El empoderamiento femenino, tema de su presentación de anoche ante 20 mil personas
Rodolfo G. Zubieta / Agencia ReformaCiudad de México
Julio 13, 2017

Bajo ese look inocente y delicado que muestra Ariana Grande se esconde una mujer peligrosa.
Con apenas 24 años, la cantante exuda madurez y seguridad ante su joven público, al que lanza mensajes de empoderamiento femenino, tema medular de su último disco y de su gira, Dangerous Woman.
Con esa determinación de diva moderna se plantó anoche ante 20 mil fans en el Palacio de los Deportes, para el primero de dos conciertos.
Con un vestido negro y botas altas del mismo color, y flanqueada por 10 bailarines, Grande aseguró a la audiencia que todo estaría bien al entonar y bailar Be alright, con la que arrancó su show a las 21:42 horas.
Sus fans, en su mayoría niñas y adolescentes de entre 14 y 19 años, varias en grupito o acompañadas de sus papás, se contagiaron de ese “girl power”.
Cantaron, lucieron orejas felinas y de coneja, emularon las coreografías de Everyday y Bad decisions, y se unieron como hermanas sin importar las diferencias.
Justo esa fue la intención del primer acto del show: electrizar a todos.
Esto con ayuda de cañones de humo, una pasarela larga con focos rojos, iluminación tenue y una pantalla LED de fondo.
El segundo acto presentó una etapa más iluminada y repleta de R&B, con atuendos deportivos blancos, que dieron a Grande una actitud más rebelde.
Knew better, Forever boy y One last time, acentuaron la energía de la cantante y de sus fans, quienes se esforzaron por arañar la adultez al comprar cerveza y posar sexis para selfies.
Grande desfiló por el templete hasta llegar a sus “arianators”, saludarlos de mano, mandarles besos y sonreírles.
“¡México, te quiero mucho, te amo mucho! Gracias por el amor que me dan, son muy especiales para mí”, dijo en español e inglés.
Para su tercer acto, más urbano, usó su sex appeal para demostrar que ya no es una niña: junto a sus bailarines y cinco músicos, la cantante se ejercitó en bicicletas de spinning durante Side to side.
Previo a este número, palabras de empoderamiento femenino se dispararon en la pantalla: fuerte, centrada, libre, divina, irreverente, sexual y humana. Así es la actual Ariana y así quiere que sean sus fans.
Para el acto final, la intérprete deslumbró con rayos láser en Love me harder; soltó globos rosas en Sometimes y provocó lágrimas al cantar una versión casi a capella de Somewhere over the rainbow, mientras un moño negro con orejas de conejo se proyectaba en la pantalla en honor a las víctimas del ataque en Manchester.
Para su encore, tras poco más de hora y media de concierto, y dibujando su figura con un atuendo de látex, Grande se despidió de México entre cortinas de humo y luces danzarinas, mientras cantaba Dangerous woman, con la que reforzó la noción de que la mujer finalmente hacía frente a la niña.
Aumentan las medidas de seguridad
Tras el ataque terrorista ocurrido en mayo en Manchester, durante un concierto de Ariana Grande, su equipo de producción aumentó la seguridad para el resto del tour y México no fue la excepción.
Policías de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México con equipo especial anti explosivos vigilaron anoche el concierto que la cantante dio en el Palacio de los Deportes.
Un total de mil 250 policías de diversos agrupamientos de la Policía Metropolitana y la Subsecretaría de Control de Tránsito estuvieron presentes dentro y fuera del recinto.
Para el evento se destinó además la vigilancia especial de seis binomios caninos para detectar cualquier amenaza de bomba.
La mayor valla de seguridad, que incluyó granaderos, se desplegó en el acceso de artistas, ubicado en la puerta 11 del recinto.
Al ingresar los fans se les revisó que no llevaran videocámaras, mochilas de más de 15 centímetros, paraguas y objetos punzocortantes o metálicos.
Debido a las revisiones, el promedio de tiempo de entrada al lugar fue de alrededor de 2 horas de espera, mientras que en otros conciertos no es de más de 20 minutos.