Mario Abner Colina / Agencia Reforma Ciudad de México Duele la actual “voracidad por la tierra” y por su despojo, ya sea en Palestina, en Irán, en los territorios indígenas en Argentina o en Oaxaca, lamentó la cineasta Lucrecia Martel. “La tierra sigue siendo una cosa de disputa en nuestro planeta y nuestra especie”, criticó … Continúa leyendo La cineasta Lucrecia Martel denuncia crímenes de madereras contra comunidades en Oaxaca
Abril 10, 2026
Mario Abner Colina / Agencia Reforma
Ciudad de México
Duele la actual “voracidad por la tierra” y por su despojo, ya sea en Palestina, en Irán, en los territorios indígenas en Argentina o en Oaxaca, lamentó la cineasta Lucrecia Martel.
“La tierra sigue siendo una cosa de disputa en nuestro planeta y nuestra especie”, criticó la realizadora en una conferencia de prensa en la Cineteca Nacional.
“En Oaxaca las (empresas) madereras están asesinando gente y avanzando sobre las comuni-dades. Toda Latinoamérica tiene una deuda enorme. La deuda no es que reconozcamos la cultura. Hay que dar la tierra primero y después todo lo demás”, urgió.
Martel (La Ciénaga, Zama) está de visita en México para promocionar su más reciente película, Nuestra tierra, su primer documental, que ya se encuentra en cartelera de salas nacionales.
Mañana, la celebrada directora, de 59 años recibirá la Medalla Cineteca Nacional por sus méritos cinematográficos.
Nuestra Tierra aborda el juicio en 2018 por el asesinato, en 2009, de Javier Chocobar, líder indígena chuschagasta, por defensa de tierra comunitaria en Tucumán, el norte argentino.
Pero también se expande para exponer la invisibilización de los indígenas en el país, la estigmatización cultural que han sufrido y la apropiación de lo que es suyo.
Martel reconoció que, primero, le atrajo el juicio, cuyo punto pivotal iba a ser el video del asesinato, y eso convertiría el tribunal en una sala del cine, pero también la magnetizaron por los ecos simbólicos del proceso.
Consiguió más de 300 horas de grabaciones de las diferentes etapas del juicio, y pasó más tiempo todavía inmersa al interior de la comunidad chuschagasta, ganándose su confianza.
“Esto habla del mito de la nación argentina, de cómo se había inventado a sí misma, y para desarmar ese mito las herramientas del cine me venían bien”.
La argentina es, con apenas cinco largometrajes, un ícono fílmico en Latinoamérica y una de las mujeres realizador más reputadas del mundo.
Sensorial e inmersiva, su obra, de mirada política, suele meditar en temas como los ecos del colonialismo, el racismo y los privilegios de clase.
Nuestra Tierra, reconoció, ha supuesto sorpresa y dolor en el público argentino, educado para barrer debajo de un tapete la cultura indígena que ayudó a conformar el país.
“La educación argentina se las arregló durante 200 años de nación para que los ciudadanos argentinos no sepamos de la existencia de las comunidades.
“Y agarra a cualquier argentino, pregúntale cuántas lenguas indígenas se hablan en Argentina y 0.2 por ciento te van a dar una respuesta aproximada. Es brutal”.
Hoy, Martel acudirá a una función especial de su nuevo filme en la Cineteca Nacional, sede Xoco, y sostendrá una charla con el público.
Mañana, en la Casa del Lago, tendrá otro encuentro, ahí para abordar su libro Un destino común.
Una nueva etapa
Lucrecia Martel declaró que Nuestra Tierra es la inauguración de una nueva etapa en su carrera, “con más consciencia”, donde pretende hacer una obra más cercanas al público.
“Sentí que mi deber como directora era hacer algún cambio y generar una conexión con el público, que no había logrado, a pesar de que yo pensara que había hecho mis películas con mucha honestidad”.
Antes, reconoció, era solamente vista por un público de clase media, “un poco chic”, que disfruta de los festivales y el cine de arte, pero no había llegado a otras partes.
A pesar de que el filme estrenó en su país en pocas salas, su la asistencia promedio por cada una de ellas “era más alta que una película de Pixar”.