Su trilogía Hijo de hombre (1960), Yo, el Supremo (1974) y El fiscal (1993), lo ubican como uno de los más relevantes escritores de América
Agencia ProcesoCiudad de México
Julio 17, 2017

Expulsado el 30 de abril de 1982 acusado de profesar ideas “bolcheviques y ultramoscovitas” por el entonces régimen dictatorial de Paraguay, Augusto Roa Bastos (1917-2005), considerado el escritor paraguayo más importante del siglo XX, recibió el jueves un homenaje al cumplirse el centenario de su natalicio, al cual se suman países como Argentina, España, Francia y Portugal.
En diciembre de 2016, el Congreso Nacional declaró el 2017 como el Año del Centenario de Augusto Roa Bastos, y por ello creó una comisión conmemorativa integrada por diversas instituciones paraguayas.
Nacido en Asunción el 13 de junio de 1917, Roa Bastos contó en una entrevista con el semanario Proceso, publicada el 22 de mayo de 1982, que la decisión del gobierno de su país se basaba en su supuesta intención de “adoctrinar a las juventudes del país con dichas ideologías”, pero él aclaró: “A partir del nuevo orden mundial que se estableció en Yalta, se hizo simplemente una nueva distribución de dominio del mundo por parte de las potencias vencedoras. Por supuesto yo como escritor no puedo estar dependiente a ninguna de esas instancias de poder, ni de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) ni de Estados Unidos, desde el momento en que ellos representan una concepción totalitaria de la política al servicio de intereses que no son los de la humanidad.”
El semanario dio a conocer entonces una carta en la cual el narrador respondía a su gobierno y explicaba que, lejos de intentar “adoctrinar” a los jóvenes, él volvía siempre a su país con la idea de ser adoctrinado por la juventud y para nutrirse de su “realidad viva”:
“No he traicionado jamás a mi patria. Ningún poder de la tierra puede pues enajenarme ni cortarme de ella con pena infamante. Procuro honrarla con lo mejor de mi vida y de mi espíritu, sin complacencias, pero tampoco sin complicidades. Más de una vez he rechazado en el extranjero apreciables ventajas materiales y la estabilidad de puestos prestigiosos al precio de la renuncia de mi nacionalidad. Lo que hubiera significado para mí, como para todo ciudadano digno, un tráfico repudiable, la pérdida de todo decoro, el borrón de su identidad, que es el soporte raigal de su vida y destino. No he sido en parte alguna expulsado ni castigado por estas negativas. He venido en cambio al Paraguay esta vez, aparte de lo ya dicho, para inscribir a mi pequeño hijo Francisco en los registros nacionales y legalizar así la única herencia que puedo dejarle. Es bueno que su nacimiento paraguayo esté marcado por esta inicial y aleccionadora vicisitud.”
Roa Bastos falleció el 26 de abril de 2005 en su natal Asunción, aunque vivió más de 40 años desterrado de su patria, en Argentina y Francia. De hecho, se considera que la mayor parte de su obra fue escrita en la ciudad de Buenos Aires. Salió de Paraguay por primera vez en 1947.
Trilogía paraguaya
A lo largo de sus 87 años de vida escribió una vasta obra que incluye narrativa (cuento y novela), poesía, ensayo, teatro, guiones cinematográficos, letras de canciones y colaboraciones periodísticas. Pueden mencionarse entre sus libros Fulgencio Miranda (1941), El trueno entre las hojas (1953), Los pies sobre el agua (1967), El texto cautivo (1990) y Metaforismos (1996).
Destaca lo que la crítica literaria ha llamado la Trilogía Paraguaya, “o sea algo más que una novela y algo menos que la obra entera”, dice Milagros Ezquerro, investigadora de la Universidad de La Sorbona, de París, Francia: Hijo de hombre (1960), Yo, el Supremo (1974) y El fiscal (1993).
La especialista cuenta que la primera vez que aparece la idea de trilogía es en una entrevista que Roa Bastos concedió a principios de 1983 a Rubén Bareiro Saguier, Oliver de León y F. Navarro, publicada con el título La eterna guerra al imposible.