12 septiembre,2025 6:44 am

Jorge Ibargüengoitia y la herencia de su inmenso True crime

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Adán Ramírez Serret

El jueves 11 de septiembre, ayer, se estrenó la serie Las muertas, de Luis Estrada, el juicio de esta obra pertenece a otro espacio y a otra especialidad, pero, el estreno es un extraordinario motivo para dedicar unas palabras al autor menos solemne, sino del mundo, por ahí andan Martin Amis y Nicanor Parra; sí de la literatura mexicana: Jorge Ibargüengoitia (Guanajuato, 1928-Madrid, 1983).
Autor de una inmensa inteligencia narrativa, dramaturgo en un inicio, con obras como Llegó Margot o Al atentado y quien tuvo mala suerte, mal carácter para las relaciones en el mundo del teatro, por lo que sus obras fueron poco montadas; entonces, en algún momento decidió dar el salto a la novela, lo hizo con Los relámpagos de agosto que fue la adaptación, la conversión de El atentado a la ficción, por decirlo de alguna forma.
Así surgió un nuevo narrador que vino a dar una nueva vida a la ficción mexicana: una que explorara el humor, pues si bien en el género de la poesía ya estaba Salvador Novo y en el teatro Emilio Carballido, Ibargüengoitia dio luz a un nuevo momento en donde la tradición de la mexicanidad tuvo un frente diferente, si no es que opuesto al genial y deslumbrante planteado por Octavio Paz en El laberinto de la soledad en el ensayo y en los poemas en prosa de ¿Águila o sol? en donde aparecía un mexicano perdido en el México profundo del desarraigo y la soledad que Juan Rulfo llevó en la narrativa al cénit.
Por su parte, Ibargüengoitia, sin darle la espalda ni remotamente al México profundo, y descubriendo esa otra parte de la identidad humana y mexicana que es patética, irónica de manera involuntaria y brutalmente graciosa, hizo un nuevo mexicano: divertido y cruel. Punto este, el del humor, por cierto, que no siempre le hizo la vida fácil a Ibargüengoitia en cuanto la asimilación y categorización de su trabajo. Pues el hacer obras divertidas, por no decir hilarantes, le daba la sensación de no ser tratado con la seriedad merecida por la crítica y los premios como se trató a un Fuentes, un Rulfo o un Paz. En una de sus icónicas columnas en el periódico Excelsior contó que una vez la señora que trabajaba en su casa le dijo: “Ay, don Jorge, ¿y cuándo va a escribir una novela en serio?”. A lo que, naturalmente, el autor de Estas ruinas que ves se indignó, pensando, según dijo en la nota, algo como: “Me paso dos años enteros frente a la máquina de escribir, trabajando sin parar, sintiéndome frustrado en muchos momentos por la resolución de la trama y la complejidad de la escritura; pero, como hay humor en mis libros, pareciera que es lo más fácil del mundo”. Pero, por supuesto, resulta completamente lo contrario, eso fácil, eso sencillo, es de manera contundente lo más complicado del mundo.
Ibargüengoitia murió en un ac-cidente aéreo a los 55 años, y sin duda hubiera escrito muchísimos más libros. Con todo, tuvo tiempo para consolidarse como una de las voces más contundentes de la literatura mexicana, con, al mismo tiempo, una profunda influencia en las siguientes generaciones a la vez que es inimitable. Renueva la literatura a la vez que es un momento único. Entre su obra de altísima calidad, hay dos novelas que se encuentran entre mis favoritas: Dos crímenes y Las muertas; la primera una novela policiaca llena de política en plena Guerra Sucia, amor y vueltas de tuerca; y la segunda, un doloroso True crime que en muchos sentidos sigue dialogando con nuestro presente, como un inicio de una tragedia, sin duda, pues la trata de personas, de mujeres en específico, para ser explotadas sexualmente es el asunto central de la novela y la violencia y gravedad del tema de explotación y feminicidios en México son un escándalo. En fin, que en Las muertas Ibargüengoitia retoma el caso de Las Poquianchis, unas hermanas que trataban con mujeres y las explotaban y que el abuso se salió de control y se convirtió en una carnicería.
La novela es una ficción basada en la realidad en donde con base en los hechos leídos en el periódico el autor reconstruye la historia terrible, pero en donde víctimas y victimarios son mexicanos y mexicanas y, por lo tanto, tienen un humor voluntario o involuntario que en la novela se transforma en un deslumbrante humor negro que cuenta sin la mínima solemnidad una historia de terror.

Jorge Ibargüengoitia, Las muertas, Ciudad de México, Joaquín Mortiz, 2025. 185 páginas.