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Lunes 24 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Cultura  

Presos con males siquiátricos exponen en el MODO: “El arte no cura ni hace feliz, cambia”

La exposición La ingravidez y sus proverbios, está conformada por 10 obras —pintura, dibujo e instalación– hechas por 22 alumnos y alumnas recluidos en el Centro Varonil de Readaptación Psicosocial y en el Centro Femenil de Reinserción Social Tepepan

Tatiana MaillardEl Sur / Ciudad de México

Agosto 27, 2017

El arte no salva a nadie. Que el lápiz trace una línea sobre el papel, o que la mezcla de óleos defina una figura sobre la tela, no endereza la conducta, ni hace del individuo una mejor persona.
Y no ocurre, básicamente, porque esa no es la función del arte.
“El arte, como tal, es afirmar que las cosas pueden ser de otra manera”, dice Ricardo Caballero, artista plástico que desde hace 14 años está a cargo de talleres artísticos dirigidos a pacientes siquiátricos de la población recluida en el Centro Varonil de Readaptación Psicosocial (Cevarepsi) y en el Centro Femenil de Reinserción Social Tepepan.
De este trabajo continuo con comunidades en reclusión, se desprende la exposición La ingravidez y sus proverbios, que está conformada por 10 obras —pintura, dibujo e instalación— realizadas por 22 alumnos y alumnas de los dos centros; fue montada en el Museo Objeto del Objeto (MODO) con apoyo de la Fundación Jumex Arte Contemporáneo y la Fundación GIN, y se abrió al público el 24 de agosto.
Esta es la segunda exhibición de esta naturaleza: el año pasado el MODO albergó la muestra Dialogar el exterior, en la que participaron internos del Cevarepsi solamente.
“Existe la idea mal entendida de que el arte es hacer bodegones o paisajes. No. El arte derrumba los procesos en los que todos estamos involucrados —prosigue Caballero—. Una actividad artística no cura, no te hace más feliz, ni te alecciona para ser buena persona, sino que genera un espacio de reflexión, donde te das cuenta de que las cosas pueden ser de otra manera. Y cuando tomas conciencia de eso, algo sucede: cambias. Por supuesto que cambias”.
Nada en esta exposición tiene que ver con bodegones o paisajes. Guiados por Ricardo Caballero, los creadores trabajaron a partir de un eje temático: la elevación. Concepto difícil de asir. “A veces se le vincula con el acto de volar, aun cuando no tiene nada que ver con eso. Es una idea abierta y abstracta, que se presta a muchas interpretaciones”, explica Caballero.
Tantas interpretaciones como lo permite la discusión y el trabajo en los talleres de Caballero. Elevarse es un acto que puede referirse a infinidad de conceptos: desde el ascenso de algo material, hasta la actitud presuntuosa que adopta un individuo. Y sí, a veces también significa volar.
Son 10 escobas rotuladas. Cada una lleva un escrito plasmado por las alumnas del pabellón siquiátrico del Centro Femenil de Reinserción Social Tepepan. Son objetos domésticos, pero a la vez funcionan como epístola.
“Los muros caen”, se lee en una de las escobas. La autora de la frase es una adulta mayor, que al principio no deseaba participar en la muestra. Cuando finalmente aceptó, no habló de lo que se espera comúnmente cuando la vida ocurre en reclusión: no realizó ninguna mención a los cerrojos, a los candados o las rejas. Fue directa y breve como la sentencia de un oráculo que anuncia lo inevitable: “Los muros caen”.
El uso de las escobas deriva de semanas de trabajo con las mujeres de Tepepan; de pensar en conjunto cuáles son los objetos que nos definen y por los que sentimos apego. ¿Cuál es nuestro objeto favorito y por qué?
Se mencionaron las mesas, porque se pueden poner cosas encima de ellas. Se habló de sillas, que son necesarias cuando uno se cansa de estar parado. Una de las alumnas confesó que su objeto favorito era una escoba.
—¿Por qué?
—Porque con ella puedo salir volando de aquí.
¿Qué hay arriba, en las alturas? ¿Qué observan los ojos cuando se eleva el rostro?
Una de las piezas de la exposición es un políptico donde se recrea el paso de las nubes en el cielo. Su título es Relajación. Al observar las nubes, uno se olvida de su condición atada a lo terrenal. Uno se desprende del espacio que lo contiene: los muros de la prisión.
El autor del políptico (pintura, grabado o relieve distribuido en varios paneles que pueden plegarse sobre sí mismos) tiene talento para el dibujo. Que una persona tenga un don especial para el dibujo es algo que Ricardo Caballero pone en duda: “Todos sabemos dibujar”, considera. Pero el hombre del políptico dibuja muy bien, innegablemente. Por eso sus compañeros le pagan para que haga retratos de ellos.
“Una cosa es el trabajo que le encargan y por el que esta persona gana dinero. Otra cosa es el trabajo que habla de él mismo —dice Caballero—. Eso es lo que a mí me interesa: que la gente desarrolle un trabajo propio. No se tiene que dibujar como Salvador Dalí o como Pablo Picasso para entender que cada individuo tiene intereses y desempeños plásticos que le pertenecen de forma muy personal”.
Descubrir esos códigos plásticos, desarrollar formas estéticas que hablen de los intereses individuales, es también elevación.
Existe la idea de que hay un vínculo entre la genialidad artística y la locura.
“Eso no es verdad”, sentencia Caballero. Hay casos, sí, donde la enfermedad mental deriva en un desempeño artístico o creativo. Pero no todos los genios padecen algún tipo de locura, y no todos los locos son genios artísticos.
En principio, los autores que participan en La ingravidez y sus proverbios no conciben lo que hacen como obras de arte. No pintan ni dibujan ni realizan arte objeto con ese concepto en la cabeza.
Dice Caballero: “Ellos hacen las cosas porque las necesitan. Existe un juicio paralelo que legitima o descalifica lo que es una obra de arte. Yo no digo que todo lo que se expondrá en el MODO sea arte, sin embargo, se acerca mucho, porque genera una discusión sobre los objetos, las piezas y los personajes”.
Hay varios caminos desde los cuales el espectador se puede acercar a una exposición de esta naturaleza. “Uno es el morbo por las historias al interior de un centro de reclusión. Otra es la visión asistencialista que concibe a los internos como gente por la que hay que sentir lástima y, por ende, ayudarla”.
Pero también se puede acercar desde la comprensión de que, aquello que se muestra, es el resultado de pensar las cosas desde otra perspectiva: no desde la prisión ni desde la enfermedad, sino desde la reflexión y el desarrollo de un lenguaje plástico propio.
Museo MODO: Colima 145, colonia Roma Norte, Ciudad de México.
Abierto de martes a domingo, de 10 a 18 horas.
Público 50 pesos. Inapam, estudiantes y maestros 25 pesos. Vecinos 25 pesos. Menores de 12 años gratis.