EL-SUR

Martes 14 de Julio de 2026

Guerrero, México

Cultura  

Persiste abandono y falta de interés del INAH por vestigios arqueológicos en Guerrero

Contlalco, en la Montaña, con más de 3 mil años de antigüedad, está en riesgo de perderse

Mayo 03, 2025

Vestigio del juego de pelota en Yuu Kivi, Cochoapa el Grande Foto: Cortesía de Jesús Sierra

Martín Equihua / Primera de dos partes

Tlapa

Vestigios arqueológicos del estado, continúan siendo saqueados, derruidos y borrados, ante un Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que se ha convertido, por igual, en inservible testigo de piedra.
Se trata tanto de las antiquísimas pirámides de Contlalco, en Tlapa, en verdadero estado de emergencia; de Piedra Labrada, en la Costa Chica; como de los juegos de pelota de Yuu Kivi, de Cochoapa el Grande; las terrazas de Atlamajalcingo del Río, los restos de Texalco en Chilpancingo o las pinturas rupestres de cuevas como Ocoapa, también en la Montaña, y Oxtotitlán, tanto la de Teloloapan como la de Acatlán, entre muchos otros puntos de incalcuble valor.
Ante la crónica indolencia gubernamental y social, la destrucción de estos sitios amenaza la posibilidad de conocer cuándo, cómo y quiénes fundaron, desarrollaron y abandonaron esos lugares de los que sólo quedan vestigios; si sus templos y espacios cívicos y habitacionales fueron dejados de forma gradual y pacífica o repentina y traumática; o si al abandono siguieron otras ocupaciones, o si los que abandonaron fundaron nuevos asentamientos o simplemente colapsaron y se esfumaron del tiempo y la historia.
Para muestra, un botón en Piedra Labrada, Ometepec, en voz de Jesús Sierra Ribera: “Le pedimos al INAH que por favor, nos ayude a parar el deterioro y que descubra el juego de pelota y las pirámides… confiamos en Dios en que así será… aunque nunca han venido”.
Por lo demás, tampoco se ve por ningún lado organización civil ni movimiento cultural que convoque a proteger e investigar, y, en todo caso, que llame la atención sobre esas sí verdaderas ruinas de Guerrero.
No obstante, hay ciudadanos aislados que cargan el mérito de ser voz en el desierto de esa dejación. Tales son los casos del citado Sierra Ribera, “oriundo, nacido y criado” en Piedra Labrada, en Costa Chica; de Moisés Nava Nava, antropólogo capitalino, activo en redes con cuentas dedicadas a la arqueología guerrerense; y de los montañeros Andrómeda Jiménez Vásquez, ciudadana interesada en la cultura, y Alejandro Morales, promotor y defensor del sitio de Contlalco, con quienes El Sur tuvo entrevistas para esta publicación.
Pocos son los especialistas del tema, entre los que destaca Gerardo Gutiérrez Medina, quien en 2007 publicó el Catálogo de sitios arqueológicos de la Montaña y la Costa Chica, que bien podría ser la investigación más completa para esas regiones.

Un antropólogo en Guerrero

“Lamentablemente no hay interés” de los gobiernos estatal ni municipales con los sitios arqueológicos, al grado que “cuando ocurre un hallazgo, las empresas que trabajan para ellos, como quieren terminar pronto las obras, se pasan por alto el hallazgo, destruyen y siguen, al menos que alguien se entere y proteste”, dice Moisés Nava Nava, antropólogo capitalino egresado de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG).
La cuenta de Facebook Un antropólogo en Guerrero, de Moisés Nava, tiene cerca de 15 mil seguidores y con ella ha contribuido desde su apertura, durante la pandemia de 2020, a que el INAH ponga atención en puntos específicos como el de Texcalco, el que empezaron a lotificar para su venta en ese año.
Se trata del paraje ubicado al oriente de la capital guerrerense, a menos de un kilómetro del Palacio de Gobierno, donde los mandatarios en turno presumen huipiles y camisas bordadas, mientras se llenan la boca con discursos fáciles sobre la riqueza cultural, las manos mágicas de los indígenas y otras frases huecas que esconden el desprecio de siempre por la historia y la cultura.
Reiteradamente, Moisés Nava hace un llamado “urgente” para que el INAH intervenga y no se pierda más, lo poco que queda del juego de pelota, las pirámides y plazas, los petrograbados y grandes terrazas de un sitio, igualmente ubicado a poco menos de dos kilómetros de Ciudad Universitaria de la UAG.
Y aunque Nava Nava está convencido de que no es sólo asunto de gobierno, sino de la sociedad en general, no duda en señalar que el INAH es “una institución rebasada”, pues para atender más de 3 mil 500 sitios registrados en la entidad, “sólo hay tres o cuatro arqueólogos”.
Considera el entrevistado que en el fondo hay una falta de interés generalizado por los vestigios, está una especie de desprecio por lo original, pues “se siente que no hay empatía”, y que a muy pocos, “incluidos los maestros de todos los niveles”, les importa que se descubra, se proteja o se destruya algun sitio.

El INAH, sordo y mudo

Dada la negativa de entrevista de Héctor Romeo Torres Calderón, director estatal del INAH, a no ser hasta quién sabe cuántas semanas despues de haberla solicitado y sólo de manera presencial, no es posible saber con exactitud, cantidad y ubicación de sitios “registrados” oficialmente, como tampoco es posible saber qué proyectos de investigación están activos, cuánto personal y qué tan calificado está para las labores relativas a este patrimonio; cuánto presupuesto ejerce y cuál sería el presupuesto necesario para hacer frente a este universo arqueológico, entre otras preguntas para las que el citado director prefirió quedarse mudo, como de por sí ha estado el INAH ante este escenario.
Y ya es costumbre de este funcionario, que debería entender que la información generada con recursos públicos debe ser pública por definición. La misma negativa ha tenido, por ejemplo, con los promotores de protección de piezas arqueológicas de Piedra Labrada, que lo han buscado sin éxito, en cuando menos cuatro ocasiones recientes.
Y aunque, como dice Nava Nava, “los objetivos del INAH son muy buenos”, la verdad es que su actuación es más bien simbólica, marginal, testimonial, arrogante e inaceptable.

Piedra Labrada y Yuu Kivi

Jesús Sierra es “oriundo, nacido y criado” en Piedra Labrada, y uno de los principales promotores del rescate de la vasta zona arqueológica de su comunidad. Es también, director de Turismo en la actual administración municipal de Ometepec.
Luce esperanzado en que el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) les apruebe su reciente proyecto: Casa Sagrada, Piedra Labrada, con el que pretenden el mínimo resguardo de la multiplicidad de piezas de incalculable valor histórico y cultural.
Al INPI le han soilicitado un millón de pesos, e informa que el gobierno municipal aportaría “un porcentaje” adicional, pero “si primeramente Dios, el INAH nos autoriza”.
Y por eso, “pedimos al INAH que por favor, descubra el principal juego de pelota, el más grande, y las tres pirámides, que deben ser lo más importante de la zona, por favor… y con ayuda de Dios, esperamos que ahora sí nos haga caso”, implora.
En el Catálogo de Gerardo Gutiérrez se hace un recuento amplio del sitio cuyos vestigios se extienden por 49 hectáreas, destacando con honestidad profesional, que “yo pude observar al menos tres montículos grandes… y al poniente otros dos montículos… todos estos saqueados y se han construido casas sobre de ellos”.
También, el doctor en Arqueología, que cuenta con estancia posdoctoral en Harvard, escribió que el principal juego de pelota de Piedra Labrada estaba conservado, con una extensión de más de 50 metros de largo por 10 de ancho, y con sus dos edificios laterales “que miden 40 metros de largo y hasta tres metros de altura”, escribió.
Pero, “lo interesante de este sitio es la docena de esculturas perfectamente labradas con glifos”, a decir del citado Gutiérrez Medina, si bien difiere de que haya sido un sitio zapoteco, ya que resalta su parentesco por “su sistema de escritura”, con los sitios de Xochicalco, Cacaxtla y Teotenango.
En lo que no es más que un tiradero a cielo abierto, pueden apreciarse esculturas con jaguares y serpientes, glifos diversos y personajes antropomorfos, incluido un hombre de crecida joroba.
En realidad no hay un estudio concluyente. Y así como Guitiérrez Medina, hay otros, incluidos aficionados a la arqueología, que ven presencia de diversas culturas y asocian, por ejemplo, la cerámica del lugar con sitios de Huamuxtitlán y del vecino Azoyú.
En la preocupación actual, está claro que “el daño a las piedras en los últimos años es muy grave. Hemos hecho comparaciones con fotografías de hace 15 años, y hay un claro perjuicio servero”, asegura Sierra Ibarra, el también director de Turismo, del municipio costeño.
De lo que se ha hecho desde el ámbito gubernamental para la protección y la conservación del lugar, a donde “el INAH nunca ha venido”, es un apoyo del gobierno estatal, “con pequeñas casitas de galvateja, pero nadamás las hicieron y nunca metieron las piezas… y ahorita esas casitas, pues ya están en el suelo, destruidas”, dice el informante local.
Sin embargo aquí, la población proyecta un extraño sentimiento de orgullo por sus piedras, de lo que es muestra el propio joven Jesús Sierra, quien con satisfacción destaca que “en el último año hemos recibido estudiantes desde preescolar hasta licenciatura”, y eso hace que “nuestra gente esté muy contenta, y sueñe con que Piedra Labrada resurgirá”.
Una de las asociaciones que hacen aficionados, es la de los juegos de pelota de Piedra Labrada y Yuu Kivi, sitio de la Montaña, por la similitud de estilo. Para variar, se trata de un lugar igualmente expuesto al olvido.
Así, el abandonado juego de pelota de Yuu Kivi, ubicado a poco más de tres kilómetros de Cochoapa el Grande (Yoso Ndie’e), guardaría parentesco con la tradición escultórica y arquitectónica de Piedra Labrada.
Yuu Kivi se ubica en una barranca del Río Grande, y es sobresaliente por su arquitectura monumental que incluye plaza central y juego de pelota, en cuyos marcadores con forma de anillo hay esculpidas figuras humanas, y hay registros de que también fue encontrada una cabeza de serpiente finamente labrada. En el complejo hay terrazas de diversos tamaños, pero no hay vestigios de casas habitación, por lo que se cree que sólo fue sitio de algún distinguido gobernante.
De esta forma, la condición de olvido y destrucción de las huellas de este pasado es evidente, y tal vez convenga, como dijeron años atrás en comunidad purépecha, en asamblea que decidió proteger sus vestigios con alambrada, “nosotros aún no comprendemos la importancia de estos lugares, pero hay que protegerlos, a ver si las futuras generaciones les pueden dar más respeto y cariño”.
Guerrero cuenta con al menos 3 mil 500 sitios arqueológicos registrados por el INAH. Algunos mejor cuidados, sin duda, como La Organera o Teopantecuanitlán, pero en general, sobre ellos impera el descuido.
De los universitarios y profesores de educación básica, que luchan por todas las injusticias del mundo, ni hablar de esto. De partidos políticos, órgano legislativo estatal, ayuntamientos, dependencias educativas, cultulares, movimientos ciudadanos… igualmente, ni qué decir, pues brillan por su ausencia para preservar este patrimonio regional y mundial.