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Martes 18 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Cultura  

Presenta Hubert Matiúwàa en la Cdmx la obra con que ganó premio de literatura indígena

Los cantos del joven poeta guerrerense, consecuencia de lo que ha vivido, son bocados crudos: desapariciones forzadas, soldados que violentan a campesinos, niñas que ya no vuelven a casa. “No podemos ser indiferentes a esta violencia. Hay que retratar esto que nos ha pasado, para que exista la memoria y para que no vuelva a ocurrir a los demás”, dice en el Museo de las Culturas Populares

Tatiana MaillardEl Sur / CdMx

Septiembre 02, 2017

Por la calidad literaria de su obra y la pertinencia de los temas que aborda, Hubert Matiúwáa fue galardonado con el Premio de Literaturas Indígenas de América Latina por su poemario Las sombrereras de Tsítsídiin.
Originario de Xilacayota, en Acatepec, municipio localizado en La Montaña de Guerrero, el poeta presentó la noche de ayer la obra ganadora en el Museo de las Culturas Populares de la Ciudad de México, acompañado de la académica y también poeta Rocío González, y del trovador Balam Gardeño.
Nacido en 1986, el joven poeta escribe en lengua me phàa, la cual está emparentada con otros idiomas indígenas que no han sobrevivido al paso del tiempo. Se calcula que en Guerrero aún hablan me phàa unas 100 mil personas.
Matiúwàa aborda temas de injusticia social, la resistencia de las comunidades contra los embates de las mineras y el crimen organizado; la violencia de género y la importancia de la palabra. Pero también habla del mundo onírico y sus pesadillas, de la memoria y los muertos que la habitan, y del sonido de las aves, del fluir del río o el sonido del viento. Las onomatopeyas son parte esencial en su obra.
“Cuando se abre conversación, los abuelos dicen que la palabra se pone en la mesa”, relató Matiúwàa ante medio centenar de personas que asistieron a la presentación de su libro. “La palabra nos permite conocernos. Y cuando escribimos en colectivo, la palabra se hace más bella y fuerte”.
Rocío González, quien fue profesora de Matiúwàa en la Universidad Autónoma de Guerrero, mencionó que hace varios años el joven se acercó a ella para solicitarle que leyera sus poemas.
“Fui dura con él —admitió la mentora—. Lo hice porque él guardaba dentro de sí una multiplicidad de mundos y lo que enseñaba en sus textos era sólo una parte muy pequeña”. Pero, destacó, su alumno no se sintió desanimado sino que, por el contrario, abrió las puertas a esos mundos que mantenía ocultos.
“¿Cómo construyes algo, si no hay esperanza? Tú solo no eres nadie. Somos parte de los otros y los otros son parte de uno”, comentó el poeta premiado al hablar de la colectividad en la escritura. “Son los padres, los hermanos, los amigos quienes nos dan la fuerza”.
Por eso, la desaparición forzada de un integrante de la comunidad destroza el alma del colectivo. Hubert Matiúwàa recitó el poema Piel de tierra, dedicado a Mauricio Ortega Valerio, uno de los 43 normalistas desaparecidos el 26 de septiembre de 2014.
Mauricio, mi voz se hizo nido
el día que te agarraron.
¿Qué no saben que todo lo que te hagan me lo hacen a mí?
Matiúwàa explicó que sus poemas son consecuencia de lo que ha visto y ha vivido. “No podemos ser indiferentes a esta violencia. Hay que retratar esto que nos ha pasado a nosotros, para que exista la memoria y para que no vuelva a ocurrir a los demás”.
Enseguida, compartió también algunos de los poemas que conforman Las sombrereras de Tsísidiin. Sus versos son bocados crudos: desapariciones de infantes, soldados que violentan a los campesinos, niñas que ya no vuelven a casa… y la lista sigue.
“Uno se vuelve responsable con la palabra. La palabra es memoria, pero también es herramienta. La usamos como defensa. Por eso, cuando nos hacemos viejos, nos volvemos más cuidadosos con ella”, se despidió el poeta.