Los directores Laura Mora y Carlos Moreno buscan desmitificar el concepto tradicional del realismo mágico en los nuevos capítulos, los cuales cuentan con el diseño de producción de los mexicanos Eugenio Caballero y Bárbara Enríquez
Agosto 05, 2026

Mauricio Ángel / Agencia Reforma
Ciudad de México
La idea popular del realismo mágico, señala Laura Mora, codirectora de la serie Cien años de soledad, se ilustra siempre con el caso de Mauricio Babilonia y las mariposas amarillas. Pero tiene una trampa.
En el libro de Gabriel García Márquez, el personaje aparece rodeado por aquellos insectos, lo que contrasta con su condición de humilde aprendiz de mecánico de la compañía bananera, quien huele a grasa y aceite. Por ello le niegan vivir libremente su amor con una integrante de la familia Buendía.
“Recordamos las mariposas amarillas, pero no recordamos quién las portaba y qué significaba un personaje como Mauricio Babilonia”, apuntó en entrevista Mora, quien estuvo tanto en la primera parte de la serie como en la segunda, que se estrena este miércoles en Netflix.
Al dirigir los nuevos capítulos que adaptan la novela del colombiano ganador del premio Nobel de Literatura, Mora y Carlos Moreno buscaron no cegarse sólo por las insólitas imágenes que enamoraron al mundo.
Eligieron, también, poner un acento en aquellas páginas que reflejan injusticias, inequidades y verdades incómodas para la humanidad, para darles su justa proporción.
“Hay veces que el término realismo mágico puede ser muy problemático, porque tiende como a una romantización o una cierta infantilización de la obra. Está profundamente anclada en el realismo, pero con una mirada y una posibilidad estética en su relato que lo vuelve poético. La tragedia siempre está mirada con belleza.
“Nos dimos a la tarea de no tener miedo a ese frente de devolverle el carácter político a una obra a la que a veces se intenta despojar de eso, y que esa belleza que trae el realismo mágico sea una belleza poética, que no desvincula el relato de su carácter social”, resaltó Mora.
Los nuevos capítulos de nuevo tienen el diseño de producción de los mexicanos Eugenio Caballero y Bárbara Enríquez.
Presentan la rebeldía del coronel Aureliano Buendía para no someterse ante el mismísimo presidente de Colombia, atentados en las calles que dejan víctimas mortales y la transformación que sufre Macondo por intereses comerciales.
Mora recordó que el García Márquez solía desentenderse del término realismo mágico y prefería nombrarse como un notario de la realidad, un espíritu que la producción honra.
“El realismo mágico tiene mucho que ver con la ironía y con el humor negro, con la metáfora, con la alegoría y no necesariamente con con la palabra ‘mágico’, que ya es un apellido que le llegó después como una forma de tratar de explicarnos a nosotros cómo somos.
“Es una historia de una familia que termina dando un relato de unas proporciones universales y que hoy en día nos revela que estamos viviendo una paradoja de la tragedia que viven esos personajes”, consideró Moreno.
La primera parte de la serie, estrenada en 2024, registró en su primera semana 3.6 millones de visualizaciones, de acuerdo a la plataforma. También logró cinco premios Platino.
Aquello no llevó a confiarse a los directores, quienes tuvieron claro que debían llevar escenas tan complejas como el ascenso de Remedios La Bella, el gran diluvio y el acto final.
Con ello buscan conectar con las audiencias del mundo, a quienes la historia publicada hace 60 años aún tiene mucho por decir.
“En Colombia hemos vivido un ciclo, casi que un bucle, de violencia que no sabemos dónde empezó y dónde terminó. Seguimos ahí, no logramos escapar de esa repetición por la incapacidad de mirarnos. Es un buen momento para ver a Macondo como espejo, como colombianos, como latinoamericanos.
“García Márquez tuvo la genialidad para leer el mundo, leer la condición humana, la incapacidad de conectarse con los otros para ser capaces de crear un mundo verdadero donde reconozcamos los errores del pasado en pro de construirnos diferentes en el futuro”, subrayó Mora.
Reivindican el cine de autor
La apreciación del cine de autor desde la pandemia, observa el cineasta Luis Miñarro, es menor a la que había antes, algo que cree ha impactado en la complejidad de las películas.
Entre los comentarios que se ha encontrado sobre su película más reciente, Emergency Exit, es que es fragmentaria, como si eso dejara de ser positivo cuando es así como funciona la mente humana y era algo que imperaba en las cintas de las décadas de los 60 y los 70.
Otro ejemplo para él es el éxito de la película ganadora del Oscar a Película Internacional, Valor Sentimental, la cual, cree, retoma ciertas tradiciones, pero aligeradas.
“No digo que esté mal la película, pero para mí es como un Bergman de supermercado. Le falta la profundidad de una película de los años 60 y esto se considera ya una obra de arte actualmente. En el fondo, a mí me parecen como series reducidas a dos horas.
“Ha ganado Netflix en definitiva. Las películas que tienen éxito actualmente muchas de ellas son como una serie de tres episodios reducida. Eso es preocupante, cada vez hay menos lugar, menos espacio y menos fondos para películas como la de Rita Azevedo Gomes, que se la tiene que hacer ella misma casi”, reflexionó Miñarro, en encuentro con medios.
Aquello le parece un fenómeno generalizado, que también presencia dentro de los festivales fílmicos, en cuyas selecciones percibe que hay una menor exigencia y se vuelven menos innovadores.
“Cannes, que es el gran festival, se nutre de su familia, ¿quiénes son? Kaurismäki, Almodóvar… La competición va a ser siempre de películas de maestros, de acuerdo, pero no sorpresas creativas, que pueden quedar relegadas a otras partes del festival como la quincena de realizadores o la semana de la crítica.
“Hay un énfasis por defender un cine que funcione económicamente en todo el mundo. La función de un festival no tendría que ser esa, esa es la función de los distribuidores”, consideró.
Por ello aplaudió que existan espacios como el Foro Internacional de Cine, que llega a su edición 45. En la Cineteca Nacional estará del 13 al 30 de agosto, mientras que en la Cineteca de las Artes y Chapultepec se realizará del 21 de agosto al 10 de septiembre.
Nelson Carro, director de difusión y programación de la Cineteca, destacó que nunca se fijan un eje para elegir las películas, pero que termina por haber algo que las conecta.