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Leo Matiz fundó la primera galería de arte en Acapulco, recuerda su hijo

Esteban Matiz creció con la certeza de que su padre había muerto en el atentado que culminó con el asesinato del conde sueco Folke Bernadotte, mediador en la guerra árabe-israelí de 1948, dice

Yanireth Israde / Agencia ReformaCiudad de México

Junio 22, 2017

Esteban Matiz, primogénito del fotógrafo colombiano Leo Matiz, creció con la certeza de que su padre había muerto en el atentado que culminó con el asesinato del conde sueco Folke Bernadotte, mediador en la guerra árabe-israelí de 1948.
Hasta que se enteró, a los 54 años, que su padre no murió entonces en Jerusalén, sino en Bogotá, 50 años después, como una celebridad, según la reseña de una nota del New York Times, que anunciaba una gran exposición en Westwood Gallery.
“Fue un shock tremendo. Varios de sus amigos lo creían muerto. El shock fue aún mayor para mi mamá”, cuenta.
Leo Matiz perdió en 1978 el ojo izquierdo en un asalto; comparaba su dolor físico con el que sintió al desprenderse de su hijo Esteban, nacido en 1947 de su relación con la escritora y galerista francesa Edith Collière, también conocida como Edith Green. Los presentaron en una de las fiestas organizadas por Frida Kahlo y Diego Rivera y se casaron en Cuernavaca, en la casa del pintor José Clemente Orozco, en 1943.
“Algunos años más tarde, (el cantante) Jorge Negrete le escribiría a mi madre una carta donde le decía: ‘Me he enterado que te has casado con ese fotógrafo, pero nunca olvidarás cuánto te quiero’”.
El fotógrafo originario de Aracataca, donde también nació Gabriel García Márquez, perdió el rastro de su esposa y de su hijo cuando debió escapar de México ese mismo año, tras enfrentarse con el muralista David Alfaro Siqueiros, al que reclamó haber usado sus fotos para reproducirlas en su obra pictórica, sin darle crédito.
El Coronelazo respondió con una sentencia de muerte, ordenó quemar el estudio de Matiz y le acusó de trabajar para la CIA.
El fotógrafo buscaba a sus amores; ellos lo daban por muerto. No se encontraron ni cuando Matiz regresó a México en 1997, con su único ojo nublado de cataratas.
Esteban Leonet Matiz Collière, ahijado de Orozco y Dolores del Río, evoca la historia de sus padres al encontrarla borrada de la exhibición que presenta la Fundación Leo Matiz en el Antiguo Colegio de San Ildefonso para conmemorar el centenario del fotógrafo. Leo Matiz, el muralista de la lente, es una muestra que recupera la estancia en México del también caricaturista, pintor y dibujante.
“Me encantaría ser parte de esta historia. No creo justo que borren la historia de mi vida”, añade en entrevista el arquitecto y diseñador de modas, quien escribió un texto para la exposición. La Fundación, encabezada por Alejandra Matiz -hija del fotógrafo y Amparo Caicedo-, decidió no incluirla, señala.
No le interesa reclamar nada a la heredera del creador, a quien conoce, aclara, desde 2001.
“La vida es demasiado corta. Nunca he tratado, no he comenzado y no lo haré. La única cosa que me gustaría es que se reconozca a mis padres”.

De rupturas y reconciliaciones

Prolijo en amoríos, Leo Matiz mantuvo con Collière una relación de rupturas y reconciliaciones, revela Esteban. La siguió a los países donde viajaba. Sólo hasta 1954 se afincó definitivamente en México y abrió la primera galería de arte en Acapulco.
“Mi mamá decía que mi papá le recitaba poesía todo el día. A ella le encantaba eso”, señala al recordar cómo Collière, relacionada con artistas e intelectuales de la época desde 1937, ofreció al fotógrafo un apoyo decisivo en su carrera.
“No podría haber tenido en México una mejor representante que mi madre; el éxito y el despegue de la carrera de Leo en México no habría sido posible sin la intervención de Edith”, enfatiza Esteban.
Otra exposición del fotógrafo será inaugurada próximamente en el Museo del Palacio de Bellas Artes.