Logró el Premio Cervantes, el más importante de las letras españolas, en 2014, luego de declarar su despedida de la escritura de ficción
Staff / Santiago Gamboa / Agencia ReformaCiudad de México
Junio 05, 2017

El escritor Juan Goytisolo murió ayer a los 86 años en Marrakech, Marruecos, informó la agencia literaria Balcells.
En 2014, seis años después de despedirse de la ficción, obtuvo el Premio Cervantes, el más importante de las letras en español. El novelista barcelonés, uno de los autores más cervantinos de la literatura española reciente, lo recibió en Alcalá de Henares.
Desde 1997 se instaló en Marrakech con la familia de su amigo y ex pareja Abdelhadi. Anteriormente, entre 1956 y 1969, vivió exiliado en París.
Debutante como narrador en los años de la literatura social de posguerra –su primera novela, Juegos de manos, es de 1954–, Goytisolo siempre estableció una relación directa entre su abandono del realismo y la asunción de su homosexualidad. A contar esa evolución personal, remontándose a la infancia, consagró en los años 80 del siglo pasado dos magistrales libros autobiográficos: Coto vedado y En los reinos de taifa.
El verdadero parteaguas de su obra es, sin embargo, una novela prohibida en España hasta la muerte de Franco cuyo título provisional salió de un verso de Luis Cernuda, referente intelectual de Goytisolo junto a autores como José María Blanco White o Américo Castro: Mejor la destrucción, el fuego.
El libro se publicó en México en 1966 con un título que haría fortuna: Señas de identidad.
Goytisolo: escritor íntegro’
En una ocasión Carlos Fuentes dijo que cada año, cuando le pedían enviar sus tres postulados al premio (Cervantes) en orden descendente, siempre enviaba la misma carta: “1- Juan Goytisolo. 2- Juan Goytisolo. 3- Juan Goytisolo”. Fuentes murió sin ver que sus recomendaciones, al final, llegaran a buen puerto.
Conocí a Goytisolo en París, en 1991, gracias a su traductor al árabe Kadim Jihad, quien me llevó a su casa en la Rue des Poissonieres. Mi agitación fue grande, pues lo admiraba mucho y había leído toda su obra. Me parecía un ejemplo de escritor e intelectual íntegro, que se movía con fluidez no sólo a lo largo de todo el mundo intelectual hispano y latinoamericano, sino también europeo.
Esta charla inédita fue grabada en París, hacia finales de los años 90. Se presenta en exclusiva un extracto de la misma para la versión impresa de Reforma.
–Usted presenta en Paisajes después de la batalla una ciudad, París, invadida por el extranjero, fantápolis, ciudad meteca, que nos pone ante un tema de actualidad, el tema de las fronteras de Europa y del mundo que se queda detrás de esa muralla de privilegios y riqueza. ¿Cuál es su visión sobre este aspecto?
–Poco antes de que España entrara en el Mercado Común, yo dije que si entrábamos en la Europa de los Derechos del Hombre y de las tradiciones del Humanismo, me parecía estupendo; si era entrar en un club de países ricos con derecho reservado de admisión, me parecía lamentable. Es justamente lo que se ha visto con los últimos trastornos que se han producido, esta noción de Europa-fortaleza cuyos límites varían. Por ejemplo, con el desastre que ocurrió en Yugoslavia, vimos que figuras como Milan Kundera quisieron rescatar a Eslovenia y a Croacia diciendo que al fin y al cabo pertenecieron al Imperio austro-húngaro, y, por lo tanto, que son como nosotros, y rechazan a los demás, las tinieblas exteriores de una Europa periférica, balcánica, salvaje, etc. Pero es muy curioso que esta gente que condena lo que hicieron los serbios en Croacia, no haya dicho una sola palabra sobre la persecución que hicieron los mismos serbios contra los albaneses de Kosovo, prohibiéndoles su lengua, sus costumbres, etc. En fin, que te das cuenta de que sí hay como una Europa buena, culta, civilizada y que hay que salvar, y otra Europa periférica que podemos decir que es rechazada. Y no hablemos ya de fuera de nuestras fronteras, lo que ocurre con la xenofobia, el racismo, los pogromos que se están haciendo contra los gitanos en la totalidad de Europa, en fin, es el retorno de un nazismo absolutamente horroroso.
–Usted afirma que el racismo es más grave que las violaciones de los derechos humanos por parte de dictaduras o regímenes injustos.
–Los abusos de poder se pueden corregir. En España tenemos la prueba: había una dictadura que cometía unos abusos de poder inadmisibles. Pero luego hubo un cambio político y estos abusos disminuyeron de forma considerable. No digo que hayan desaparecido, pero sí han disminuido. Es una sociedad donde, en principio, se respetan los derechos fundamentales del ser humano. El racismo en Europa es incurable.
–¿Cree usted que esta situación obliga a los intelectuales a tomar posiciones activas, como se hizo en los años 60?
–Yo no sé que impacto puede tener la simple voz de la razón en este momento. Es un hecho que la izquierda está en estado de delicuescencia, y esto ha supuesto el fin de la hipoteca que pesaba sobre muchos de nosotros de saber que el remedio que se proponía a los males era peor que la enfermedad, y con esto me refiero al llamado socialismo real… Yo creo que ahora, al haber un sistema único, un imperio único, los males son tan claros y tan evidentes que yo por lo menos me he radicalizado totalmente.