27 abril,2026 5:54 am

La Cuarta Feria del libro en Zihuatanejo

Silvestre Pacheco León

 

Es la primera vez que asisto a una feria del libro en Zihuatanejo, y no por falta de interés en el esfuerzo que hacen las autoridades para fomentar la lectura acercando los libros a los potenciales lectores, sino por la coincidencia de que en otros años en esta temporada suelo ausentarme del puerto.

Ahora llegué al otro día de ser inaugurada su cuarta edición, interesado en conocer alguna innovación en la organización y resultado del evento que contó con el apoyo de la federación por 300 mil pesos.

Era sábado y caminé por la tarde el tramo del Paseo del Pescador que comienza en la Plaza del artista, donde un grupo de niños se entretenían pintando dibujos que algunos promotores de cultura atendían. Aún había sol y frente al museo arqueológico ensayaban muchachas vestidas con trajes tradicionales, se preparaba para una callejoneada caminando hasta la plaza municipal donde el atractivo fue la presencia del contingente colombiano que vino en representación de aquel país para darle el carácter internacional a la fiesta organizada para celebrar al libro.

La cancha de basquetbol convertida en auditorio se transformó luego en pista de baile con la alegría y el ritmo pegajoso del joven acordeonista Jhon Molina, quien se presentó como nieto y heredero musical del legendario Aniceto Molina interpretando las canciones que hicieron famoso al abuelo, como la Cumbia Sampuesana con el acordeón.

En un santiamén se hizo el baile casi generalizado entre los allí reunidos como muestra de una hermandad que se hacía eco con lo que el presidente Gustavo Petro exponía ese día en España, como parte de la llamada Movilización y Democracia Global en la que expuso con claridad el nuevo capítulo de la historia humana donde las relaciones de Estado Nación dice que han llegado a su límite y que ante el ánimo guerrerista del que gobierna como rey el imperio, es menester la movilización de los pueblos para detener la guerra y el empobrecimiento que provoca en el mundo.

La música y la alegría desbordante de los costeños fue el momento más intenso que vivieron dos pueblos de Zihuatanejo y Colombia reunidos bajo el auspicio de la feria del libro al margen de los ocho puestos de libros que llenaron la plaza, con pocos compradores y menos lectores.

La organización del evento privilegió las escuelas de la ciudad y algunas de las poblaciones vecinas donde el procedimiento tradicional para acercar a los jóvenes a la lectura no ha cambiado, pues sin actividades previas para participar en la feria, se continúa confundiendo como éxito la cantidad de jóvenes acarreados para llenar los auditorios, donde lo que se impone es el relajo sobre el interés por la lectura que se diluye.

Las editoriales presentes que conocen de la rudeza del trabajo para cultivar la lectura tienen que buscar la manera de aminorar los costos y con ello la calidad del producto que exhiben a costa de los buenos libros que son los grandes ausentes en la fiesta. Eso se ve en los títulos que en su mayoría son de superación personal mediante los cuales se abonan la idea equivocada de que la pobreza y subdesarrollo, el desempleo y, en general, la falta de oportunidades es culpa de nosotros mismos, no del modelo económico del capitalismo que cada vez genera más pobreza y desigualdad, por eso es que urge cambiar.

El lugar para la exposición de libros que no consideró la importancia de hacerlo en espacios de sombra alejó aún más a los potenciales compradores que esperaban el atardecer para acercarse a curiosear.

Con justa razón un visitante de los pocos que aman los libros estaba indignado por lo que le pareció una falta de respeto para los libros exponerlos a propósito en desorden sobre las mesas en alteros como si se tratara de sobrantes con destino a la basura. Eso no se lo merecen los libros, decía desconsolado.

Un tanto patético fue el trato que el evento internacional le dio a los escritores locales cuyo stand con sus ejemplares ni siquiera contaba con una lona para identificarlos.

Lo único que me dejó satisfecho fue la lectura actuada de un libro infantil leído por una joven entusiasta bajo la sombra del amate en el marco de la bahía.Allí mismo se realizó el anecdotario a cargo de escritores locales organizado con gran acierto por la dirección del museo regional la tarde del viernes, aunque bien hubiera podido hacerlo todas las tardes de la semana con mayor atractivo para la feria porque público para escuchar las anécdotas nunca hubiera faltado, como se pudo demostrar.

Que yo sepa en ninguna parte de tantos eventos organizados se rindió homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra, el poeta nacido en Alcalá de Henares en España cuya obra ha sido la inspiradora de las ferias del libro en el mundo de habla castellana al cumplirse el 610 aniversario de su muerte y quien más allá de ser el autor de El Quijote de la Mancha, su propia vida llena de privaciones contiene el interés suficiente para contarla y atraer con las aventuras que escribió a una buena parte de los jóvenes que ahora se entretienen mirando tik tok.

A la edad de 20 años se inició en la escritura con cuatro poemas que le publicaron con motivo de la muerte de la reina Isabel, pero en eso estaba cuando tuvo que huir a Italia porque había herido en un duelo a un maestro albañil, delito que por haberse producido en las inmediaciones de la residencia del rey entonces era castigado con la amputación de la mano derecha y pagar diez años de cárcel. A los 30 años se hace soldado y pelea en la famosa batalla de Lepanto contra los turcos donde es herido perdiendo la mano izquierda y de ese hecho procede el calificativo que él mismo se asigna del Manco de Lepanto. Murió a la edad de 68 años y diez años antes había publicado su novela afamada. Estuvo dos veces en la cárcel, fue hecho esclavo y siempre lo salvó su apariencia de ser gente de la nobleza.

El otro tema en ese mismo marco de la conmemoración de la lengua castellana que le pareció irrelevante a los organizadores fue el reconocimiento de parte del Instituto Cervantes de otro mexicano, Gonzalo Celorio, el séptimo que lo recibe con el premio Miguel de Cervantes, considerado como el Nobel de literatura en lengua castellana que cada año entrega el rey de España. Entre las obras de este editor y ensayista están sus novelas, Los apóstatas y Ensayo de la contraconquista, así como Tres lindas cubanas.

Lo que sí me pareció un desperdicio en el marco de la Cuarta Feria internacional del libro en el propósito de acercar la aventura de los libros a los potenciales lectores fue desaprovechar la conmemoración del 610 aniversario luctuoso de Miguel de Cervantes, quien nació el día de San Miguel, el 29 de septiembre de 1547.