Los grupos vulnerables que llegan a otros países son atacados en aras de la seguridad, lo que “es una escalera hacia el fascismo real”, remarca la directora polaca, que recibió la Medalla Cineteca Nacional y presentó su cinta Green border
Mayo 28, 2025
Mario Abner Colina / Agencia Reforma
Ciudad de México
Las tragedias y pesadillas se parecen, piensa la cineasta Agnieszka Holland, ya sea que las vivan migrantes sirios que buscan alcanzar el sueño europeo o latinoamericanos deportados desde los Estados Unidos.
En ambos casos hay vilificación, deshumanización y un cúmulo de mentiras sobre grupos vulnerables que, lamenta, comienzan a ser admitidas en aras de la seguridad de los países.
“Es una escalera hacia el fascismo real”, reflexiona en entrevista la polaca de 76 años, de visita en la Ciudad de México, donde ayer recibió la Medalla Cineteca Nacional. “Estamos en esa situación. Se están aceptando cosas… los derechos humanos son parte de una sociedad democrática. Parecía que el Holocausto nos había vacunado contra estas cosas, que estaríamos curados, pero no, la vacuna se evaporó. Podemos volver a los lugares más oscuros de nuestra historia”.
Su filme Green border (2023), que se puede ver en la Cineteca Nacional como parte de la Semana del Cine Polaco, expone de manera cruda los tratos de lesa humanidad contra los migrantes en la frontera polaco-bielorrusa.
La pieza en blanco y negro enardeció al entonces gobierno ultraderechista de su país, que acusó a la veterana Holland, una de las voces más importantes del cine europeo reciente, de “hacer propaganda nazi”.
“El molestar al gobierno… eso probó que la película tiene corazón, mostró cosas que no querían que se vieran. ¿Me siento victoriosa? No, porque eso sigue ocurriendo y se incrementa”, deplora.
Las únicas coordenadas de la obra de la realizadora, criada en el seno de una familia intelectual, y quien vivió la Primavera de Praga y el derrumbe del comunismo, son el humanismo y la empatía.
“Para mí sí es una obligación moral tomar una postura con los problemas sociopolíticos. En los artistas y los intelectuales, hay una obligación moral de tratar de entender, de analizar lo que ocurre, de experimentarlo y mostrarlo.
“No debemos olvidar aquello que dijo la filósofa Hannah Arendt: sin empatía nos convertimos en monstruos. Al mismo tiempo, un hombre de hoy, Elon Musk, dice que la empatía es la parte más débil de la sociedad occidental. ¿Qué tipo de civilización se imagina Musk?”.
La originaria de Varsovia se duele, pero considera que el mundo no aprendió nada de la Segunda Guerra Mundial, conflicto de cuyo término se conmemoran 80 años y del que ella se ha ocupado en su cine (Europa Europa, In darkness).
“Incluso tras la caída del comunismo tuvimos unos 30 años de una suerte orden humanístico. Pero con los desafíos modernos, empezamos a volver a caer a esos tiempos del odio nacionalista, del racismo, de un enfoque darwinista hacia los débiles.
“Los políticos de hoy conducen la sociedad creando o creciendo los miedos, el odio, para así manipular y retener el poder”, atiza.
Trump “mataría la industria” del cine con sus aranceles
Por más de cinco décadas, Holland ha forjado su carrera entre Europa y Hollywood, por lo que espera que la idea del presidente Trump de imponer aranceles al cine hecho en el extranjero sea un simple capricho pasajero.
“Mataría la industria, mataría los intercambios culturales. Algo que siempre fortaleció el cine estadunidense fue que recibió a artistas, cineastas de todo el mundo. Y al mismo tiempo que utilizaba otras locaciones, otros talentos fuera de Hollywood, por razones económicas o no.
“Hermana” de Kafka
La realizadora se encuentra en postproducción de Franz, una película biográfica sobre el checo Franz Kafka, escritor de quien se siente emocionalmente como “una hermana secreta”.
“Adapté El proceso a la televisión polaca en los 80. Fue una gran experiencia porque tenía que analizarlo profundamente. Soy pretenciosa con Kafka. Creo que en realidad lo entiendo”.