El reconocido director mexicano confesó en entrevista las complejidades de filmar su nueva película, Moscas. A pesar de su experiencia previa retratando la adolescencia en cintas como Temporada de patos y Club Sandwich, el realizador admitió que inicialmente rechazó la ayuda de un entrenador de actuación por soberbia, descubriendo al segundo día de rodaje que dirigir a un infante requiere dinámicas completamente distintas a las de trabajar con adolescentes o actores profesionales
Junio 30, 2026

Mario Abner Colina / Agencia Reforma
Ciudad de México
Referente de las historias de crecimiento que exploran la adolescencia, el director Fernando Eimbcke pensaba que hacer una película con un niño sería fácil. Al hacer Moscas, aceptó que se equivocaba rotundamente.
“Me preguntaron: ‘¿Quieres un acting coach? (entrenador de actuación)’. Y yo en mi soberbia: ‘No, no, no necesito’. Al segundo día hablé y dije: ‘Por favor, ayúdenme’”, recuerda con humor el realizador de Temporada de patos y Club Sandwich.
“Trabajar con un niño es otra cosa”, agrega en entrevista. “No tiene nada que ver con dirigir adolescentes o actores profesionales. No es nada romántico. Tienes que jugar”, dijo durante la premier de la cinta en la Cineteca Nacional.
Y Eimbcke jugó. En el rodaje de Moscas, que ganó el Premio del Jurado Ecuménico en la Berlinale y llega el jueves a cines, acabó, afirma, con el corazón feliz pero las rodillas adoloridas.
Pasó mucho tiempo a la altura de su pequeña estrella, el desconocido Bastian Escobar, un remolino de carisma hallado en un largo proceso de selección. Teresita Sánchez, su otra protagonista, también quedó deslumbrada.
“Yo como adulta ya traigo como ideas, una mente condicionada. Él no, es químicamente puro, entonces no queda más que ponerte al servicio de su ser, de su quehacer, de su brillar”, refiere la actriz.
Rodada en blanco y negro, Moscas es una historia de amor, pérdida y soledad. Dolorosa, pero reconfortante. Se ubica en el multifamiliar Miguel Alemán, frente al Hospital 20 de Noviembre, al sur de la Ciudad de México.
Presenta a Olga (Teresita Sánchez), una irritable jubilada que habita uno de los edificios. Con problemas económicos, decide rentar un cuarto a alguien que tenga un familiar enfermo en el nosocomio.
Su nuevo inquilino, Tulio (Hugo Ramírez), tiene a su esposa en tratamiento por cáncer. Con él está su hijo, Cristian (Escobar), a quien mete como polizón. La presencia del niño, inquieto y travieso, generará tensión con la hosca mujer.
Sin embargo, Cristian despliega una facilidad innata para ganarse el cariño de los demás. El espectador no tardará en presentir que con su encanto derribará todas las defensas de Olga.
“En mi personaje se puede ver una hosquedad, que realmente es miedo, miedo de vivir, de sentir, de estar vulnerable. A mí me parece que Olga es un ser muy, muy conmovedor”, opina Sánchez.
“Y el niño representa la oportunidad de cambiar, de transmutar. De pronto estamos imbuidos en mil cosas, pero al abrir la ventana y ver el sol dices: ‘ésta es la vida’”.
Admirador del minimalismo del japonés Yasujiro Ozu, Eimbcke narra con profunda sencillez la trama. Pero ahora también homenajea a otro maestro, Charles Chaplin, y a su humor profundamente humanista.
Lo “chapliniano” se verá en el deambular de Cristian, por aquí y allá, estableciendo inesperadas pero entrañables conexiones. Necesita ver a su madre, pero en el ala del hospital donde ella está no se permiten niños.
“Lo que me fascina de Chaplin es el melodrama y siempre con este tono de humor. Sus personajes son un vagabundo o un niño que abandona a su mamá. Son melodramones, pero siempre con humor.
“Es una manera de acercarte al dolor de una manera digna, de acercarte a personajes que están pasando por una situación dolorosa”.
Moscas tiene varios paralelismos con Temporada de patos, la ópera prima de Eimbcke, de 2004. Reaparecen el blanco y negro, la ubicación en un multifamiliar y la obsesión por un videojuego.
Cristian se empeña en acabar Cosmic Defender, donde repele un ataque alienígena. Su padre le explicó la enfermedad de su madre con la maquinita, comparando a los extraterrestres invasores con células cancerígenas.
“Yo no jugué videojuegos, pero me fascina la cultura popular. Puedo decir que me gustan los videojuegos, pero por cómo los juega la gente”, explica el realizador.