Mario Abner Colina / Agencia Reforma Londres En La Odisea, el héroe Odiseo pide a sus hombres que lo amarren al mástil de su nave. Por más que las sirenas dirijan su canto hacia él, no acudirá a ellas, no sucumbirá a la tentación. Christopher Nolan, director de la nueva adaptación fílmica del poema épico … Continúa leyendo Busca Christopher Nolan evadir la zona de confort en su adaptación de la obra de Homero La Odisea
Julio 13, 2026
Mario Abner Colina / Agencia Reforma
Londres
En La Odisea, el héroe Odiseo pide a sus hombres que lo amarren al mástil de su nave. Por más que las sirenas dirijan su canto hacia él, no acudirá a ellas, no sucumbirá a la tentación.
Christopher Nolan, director de la nueva adaptación fílmica del poema épico de Homero, dice en entrevista que desoye las llamadas de Hollywood que lo llevarían a perderse como artista. No desea calcar la fórmula de sus viejos éxitos ni vivir en una zona de confort.
“El canto de sirena que tienta a los cineastas es la familiaridad”, reflexiona el británico en entrevista. “Cosas que has hecho antes y que funcionaron, y por lo tanto podrías repetir. Eso te haría el camino fácil, pero, intelectualmente, te condena al fracaso, sin duda”.
Su filmografía da fe de ello. Nolan va del thriller al noir, de la ciencia ficción al drama psicológico, del cine de superhéroes al bélico, privilegiando estructuras narrativas complejas y reinterpretando convenciones.
Tras el biofilme Oppenheimer, sobre el creador de la bomba atómica, éxito colosal de taquilla y que le dio dos Oscar, que “superó nuestros sueños más salvajes”, admite, viaja a aguas inexploradas con La Odisea, que estrena el jueves en cines de México.
Se trata del texto fundacional de la literatura occidental. Nadie había acometido el transformar la obra, de casi 3 mil años de antigüedad, “como un moderno blockbuster hollywoodense”, según sus palabras.
Rodó en seis países, con cámaras IMAX y favoreciendo los efectos prácticos ante el CGI. Buscaba tejer una colosal épica, con dioses y monstruos, pero que también se sintiera íntima.
Porque Nolan observa en este mito griego algo más que el atribulado y sinuoso viaje de Odiseo a Ítaca, de 10 años, tras la guerra de Troya. Mira un drama familiar.
“También tenemos una historia de iniciación, una de guerra y pérdida, y, el fondo, una de amor en la mediana edad. Tiene todo eso. Es muy fácil identificarse. Por eso Homero ha perdurado durante miles de años”.
Odiseo (Matt Damon) es “nolaniano”, en el sentido de que su memoria vacila (Memento), lucha por reclamar su identidad (El origen) y está separado de su familia (Interestelar). Lo atormenta su treta del caballo de madera, y todo lo que vino después.
“Hay elementos en él que se encuentran en muchos otros de mis protagonistas”, concede.
Pero también es peculiar. Al estudiar el poema, reparó en un adjetivo en inglés para definir al rey de Ítaca: Wily, astuto, tramposo, manipulador. O sea: alguien moralmente gris, cuyas acciones el público cuestiona.
“En Star Wars, él sería Han Solo, no Luke Skywalker”, dice. “Es difícil poner a un personaje así al centro del escenario y lograr que el público simpatice con él”.
Su solución fue Damon, un actor querido, capaz de arrastrar a la audiencia a viajes increíbles. Pero a su estrella, afirma, lo retó con el rodaje más demandante posible. Fue tan implacable como Poseidón lo fue con Odiseo.
Lo humano no abandona esta película por más que aparezcan ninfas, hechiceras, dioses y gigantes. Para diseñar al temible Cíclope con quien se cruza Odiseo en su epopeya, Nolan reconoce haber pensado en el mexicano Guillermo del Toro.
“De Guillermo aprendí que un monstruo nunca es sólo un monstruo. Esa verdad lo explica todo sobre cómo retratar a una criatura: con significado, peso y sustancia.
“No se trata de sentimentalizar a un monstruo. Se trata, simplemente, de otorgarle individualidad”.