La Orquesta Filarmónica de Acapulco (OFA) estrenó la noche del viernes la Fantasía para violín y orquesta de cuerdas del compositor Marcos Lifshitz y de la mano del violinista Adrian Justus. Dicha obra, con la que inició el segundo concierto de la segunda parte de la temporada en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, “la … Continúa leyendo Estrena la OFA la Fantasía para violín y orquesta de cuerdas de Marcos Lifshitz
Óscar Ricardo Muñoz Cano
Septiembre 03, 2017

La Orquesta Filarmónica de Acapulco (OFA) estrenó la noche del viernes la Fantasía para violín y orquesta de cuerdas del compositor Marcos Lifshitz y de la mano del violinista Adrian Justus.
Dicha obra, con la que inició el segundo concierto de la segunda parte de la temporada en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, “la hice a petición del maestro Adrian Justus (…) y es una pequeña obra que dura seis, siete minutos y al ser una fantasía no tiene una estructura específica”, explicó antes su compositor, quien además es el compositor residente de la OFA.
“No es una sonata, no es un concierto, una fantasía es algo que simplemente como uno va percibiendo la música la va escribiendo y entonces aproveché y como uno no tiene limitaciones al hacer una fantasía me fui por varios estilos, comienza un poco modernista, luego se va un poco impresionista, a un poquito clásico y termina como un huapango muy a la mexicana”, relató.
“Si íbamos a explorar los diferentes estilos de música no podíamos dejar a un lado el tan mexicano huapango”.
Así, el violinista Adrian Justus, invitado especial de la noche, dio inicio con esa obra que además permitió su lucimiento y que gustó al público asistente.
Posteriormente, Justus interpretó dos piezas del compositor y violinista polaco del siglo XIX Henryk Wieniawski: Leyenda y el Concierto para violín Número 2.
La primera, de aire eslavo y enérgico virtuosismo y la segunda, de tres movimientos (Allegro moderato, Andante non tropo (romanza) y Allegro con fuoco – Allegro moderato (a la zíngara)), considerada uno de los más grandes conciertos para violín de la época romántica, lograron arrancar aplausos de pie de las poco más de 500 personas reunidas en el teatro.
Ante ese largo aplauso, el intérprete hubo de ofrecer una pieza más: el Scherzo tarantella del mismo Wieniawski y que sólo logró acentuar el gusto de la gente ante su forma de interpretar.
Luego del intermedio, la orquesta continuó el concierto con la Bacchanale de la ópera del compositor, director de orquesta, organista, pianista y militar francés Camille Saint Saëns estrenada a finales del siglo XIX.
El concierto llegaría a su fin con la interpretación de La Valse, de Maurice Ravel, un gran vals sinfónico compuesto apenas el siglo pasado y que evoca de alguna manera los míticos valses vieneses.