Reunirá una importante selección de fotografías, cartas, escritos y materiales de archivo, que permitirán conocer aspectos esenciales de su vida y de su proceso creativo
Agosto 01, 2026

Israel Sánchez / Agencia Reforma
Ciudad de México
En una carta que André Breton dirigió a Pedro Friedeberg en 1963 luego de haber visto su obra, el padre del surrealismo no sólo le reconoció una intención propia de dicho movimiento, sino que destacó su capacidad para crear asombro.
Ahora son sus hijos, Diana y David Friedeberg, así como Carmen Gutiérrez, madre de ambos, quienes a través de distintos esfuerzos e iniciativas buscan que el extravagante universo creativo del artista plástico fallecido a los 90 años en marzo pasado siga cultivando asombros.
“Ellos están asumiendo con enorme compromiso la responsabilidad de proteger y desarrollar su legado”, destacó el jueves la asesora de arte venezolana María Brito, representante de la Fundación Pedro Friedeberg, durante un homenaje al creador italomexicano en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
“Están organizando sus archivos; preservando su casa y su obra; preparando nuevas publicaciones; abriendo el diálogo con curadores e instituciones en todo el mundo, y trabajando para que nuevas generaciones conozcan a Pedro en toda su complejidad”, resaltó Brito.
Al arranque del acto, la titular del INBAL, Alejandra de la Paz, informó que el 10 de octubre se inaugurará una amplia exposición en tres sedes en San Miguel de Allende, donde radicaba Friedeberg: el Centro Cultural Ignacio Ramírez El Nigromante, la Casa del Mayorazgo de la Canal y la Galería Casa Diana, que administra la familia del artista plástico.
“La muestra rendirá homenaje al artista desde la ciudad que fue su hogar por más de dos décadas, y reunirá una importante selección de obra: fotografías, cartas, escritos y materiales de archivo, que permitirán conocer aspectos esenciales de su vida y de su proceso creativo”, detalló la funcionaria.
“Va a haber de todo”, diría luego Diana a los medios, refiriendo que la curaduría estará a cargo del francés Michel Blancsubé, y que en realidad aún está llevándose a cabo la selección de “obra pictórica, escultórica, muebles, cartas Todo”.
Asimismo, relató que al realizar la catalogación de todos sus materiales –esto con la intención de que curadores internacionales y académicos puedan hacer nuevas lecturas de su quehacer artístico– se han encontrado con numerosos bocetos, “algunos terminados, algunos sin terminar”.
“Muchísimos tesoros”, enunció Diana, bióloga de profesión, quien calculó que tales hallazgos ascienden a mil 500.
“Y además estamos en el proceso de abrir el museo en su casa en la Colonia Roma. Entonces, estamos también viendo bien qué de su colección privada (mantener ahí), porque él coleccionaba mucho antigüedades, libros, chunches, de todo; y, obviamente, una selección de su obra también. La biblioteca la queremos también abrir al público”, adelantó.
Minutos antes, la escritora y periodista Guadalupe Loaeza, amiga de Friedeberg, había destacado lo excepcional de esa biblioteca; “no lo van a creer, tenía 25 mil libros en varios idiomas”, apuntó.
Aunado a todo esto, y tal como había adelantado la editora Déborah Holtz al diario Reforma (6/03/2026), Trilce Ediciones alista la publicación de la correspondencia de Friedeberg, con alrededor de 500 misivas que el creador intercambiara con sus amistades.
“Llevamos varios años trabajando, yo te diría que casi tres. Y se hizo una selección muy rigurosa. Hay cartas para todo el mundo; hay cartas de: ‘Te quedó buenísima la lasaña, gracias por invitarme a tu casa’, porque era meticuloso con el agradecimiento a la gente. De todo veía la manera de corresponder; y tiene cartas muy complejas, largas, pero todas ilustradas”, expuso Holtz, fundadora del sello.
“Recibir una carta de mi papá era como recibir una obra de arte”, equiparó Diana.
“Este artista nos dejó una joya de la intimidad: su increíble correspondencia ilustrada; micromundos donde la caligrafía, el dibujo y el juego mental convertían al correo diario en una galería de arte portátil”, consideró, a su vez, Marisol Argüelles, directora del Museo de Arte Moderno (MAM) y moderadora del homenaje.
De acuerdo con Holtz, el volumen estará prologado por el curador, gestor cultural e investigador Mauricio Marcin; “y estamos rezando que podamos conseguir el recurso para ya poderlo imprimir, porque es lo único que nos falta”, compartió la editora.
–¿Ha habido acercamiento con INBAL o Secretaría de Cultura para obtener ese financiamiento?
–No, todavía no. Pero espero. Nosotros primero hacemos y luego averiguamos, porque si lo haces al revés te quedas en la vida sin hacer nada.
Hay mucha obra falsa
A inicios de año, la Fundación Pedro Friedeberg anunció cambios en el programa de certificación de las obras del artista.
Situación que, en principio, no todos sus coleccionistas habrían recibido de la mejor manera.
“No entienden bien la necesidad, si ya tienen un certificado físico, de para qué tienen que ahora sacarlo digital. Y no es una obligación, es una recomendación. Es solamente porque nosotros, justo en esta organización de los archivos, queremos tener las cosas digitales”, justificó Diana, consultada durante el homenaje en Bellas Artes.
“Y, pues, es hacia donde va el mundo. En realidad, creo que la gran mayoría de los artistas en el futuro van a tener certificados digitales. Y también nos ayuda a nosotros a filtrar los falsos, porque si hay mucha obra falsa”, reconoció la bióloga, miembro del Consejo Directivo de la fundación que vela por el legado de su padre.
Por su parte, David, también presente en el homenaje, indicó que hasta el momento han emitido “como 500 certificados”.
“Entonces, ahí vamos. Sí es un trabajo que es muy tardado”, afirmó el hijo del artista, también miembro del Consejo, sin aventurar una cifra sobre los apócrifos en circulación, aunque sí descartó que los haya en colecciones institucionales.
“La verdad, los certificados que estaban hechos a mano, sí hemos encontrado varios que no eran auténticos. Entonces, esto (el certificado con tecnología blockchain) es algo que simplemente no se puede falsificar de ninguna forma. Y la gente está muy feliz de simplemente tener algo que está respaldado por la Fundación y que va a estar ahí por siempre”, agregó.
Este año, la certificación se puede hacer sin costo; “ya el próximo sí vamos a empezar a cobrar”, advirtió Diana.
Evocan su genialidad
En un título como De vacaciones por la vida, Memorias no autorizadas del pintor Pedro Friedeberg (Trilce, 2011), Marisol Argüelles observa una declaración de principios.
“Y es que Pedro Friedeberg no trabajaba. Él vacacionaba en el arte con una imaginación inagotable y un sentido del humor que prefería la risa antes que la autocomplacencia intelectual”, opinó la directora del MAM.
Al evocar a un creador de ese talante, resultaba casi imposible que la Sala Ponce no se llenara de risas.
Sucedió, por ejemplo, cuando a través de un video René Solís, amigo de Friedeberg por casi 80 años, narró cómo aquel creador que ya desde chico mostraba dotes sorprendentes para el dibujo y podía pasar horas dibujando fachadas de iglesias y monumentos, “se dedicó realmente a espantar y asombrar a sus maestros” mientras estudiaba Arquitectura en la Ibero.
“En varias ocasiones expresaron que no sabían si era un genio o un farsante. Esto, por supuesto, desconcertó a sus padres”, contó quien prologara el referido volumen de memorias del artista plástico.
Holtz, por su parte, arribó luciendo una vistosa camisa de poliéster de las que Friedeberg solía mandarse a hacer en el Mercado de Medellín, en la Roma; “ya causé sensación en el baño con dos adolescentes que me dijeron: ‘¡Está padrísima!’”, presumió, orgullosa.
La editora dedicó su intervención a descifrar los numerosos elementos que componen una pieza como Códice Miguelito I, para ofrecer un panorama de la “enciclopédica cabeza” del artista; “esto es casi como echarse un pedacito de la galleta de Alicia en el País de las Maravillas, descender en un túnel y aparecer en un mundo fantástico, que es el mundo de Pedro”, comparó, divertida.
Así, fue mostrando las diferentes referencias religiosas, místicas, científicas, poéticas, filosóficas y culturales que Friedeberg, un obsesionado con la magia y el ocultismo, plasmó en esta pieza. Tantas, que Holtz debió acelerar el paso y resumir: “Yo no sé qué artista ha hecho un cuadro de todo lo que tiene en la cabeza”.
“Lo que sigue en mi vida es que voy a dar cursos del Códice Miguelito”, bromeó la editora, lanzando una risotada. “Voy a hacer una especie de compendio de todo lo que ya sé; pero pensé que era la única manera de que Pedro no me iba a estar viendo con una cara de aburrido, de: ‘Qué espantosidad’. Y ya te aburrí, Pedro, ni modo”.
Finalmente, Loaeza, a su vez, también provocó risas al recordar la generosidad de su amigo.
“Cuando le quería comprar un grabado, me decía: ‘No te preocupes, me lo pagas cuando puedas’. Creo que todavía debo dos. ¡Qué horror! Aquí está Dianita, seguramente me va a hablar por teléfono, no sé, el lunes”, vaciló la autora de Las niñas bien.
“Confieso que lo extraño mucho. Confieso que nunca dejaré de agradecerle su amistad, el privilegio que fue para mí tratarlo, escucharlo, entenderlo, conocerlo mejor. Y, por último, confieso que hoy, como está el país y el mundo, extrañamos como nunca a Pedro Friedeberg, con su humor, su filosofía, pero sobre todo su ternura”, concluyó Loaeza.