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Viernes 14 de Junio de 2024

Guerrero, México

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Homenaje al buscador de fosas Mario Vergara

Mario Vergara, El Can de Guerrero que nacionalizó una herramienta para hallar fosas El activista estaba en el principal grupo de búsqueda y rastreo de fosas clandestinas conformado en el colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala que surgió tras el caso de los 43 de Ayotzinapa Alejandro Guerrero Huitzuco El activista Mario Vergara Hernández fue … Continúa leyendo Homenaje al buscador de fosas Mario Vergara

Mayo 20, 2023

Mujeres de los colectivos Unidas Siempre Buscando y Guerreras Buscadoras de Sonora forman un arco con varillas, picos y palas mientras pasa el féretro con el cuerpo del activista en la iglesia de Santiago Apóstol de Huitzuco. En la misa el sacerdote Oscar Mauricio Prudenciano González lo reconoció como “pionero” para motivar y organizar a las familias de desaparecidos y que ayudó a que muchas personas que estaban sepultadas de manera clandestina pudieran ser regresadas a su lugar de origen Foto: Alejandro Guerrero
Decenas de personas, activistas y familiares de víctimas de desaparición participaron en el cortejo fúnebre del buscador de fosas Mario Vergara Hernández la tarde de ayer en calles de Huitzuco antes del sepelio Foto: Alejandro Guerrero

Mario Vergara, El Can de Guerrero que nacionalizó una herramienta para hallar fosas

El activista estaba en el principal grupo de búsqueda y rastreo de fosas clandestinas conformado en el colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala que surgió tras el caso de los 43 de Ayotzinapa

Alejandro Guerrero

Huitzuco

El activista Mario Vergara Hernández fue uno de los Canes, el principal grupo de búsqueda y rastreo de fosas clandestinas conformado en el colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala, inventor del uso de varillas para localizar cuerpos inhumados en fosas clandestinas, herramienta implementada por organizaciones de todo el país en busca de víctimas de este delito.
El actual presidente de Los Otros Desaparecidos, Joel Díaz Díaz, y los hermanos Claro Raúl y Juan Jesús Canaan, los dos últimos militares en retiro, conformaron en el 2015 un grupo compacto y muy efectivo de búsqueda, rastreo y localización de fosas clandestinas, que con el uso de las varillas y el olfato para detectar algún olor a descomposición, les hizo merecedores de ese sobrenombre dentro de la agrupación, “Los Canes”.
Este viernes en el velorio, la misa y el sepelio de Vergara Hernández no se vio a ninguno de sus anteriores compañeros, con quienes en los últimos años se distanció debido a diferencias en los métodos de hacer búsquedas y exigir a las autoridades justicia y labores para encontrar a sus familiares, pues mientras unos se fueron más por la vía institucional, Mario fue rebelde, hacía búsquedas solo sin importar no llevar seguridad policiaca o militar y con pico y pala excavaba, algo que las autoridades siempre han restringido a los colectivos para “no afectar las evidencias”.
Mario Verara logró muchos hallazgos de fosas clandestinas y enseñó a otros colectivos cómo y en dónde buscar. En su natal Huitzuco hizo algunos hallazgos de los que El Sur fue testigo, y su última colaboración la hizo apenas el martes pasado cuando ayudó a la localización de la joven Lesly Martínez Colín, quien llevaba desaparecida desde el 30 de abril en el estado de Morelos.
Simón Carranza, un voluntario que llegó al colectivo y que junto a Mario Vergara logró varios hallazgos de fosas, dijo que se incorporaron a las búsquedas luego de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, y sus primeras actividades en campo se hicieron en Iguala y Cocula, con el dirigente de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), Miguel Ángel Jiménez Blanco.
En declaraciones en el velatorio de Mario en la casa de su madre en la calle Justicia del centro de Huitzuco, Simón contó que en Iguala tuvieron sus primeros hallazgos de fosas clandestinas, y fue que “se destapó todo el panteón (clandestino) en la zona del Maizal”, que es como se le llama en la zona a las cañadas y barrancas en las faldas del cerro Gordo, nombre que le pusieron porque fueron ocupadas parcelas de cultivo de maíz para sepultar a algunas víctimas, lo que obligó a los campesinos a abandonar sus tierras.
Dijo que con Mario encontraron muchas fosas y rescataron a muchas personas en los parajes La Laguna, Maizal y Parotas, así como en Cocula, donde localizaron fosas cerca de la Barranca La Carnicería, sitio en el que fueron hallados fragmentos óseos de dos normalistas de Ayotzinapa.
El uso de las varillas, que con la ayuda de un marro o mazo clavan en la tierra como método rápido para identificar si alguna víctima está sepultada, y que detectaban gracias al olor putrefacto, le evitaba al colectivo hacer muchas veces excavaciones innecesarias, y da certeza en el hallazgo de víctimas.
Mario fue uno de los que llevó lo aprendido con Los Otros Desaparecidos a otros estados del país donde las familias empezaron a organizarse y salir a buscar.
Les enseñó a buscar, rastrear fosas y a “leer  la tierra”: hundimientos, amontonamientos inusuales, variaciones en el tipo de tierra o del color, así como a “cortar el aire”, que es cuando les llegaba un olor a descomposición, y con el viento enseñaron a las familias a seguir el rastro y encontrar de dónde provenía, narra Simón, quien ha colaborado con la Fiscalía de la República en algunas diligencias.
Mencionó que ayudaron a colectivos de familiares de víctimas de desaparición a realizar búsquedas en Tijuana, Baja California, Sinaloa, Michoacán, Morelos y Río Blanco, Veracruz, esta última donde hallaron “cocinas”, que son zonas usadas por los grupos del crimen organizado para desaparecer a sus víctimas con el uso de ácidos, uno de los casos más sonados en los medios de comunicación es de El Pozolero.
Poco antes la muerte de Mario, con el dirigente del colectivo, María Herrera, Miguel Herrera y Simón estaban planeando una búsqueda amplia en comunidades y municipios de Guerrero, pero ya no se concretó.
El activista murió la tarde de este jueves a causa de un accidente en la recicladora de materiales de su familia, luego de que pacas de cartón le cayeron encima a él y a otro trabajador, ocasionándole fractura de cráneo y otras lesiones.
Mario murió una hora después del percance mientras que el otro muchacho de nombre José de Jesús seguía hospitalizado anoche.

Ayudó Mario a que desaparecidos fueran devueltos a su lugar de origen, dicen en misa

Alejandro Guerrero

Huitzuco

Fue “pionero” en motivar y organizar las familias de desaparecidos para realizar sus búsquedas, y ayudó a que los cuerpos de muchas personas que estaban sepultadas en fosas clandestinas pudieran ser regresados a su lugar de origen, destacó el sacerdote Oscar Mauricio Prudenciano González en la misa de cuerpo presente del activista Mario Vergara Hernández, celebrada este viernes en la iglesia de Santiago Apóstol.
Decenas de personas, entre amigos, compañeros, activistas, defensores de derechos humanos y miembros de colectivos de víctimas de desaparición de diferentes estados del país llegaron para dar el pésame a su familia y acompañar a Mario hasta su última morada, el panteón municipal.
Luego de su muerte la tarde del jueves a causa de un accidente en la recicladora de materiales de su familia, hecho en el que un trabajador de nombre José de Jesús resultó herido y hasta el cierre de esta edición seguía internado en el hospital general de Iguala al que fue trasladado, el activista Mario Vergara fue velado desde la noche del mismo día hasta la tarde de ayer en la casa de su madre, en la calle Justicia del centro de Huitzuco.
Un paliacate rojo atado en su cuello, su resortera que siempre traía con él durante sus búsquedas, un morral y un bule de agua acompañaban su cuerpo en la sala de la casa. Ramos y coronas de flores llenaron la sala donde era velado de cuerpo presente en el que permaneció la caja abierta para quien quisiera despedirse de él.
Amigos, familiares y colectivos de víctimas de desaparición llegaron a dar el pésame a la mamá de Mario y su hermana, Mayra, quien fue una de las fundadoras del colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala. Allí se vio a la pequeña hija de Mario, quien quedó en orfandad tras su muerte, pues durante la pandemia por Covid-19, su mamá murió.
Llegaron también colectivos de familiares de desaparecidos que son parte de la Brigada Nacional de Búsqueda y la Red de Enlaces Nacionales, entre ellas Unidas Siempre Buscando y Guerreras Buscadoras de Sonora, y otras que son de Colima, Querétaro, Ciudad de México, Morelos y Tijuana. También llegaron del colectivo María Herrera, de la Brigada Humanitaria Marabunta y se vio al director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Abel Barrera Hernández.
El cortejo fúnebre dejó la casa familiar poco después de las 4 de la tarde, recorrió la calle Justicia, Progreso y Ruffo Figueroa hasta llegar a la iglesia de Santiago Apóstol, donde el féretro de Mario fue recibido por el párroco Óscar Mauricio Prudenciano González, quien también fue una pieza fundamental en la conformación del colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala, pues facilitó las instalaciones de la iglesia de San Gerardo, de la que era el sacerdote, para las reuniones de las familias y su organización. De allí salieron las primeras búsquedas a fosas clandestinas.
Mujeres de los colectivos Unidas Siempre Buscando y Guerreras Buscadoras de Sonora, formaron un arco con varillas, picos y palas por donde pasó el ataúd azul dentro de la iglesia, herramientas que después colocaron encima de la caja como una muestra de gratitud por el activismo realizado por Mario en la localización de fosas y cuerpos, en su lucha por encontrar a su hermano Tomás Vergara, secuestrado y desaparecido en Huitzuco el 5 de julio de 2012.

Fue “un ser humano grande”

Durante un emotivo mensaje en la misa de cuerpo presente realizada a Mario Vergara, el sacerdote Oscar Mauricio dijo que su muerte nos entristece y nos duele, “porque quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y de convivir con él, sabemos la calidad de persona que era, un ser humano grande, sencillo y humilde”.
Lo describió como una persona que siempre tuvo la convicción, la fuerza y la esperanza de ayudar y de hacer el bien, “creo que eso es con lo que nos quedamos todos”.
Recordó que en 2014 junto a su madre y su hermana Mayra, que estaban sentadas en la primera banca frente al sacerdote, Mario llegó a la iglesia de San Gerardo en Iguala para iniciar la búsqueda de su hermano y de los normalistas de Ayotzinapa, “tuve la oportunidad de apoyarles al iniciar todo este movimiento que fue surgiendo cada vez con más fuerza en muchos estados del país”.
Indicó que “Mario fue pionero para animar, ayudar y organizar a las familias de los desaparecidos y encontrar a sus seres queridos. Sabemos que logró encontrar muchas fosas” y muchos restos (humanos), hizo posible que muchos que estaban enterrados en las fosas clandestinas, regresaran a sus lugares de origen. Hoy termina su trabajo, su misión en esta tierra, no pudo encontrar a su hermano, es verdad, pero hay muchas familias que se solidarizan con él”.
Después de la misa, el cortejo siguió su camino hasta el panteón municipal donde fue sepultado el activista en medio de llanto y aplausos.