie de actividades con un grupo de teatro en la Casa de la Cultura de Michoacán, fue que posteriormente se acercó a la Escuela de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, donde cursó la carrera de Dramaturgia con otros grandes como Héctor Bonilla, Martha Verduzco o Sergio Jiménez.
Además, también fue integrante del grupo Teatro 61, dirigido y fundado por Héctor Mendoza, cuyas reuniones se hacían en la Casa del Lago, en Chapultepec.
Fue a partir de 1982 que desarrolló una ininterrumpida carrera en Guerrero dentro de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), ya sea como docente o como investigador, incorporándose también a la Casa de la Cultura de la Zona Sur.
Del mismo modo, trabajó como tallerista e incluso como jurado teatral en las Jornadas Alarconianas, de 2004, por ejemplo.
Desde 1991 radicó en el puerto de Acapulco, donde fue parte del Consejo de Cultura durante el trienio de Félix Salgado Macedonio e incluso, parte del grupo de creadores que, en un hecho sin precedentes, tomaron las instalaciones del otrora Instituto Guerrerense de la Cultura, dirigido por Hubert de la Vega, para exigir el pago de unas becas a las que tenían derecho (El Sur, edición del 10 de marzo, 2005).
Antes, habría de formar parte del taller literario Alebrije, rindiéndole un homenaje en 2002 dentro del extinto encuentro de escritores El Sur existe… a pesar de todo.
Barreto Niño fue autor de varias obras teatrales y de poesía como El hombre nixtamal o Ecce Homo, así como del Manual de arte dramático, libro de consejos para actores salpicado de consideraciones personales sobre el teatro, publicado en 2009.
También, fue creador en 1965 del concepto Teatro mínimo o Close Up, que inspirado en el teatro kabuki japonés, se caracterizó por sus obras de corta duración y de gran contenido crítico, así como por su cercanía con el público.
De hecho, en aquellos años montó un café teatro en la Ciudad de México, donde experimentó con borrar los límites entre espectadores y actores.
El maestro Barreto, como amigos y  alumnos lo llamaron, aseguraba que el teatro es un proceso, un auxiliar, a una forma diferente de enseñar que se genera en la lucha entre la pasión y la razón.
Además, que si el teatro no incluía el tema social, no tenía razón de ser.

Un luchador social

Aventurero, marxista, hippie, teatrista, docente. Ninguno de estos términos es suficiente para describirlo, sin embargo, todos son ciertos; la constante, el teatro y la lucha contra la injusticia social, que, para él, van de la mano.
“La noción de justicia siempre ha sido el motor en mi vida literaria y personal. Soy un luchador social, un luchador comprometido”, declaraba en aquella entrevista de 2013, y donde además lamentaba que la sociedad actual estuviera enferma.
“En la naturaleza nada es gratuito, todo tiene causa y efecto. La sociedad es un cuerpo en el que todos tenemos una función y está enfermo, de desnutrición, de odio, de cosas que afectan a la naturaleza. Esto es puro nihilismo, estamos por caer en la órbita del individualismo con la figura del campeón, del ganador. El hombre moderno ha perdido esta capacidad a percibir porque está enfrascado en sus cosas”.
Ante ello, entonces reflexionaba que “la vida es cortita pero la existencia es eterna, nunca termina uno de existir, por eso la fraternidad es como un siempre existir, la mejor de las opciones”.