EL-SUR

Sábado 01 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Cultura  

Señala el investigador Antolín Vázquez Valenzuela la discriminación contra el uso del idioma yoreme

El ganador del Premio Nacional de Artes y Literatura 2024 en el campo de las Artes y las Tradiciones Populares critica que en las escuelas se desplacen las lenguas indígenas en favor del español

Junio 11, 2025

Érika P. Buzio / Agencia Reforma

Ciudad de México

Antolín Vázquez Valenzuela tenía casi prohibido por su madre hablar su lengua, el yoreme. Sus razones tuvo: en la primaria, había sufrido duros castigos por no expresarse en español, como el “yori”, el no-indígena.
Era ridiculizada con orejas de burro mientras permanecía postrada bajo el sol desértico, por ejemplo. Y cuando, por temor, se rehusaba a ir a la escuela, era llevada a la fuerza e hincada sobre sal de grano.
Al cabo del segundo año, desertó y se juró nunca más volver, recuerda sobre su madre Vázquez, galardonado con el Premio Nacional de Artes y Literatura 2024 en el campo de las Artes y las Tradiciones Populares.
No quiso que sus hijos sufrieran lo mismo: “Mejor hablen como el yori”, les inculcó.
“Todo eso se debió a este problema que vivimos por el desplazamiento lingüístico, el racismo que había antes hacia las comunidades; ahorita es menos”, expresa en entrevista el hoy promotor de la cultura yoreme, quien aprendió la lengua a pesar de la reticencia de sus padres.
Vázquez, aunque nació en Navojoa, el 2 de septiembre de 1963, fue llevado de inmediato a Júpare, en Huatabampo, uno de los principales centros ceremoniales de su cultura, donde se crió.
La región mayo, o yoreme, se localiza entre la parte norte del estado de Sinaloa y el sur de Sonora.
Recuerda que en la casa familiar se juntaban los amigos de su abuelo a platicar. Mientras hacía bailar el trompo, de niño se entretenía con aquellas historias.
En Júpare fundó el primer centro de cultura indígena en 1985, que años después la comunidad rebautizó en honor de un héroe revolucionario: Blas Mazo. Una casa de adobe para talleres de danza tradicional, música popular, artesanías y de enseñanza del yoreme.
Cada 21 de febrero, Día Internacional de la Lengua Materna, se congrega la gente para escuchar los cantos originarios.
El trabajo de Vázquez honra el significado mismo de la palabra yoreme: quien respeta la tradición, los valores de la cultura y la naturaleza.
De niño, trabajó en el campo como sus padres. Pizcaba el algodón, cortaba ajonjolí y plantaba chile y jitomate. Pero en 1981 fue a capacitarse a Toluca como promotor cultural en una iniciativa de la Dirección General de Culturas Populares (DGCP), que se había creado en el 78 desde la Secretaría de Educación Pública y que después pasó al extinto Conaculta, ahora Secretaría de Cultura.
Durante cinco años trabajó como voluntario en la entidad y después, hasta su jubilación, como investigador.
Es un firme defensor del pueblo yoreme, sus tradiciones, territorio, música y lengua. Ha contribuido a la preservación de las danzas del Venado y Pascolas, y a la conservación de las mariposas de los cuatro espejos, cuyos capullos son utilizados por la comunidad para elaborar los tenábaris utilizados por danzantes en los tobillos.
Aunque se dice halagado por recibir el Premio Nacional, Vázquez jamás ha esperado reconocimientos por su labor.
“Mi gusto por promocionar la cultura yoreme es algo que quiero seguir haciendo porque es parte importante de mí, de mi identidad, del recuerdo de mis antepasados”, dice con satisfacción, después de laborar por más de 40 años en la DGCP, hoy Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas (DGCPIU).
Colaboró con el antropólogo Alejandro Figueroa en el libro Por la tierra y por los santos, Identidad y persistencia cultural entre yaquis y mayos, además de recopilar, junto a María Rosina Carlón, las Alabanzas para ceremoniales mayo y contribuir a la investigación del volumen De plantas, mujeres y salud: Medicina doméstica mayo, de Noemí Bañuelos.
Con ayuda de un mimeógrafo publicó también el boletín informativo bilingüe de las comunidades mayo Et’tejoara, donde se hablaba de las fiestas, la música, la danza y la gastronomía, incluso se trataban problemas comunitarios. Desapareció al ya no tener los medios para seguir imprimiendo.
Vázquez asume como una responsabilidad transmitir los saberes a los más jóvenes y fortalecer su lengua materna, que se ha visto desplazada por el español. De acuerdo con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali) hay 42 mil 600 hablantes de su agrupación lingüística; 7 de cada 10 viven en Sonora y, el resto, en Sinaloa. El 95 por ciento habla también español.
“Todavía no es una lengua muerta, pero en las comunidades de nosotros, ya no se están comunicando mucho en yoreme”, lamenta.
Ante el panorama, desearía que volvieran a organizarse encuentros de música popular en lengua yoreme, interrumpidos por la pandemia. Llegaron a reunir hasta 50 participaciones, y se enorgullece de la manera en que el repertorio creció: ya no solamente se escuchaban los cantos tradicionales, sino nuevas composiciones año tras año.
“Teníamos como lema: ‘cantando también se aprende’”, dice el impulsor de estos cantos populares: “Viera cómo escuchaba en ciertos momentos en un rincón de la comunidad, por allá, a dos o tres niños cantando en lengua yoreme”.
Él mismo, por ejemplo, animó al grupo Matchuk Bemela, exponente del rap, a cantar en su lengua y ya no sólo en español, como lo hacían.
Vázquez es además un gran conocedor de los sones tradicionales, pertenecientes a la vida ceremonial. Unos se tocan con violín y arpa, otros con tambor y flauta en las danzas del Venado y Pascolas.
“El momento del canto en el cual se ejecuta la danza del Venado siempre me llena de orgullo”, comparte. En especial, cuando se escucha el sonido de la jiruquia, instrumento tradicional, un raspador hecho de mezquite o palo de brasil, al momento de la entrada del venado.
En la vida ceremonial es obligatorio comunicarse en lengua mayo, recuerda.
Júpare es un importante núcleo, pero no sólo para la cultura yoreme, sino también para los yaquis.
Sus padres y abuelos, y él mismo desde la niñez, fueron partícipes de las festividades de la localidad, que estos días, precisamente, está de fiesta, celebrando a la Santísima Trinidad. El próximo 14 de junio se congregarán ahí un gran número de feligreses.
“Me atrevo a decirle así: que casi es el único pueblo donde se juntan los yaquis y mayos de Sinaloa, más los mayos de Sonora”, cuenta.
Durante las festividades, los problemas comunitarios, o entre familias, quedan a un lado, lo cual recalca. Él siempre ha dicho que la religiosidad es el principal elemento cohesionador de su pueblo.
“Lo que hago lo hago por convicción comunitaria, por ser parte de una comunidad indígena en la cual crecí”, sentencia, con orgullo.
Vázquez comparte el Premio Nacional en Artes y Tradiciones Populares con la cocinera tradicional Juana Bravo Lázaro, de origen purépecha.