13 diciembre,2025 6:26 am

La corrupción sindical priista que adoptó la cuatroté

DE NORTE A SUR

Silber Meza

 

Uno de los grandes hoyos de corrupción de este país se halla en las cúpulas sindicales, históricamente vinculadas con los gobiernos priistas. Es claro que el problema no se centra en la clase obrera, en los y las trabajadoras que se afilian a estos órganos en busca de una mejor vida, sino en las personas que dirigen estas estructuras desde lo más alto de la cadena laborista, y desde lo más bajo de las prácticas mafiosas.

Ninguno de los dirigentes sindicales fue un verdadero problema para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y tampoco lo está siendo para el de Claudia Sheinbaum Pardo, al contrario: parece que se están adaptando muy bien a sus prácticas antidemocráticas. En cada uno de los grandes sindicatos de este país existen grupos disidentes que cuentan historias de horror. La periodista Zorayda Gallegos y yo hemos documentado sus corruptelas desde hace más de una década, y con el paso del tiempo hemos visto que las cúspides doradas de las uniones mexicanas no sólo no han sido tocadas o desarmadas, sino que se han fortalecido, se han ensanchando y se han enriquecido.

Víctor Fuentes del Villar, líder del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM) tiene 90 años de vida, 20 años en el cargo y fue reelecto hasta el 2031. Años atrás, le documentamos casas y apartamentos millonarios en Ciudad de México y el Estado de México, o vehículos de alta gama, como un modelo Audi utilizado por los hombres más ricos de países árabes petroleros. Asimismo, hemos mostrado un procedimiento de reclutamiento de personal que lo asemeja con un rey: los aspirantes deben de esperarlo en la calle, afuera de su oficina, a la expectativa de que él se fije en ellas y ellos y logren una oportunidad. El SUTERM tiene como patrón a la Comisión Federal de Electricidad.

Otro caso icónico es el del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), que antes fue dirigido por Carlos Romero Deschamps y después pasó a las manos de Ricardo Aldana. Deschamps fue un ícono de la corrupción sindical de este país, bolsas multimillonarias que gastaba a placer, viajes exóticos de sus hijos por el mundo y desvío de recursos para la campaña presidencial de Francisco Labastida, entre muchos otros escándalos. Cuando llegó López Obrador, solicitó que se le removiera, pero cambió para que no cambiara nada: asumió la mano derecha de Romero Deschamps, Ricardo Aldana, el que se encargaba de las finanzas y del manejo turbio de los dineros, como el del Pemexgate.

Apenas hace unos días, Zorayda Gallegos publicó en El Universal que el sindicato petrolero ha entregado más de 500 millones de pesos a una empresa que tiene la misma representante legal que una firma de los padres y un hijo de Aldana. Y apenas unos días antes, en N+Focus la periodista Alejandra Barriguete publicó que los hijos de Aldana vendieron más de mil 600 millones de pesos en diesel al gobierno federal. Lo increíble de esto es que ahora los hijos de los líderes sindicalistas son empresarios multimillonarios que tienen de cliente al gobierno con el que acuerdan sus padres.

Aldana también se reeligió para el periodo 2025-2030. En el acto de toma de protesta realizado a principios de este año, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, dijo que este sindicato era una organización democrática. La cúpula sindical de los petroleros tiene múltiples denuncias penales de sus agremiados disidentes.

Y lo mismo pasa con otros sindicatos históricos mexicanos alineados al PRI. Pero Morena rápidamente se ha allegado de sus propias estructuras sindicales, que tienen las mismas prácticas que las priistas.

Está, por ejemplo, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), que dirige Martín Esparza. Los trabajadores tenían como patrona a Luz y Fuera del Centro, una compañía que operaba en el centro del país hasta que el expresidente Felipe Calderón la eliminó de un plumazo y generó una crisis que aún tiene consecuencias. El SME ha estado más vinculado al ahora expresidente López Obrador, y tal vez por eso fue la sanción de Calderón. Pero el sindicato mantuvo la lucha y consiguió beneficios que lo han llevado a tener poder económico real. También arrastra una senda de denuncias de corrupción por el manejo de los dineros sindicales.

Pero las peores prácticas sindicalistas dentro del morenismo llegaron con la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), dirigida por el diputado morenista Pedro Haces. La fundó hace 15 años, y desde entonces se ha anclado cerca de Morena, López Obrador y Ricardo Monreal. En Oaxaca ha tenido denuncias diversas por ser una estructura sumamente violenta, pero recientemente se le relaciona con el crimen organizado.

Hace unos días, en Durango, autoridades federales capturaron a Édgar N, alias El Limones, líder en la CATEM Laguna y extorsionador ligado a Los Cabrera, una estructura delictiva que forma parte de la facción de Los Mayos, del Cártel de Sinaloa.

Si el morenismo quiere que este país cambie, indistintamente tiene que pisar callos en el sindicalismo corrupto. Pero no lo ha hecho. ¿Lo hará?