19 diciembre,2023 4:50 am

La bola de cristal

 Efrén E. García Villalvazo

Que no se diga que no se dijo, porque sí se ha dicho. A lo largo de muchos años, muchas veces y de muchas maneras. Con canales de comunicación que van desde los medios impresos con una transición accidentada, pero al final exitosa hacia los medios electrónicos de la actualidad, aunque se ha presentado cierta pérdida de la fidelidad del mensaje a lo largo del camino, pero al fin de cuentas ahí está. El mensaje es: somos parte del problema, somos parte de la solución.

Años van que se anunció que se iban a comenzar a producir puntos de crisis que con el tiempo iban a consolidar lo que sería el nuevo mapa de las condiciones ambientales del planeta, y ya puestos en tema, es un problema que atañe por seguro a todos nosotros. Para ponerlos en términos más humanos y de interés personal, es algo que nos afecta a todos sea cual sea nuestro nivel socio económico, de participación como sociedad, código postal, creencia religiosa o preferencia política o sexual. Esto afecta, como Otis nos ha demostrado, a todos.

En esa bola de cristal que tiene cada uno de los ambientalistas en sus casas es la ventana por la que se asoman para ver el futuro y ver qué es lo que nos depara el mundo ecológico durante los siguientes 20, 30, 100 o más años. Ah, sí, los ambientalistas piensan en periodos de tiempo que rebasan el ciclo de vida de un humano. Y ese es uno de los problemas que enfrentan para comunicar sus mensajes. Al normal de la gente se le hace mucho tiempo 100 años. Desde el punto de vista de la ecología es apenas un suspiro. Resultado: la gente cree que no le va a tocar en “su” periodo de 100 años. Pero a sus hijos y a sus nietos de seguro sí, siendo la parte más difícil de entender, en donde se le da todo y en exceso a los hijos durante su infancia para condenarles a escasez y contaminación durante su futura vida de adultos. “Que no les falte nada”, dirán algunos buenos padres pensando con ilusión en el futuro, pero en su vida adulta de seguro les faltará.

¿Ejemplos? ¡Gracias, huracán Otis, que nos dejaste un gran montón y en todos en el ámbito de la vida diaria de la ciudad! Veamos qué nos deja como herencia este gran maestro.

 

Vegetación y clima

 

En los primeros días de la época post Otis se percibía un calor fuera de lo normal. Como acapulqueños estamos muy acostumbrados a esto, sobre todo en este año que ya se ha declarado como uno de los más calurosos desde que se lleva registro. Sin embargo, este calor era diferente: muy agresivo, la piel picaba, era agotador en extremo caminar a mediodía. Dando tumbos desde el pasado llegaron a mí declaraciones acerca de la afectación que tiene la deforestación del Parque Nacional El Veladero sobre la estabilidad del “microclima” del puerto. Habrá algún estudioso purista que criticará la ligereza con la que califico una condición local como clima, pero es un hecho que corroboré con mucha gente que también sintió el sol “picoso” de una manera que antes no se sentía. Uno de los efectos más impactantes del huracán sobre el territorio fue el haber desprendido todas y cada una de las hojas de todos los árboles al paso del meteoro, tanto de la vegetación en la zona urbana como del mismísimo Veladero y de la isla de La Roqueta. Era una probadita del fin del mundo ver como todos los cerros mostraban ramas y varas que se estiraban hacia el cielo como manos resecas pidiendo ayuda. Y las consecuencias fueron increíbles. Todo el sistema de captura de carbono y de producción de oxígeno y vapor de agua local se detuvo de golpe en la madrugada del 25 de octubre. Vuelvo a repetir: todo. Y entonces, esa ligera y muy mínima capa de vapor emitida por la cubierta vegetal durante el proceso de evapotranspiración se perdió. Se sabe que una parte de la luz solar y en especial la fracción del espectro del ultravioleta es reflejada de regreso al espacio, reduciendo así la radiación que recibe la superficie de la Tierra. Y esta condición se mantuvo durante los primeros días después de la catástrofe en la ciudad. Fuimos miles los que caminamos durante horas en busca de familiares, amigos, agua y comida durante esos primeros días de pesadilla en las calles destrozadas del puerto, todos recibiendo esa radiación UV en cantidades industriales hasta que cayó la primera lluvia. El milagro de la vida se hizo presente al comenzar a brotar de inmediato pequeños manojos verdes de los muñones de las ramas de los árboles sobrevivientes y, como en una gran orquesta, poco a poco se fueron integrando los diferentes ejecutantes y la capa verde comenzó a hacer lo suyo.

La vieja e infalible fotosíntesis comenzó a formar nueva masa vegetal tomando el bióxido de carbono de la atmosfera y teniendo como subproducto el valiosísimo oxígeno y, ahora se ve muy claro, el muy valioso vapor de agua. El calor siguió ahí, pero no tanto, y el picor que provocaba la exposición directa al sol dejó de percibirse. ¿Imaginación mía? Quizá. Pero bien vale la pena investigar acerca de este fenómeno que nos demuestra de manera más que clara lo importante que es la cobertura vegetal de cualquier tipo en todos los ecosistemas. Una prueba más de que el parque nacional El Veladero debe ser intocable por razones obviamente ecológicas y, como ahora sabemos, para la conservación del microclima local y por supuesto para evitar derrumbes hacia las partes media y baja de las cuencas.

 

RSU y fracción orgánica

 

El desempeño de los ecosistemas terrestres y marinos es sumamente frágil. Nuevamente, Otis lo ha dejado claro. Y en temas como el manejo de los residuos sólidos de la ciudad, que es una de las pesadillas no resueltas, con el chicotazo del huracán vino a multiplicarse por cien. Si parecían mucho las 700 o 900 toneladas por día de basura que se recolectan en Acapulco y van –dicen– al relleno sanitario, imaginen lo que son las cantidades extraordinarias de basura que se generaron durante este fenómeno de gigantescas dimensiones. Nos golpean en la cara asuntos que tradicionalmente no se atienden a tiempo y que cuando se presentan fenómenos como tormentas y en este caso huracanes, que en un periodo de horas se desbordan para convertirse en bestias incontrolables con consecuencias económicas desastrosas.

De más está detallar la multitud de puntos en los que ahora se acumula la basura en la ciudad, pues todos los conocemos y durante semanas intercambiamos información con nuestros amigos de donde estaban los montones más grandes y por donde si “había paso”. Gran bronca remover y transportar todo eso para lo que es evidente que se necesita maquinaria y personal especializado con equipo acorde a la tarea; no es suficiente enviar a Jovenes Construyendo el Futuro y sin el equipo y la preparación necesarias.

Sin embargo, hay una parte preventiva que debe ser acogida por la ciudadanía –ahí les hablan– y que es la separación de la fracción orgánica –esa que se pudre, huele mal, escurre porquería y ha producido cantidades ingentes de moscas por todos lados– de la parte inorgánica –fierros, laminas, tablaroca y demás que no se descomponen. Y el Ayuntamiento debería establecer rutas adicionales para recoger de manera exclusiva la fracción orgánica y llevarla de inmediato al sitio de tiro que se esté utilizando para evitar que se pudra y apeste en la zona urbana. Consideremos las ramas y troncos secos por el momento como no urgente para remover y tenemos un sencillo esquema que ayuda a reducir el riesgo de enfermedades que ahora tenemos por permitir que se acumule la basura mezclada en los reconocidos puntos negros de la ciudad. La cal ha servido, pero no es suficiente.

Eduquemos al ciudadano para que separe y embolse por separado estas dos fracciones y presionemos al Ayuntamiento para que arrope esta iniciativa, que seguro mejorará en mucho las condiciones de salud y de imagen de la ciudad.

 

Reordenamiento total o renacimiento

 

Este es a todas luces un gran “reset” de Acapulco como destino turístico. En mi bola de cristal, de modelo especial, alcanzo a ver cómo se perfilan nebulosamente dos escenarios: el número uno, que todo siga como estaba y como iba, y que sabemos y nos hemos quejado, se había vuelto vulgar y poco rentable y en el que se ha perdido desde hace tiempo la búsqueda por la excelencia. El escenario número dos implica casi un renacimiento total del puerto, bajo condiciones de sostenibilidad, y que incluye por supuesto el factor económico y social.

El número dos implica que se recuperen en primer lugar la seguridad en Acapulco y las playas como pivote básico de la economía local, pero con los límites muy objetivos que están muy definidos por su propia Capacidad de Carga y aplicada con una estricta vigilancia en cumplimiento por parte de la autoridad. Un escenario en el que se reconozcan, se conserven y mejoren los cuatro activos más importantes del Acapulco-destino turístico: el agua de mar limpia, la franja de arena limpia, las palmeras –incluida además toda vegetación en general– y el clima. De los tres anteriores tenemos influencia directa y resulta fácil de identificar. Del factor clima quizá no tanto, aunque como ya se ha mencionado, resulta que es un muy eficiente regulador micro-climático que destruimos con la tala de la vegetación forestal.

Extendamos lo anterior desde el punto de vista de ordenamiento para el resto de la ciudad y limpiemos las banquetas principales de las invasiones toleradas de ambulantes que no producen para la ciudad.

Y no permitamos que se pierdan espacios ganados dificultosamente por la ciudadanía de la mano de sus autoridades ambientales, que por lo pronto se ven rebasadas por el ataque potente y continuo de los infractores ambientales, tal como ahora ocurre con la playa Manzanillo, tan duramente ganada de manos de contaminadores recurrentes en su modalidad de astillero rústico y que aprovechando la tragedia náutica de Acapulco han vuelto a invadir con embarcaciones viejas y ahora semi destrozadas la encantadora playa turística en que se había convertido y en la que hasta una tortuga marina visitaba cada semana. Sólo en Acapulco se ve que se tolere un atentado a la naturaleza de esta magnitud y que se permita que estén contaminando con fibra de vidrio tan a la vista de todos después de haber invertido tanto dinero para rescatarla. Es imperdonable.

Gran oportunidad. Única yo diría, de poder desarrollar un destino que en una noche quedó en obra negra o gris en el mejor de los casos. El precio por comenzar de cero ya lo hemos pagado y lo seguiremos pagando en los meses y quizá años subsiguientes. Debemos asegurar entonces que todo se haga en los mejores términos de sostenibilidad para poder recuperar nuestro lugar como destino turístico. Los cuatro activos del puerto ahí siguen, maltratados, pero en pie todavía. Y comencemos todos desde cero dejando atrás viejos hábitos y vicios que ahora sabemos cuestan caros.

La bola de cristal se aclara y señal que este es un camino único.

Twitter: @OceanEfren

 

* El autor es oceanólogo (UABC), ambientalista y asesor pesquero y acuícola. Promotor de la ANP Isla La Roqueta, del Corredor Marino de Conservación del Pacífico Sur Oriental además de impulsor de la recuperación ecológica de la playa Manzanillo.