
Silvestre Pacheco León
El sábado pasado terminó la primera parte del festejo anual del santo patrón de Quechultenango con la misa pontifical de Santiago Apóstol que llegó a celebrar el obispo de la diócesis de Chilpancingo Chilapa, Monseñor José de Jesús González Hernández, en esta que es una de las parroquias que más ingresos económicos genera.
La prolongada duración de la canícula colaboró en el lucimiento de la fiesta que estuvo muy concurrida aunque, como es de imaginarse, elevó la temperatura y prolongó la espera de mejores tiempos para la siembra de temporal de los cada vez menos campesinos que reciben del gobierno federal el fertilizante gratuito.
La fiesta patronal que anualmente se organiza en la cabecera municipal a cargo de las mayordomías fue una competencia de organización en sus tres sedes que hay para cada una de las imágenes de Santiago montado a caballo, cada una con su espectacular decorado para el lucimiento del santo, un estruendo de cuetes, música viva, y abundante comida que elabora y sirve un ejército de ayudantes voluntarios para que ninguna persona se quede sin comer porque los gastos se financian con el aporte de los fieles.
Claro que cada una de las mayordomías tiene sus propias particularidades y como la gente conoce esas diferencias se atiene a que todas persiguen el mismo fin, por eso los apoyos y donativos se reparten en las tres imágenes que por años se han venerado con la fiesta tradicional a cargo de los mayordomos que se alternan cada año, junto con los padrinos entre los cuales se intercambian “cuelgas” que son los presentes que se llevan de un domicilio a otro en un jolgorio de baile y música y cohetes donde nunca falta el mezcal.
En estos días se extraña la calma tradicional del pueblo cuya vida se ve transformada por un “cueterío” que inhibe cualquier otra manifestación ruidosa.
Claro que en esta competencia festiva siempre se reconoce la supremacía de la imagen itinerante del santo que ahora estuvo a cargo de la familia Vargas Muñoz en su domicilio de la calle Cuauhtémoc de la colonia Las brisas, cerrada al tránsito vehicular para seguridad de los fieles, con un techo espectacular que yo vi construir y que provisionalmente cubre buena parte de la calle para solaz de los visitantes que sentados en sillas dispuestas sobre la calle están a salvo del sol y la eventual lluvia. Allí asoma la imagen del jinete santo que viste para la ocasión un impecable traje blanco dentro de un deslumbrante amotinamiento de arreglos florales donde predomina el color rojo, siempre iluminado por decenas de veladoras que dan el toque de religiosidad y misticismo a la fiesta.
Esta mayordomía es la que tiene a cargo la danza de Las Cueras que sigue siendo uno de los mayores atractivos para propios y extraños porque se trata de una obra de teatro creada por los misioneros Agustinos para adoctrinar a los pueblos indígenas en la conquista espiritual que se reproduce cada año, quizá desde finales de mil 600.
Como se sabe, en sus orígenes la danza santiaguera fue traída a Mesoamérica por los conquistadores españoles como una de sus tradiciones para festejar el triunfo que significó la expulsión del dominio musulmán del territorio hispano.
El éxito de esa fiesta entre los indígenas por su contenido de música, baile y canto a la que ellos estaban acostumbrados, despertó entre los catequizadores la idea de utilizarla en el adoctrinamiento de los nuevos conversos. Eso es quizá lo más interesante de la danza porque contiene tantos elementos de la cultura indígena que por ese solo hecho ya es recomendable verla porque en ella se reproduce el llamado sincretismo religioso y Quechultenango es el ejemplo de esa aculturación que denota una negociación entre las religiones de España y México donde prevaleció la última, no solo porque la danza en cuestión contiene elementos indígenas indiscutibles como la música ejecutada por instrumentos prehispánicos del tambor y la flauta, sino porque en la indumentaria de los danzantes las llamadas cueras que portan como chaleco y dan nombre a la danza parece simular la indumentaria del dios indígena Xipe Tótec, también llamado el de la renovación perteneciente al reino indígena de los Yopes que fueron los más antiguos pobladores de la región.
La danza de Las Cueras comprende 36 danzantes jóvenes más un par de flautistas y otro de tamborileros cuya tradición ha influenciado tanto la cultura local que constituye una de las aspiraciones del amplio sector juvenil que al cumplir la mayoría de edad puedan vestir su indumentaria como manda o promesa que se ofrece al santo.
Se podría escribir un libro solo de los milagros adjudicados al santo que la gente del pueblo cuenta y poco divulga pero que explica la fe desbordante en esta tradición por eso se mira a los jóvenes realizar con disciplina los ensayos de la danza desde el 29 de junio hasta el 23 de julio para actuar en su papel largas jornadas de baile agotador cuya representación puede durar más de dos horas obligados a repetirla hasta tres veces en un día.
El lucimiento de la fiesta que cada vez cuenta con más adeptos ha mejorado gracias al apoyo que aportan muchos migrantes establecidos en los Estados Unidos porque sienten que así mantienen vivas las raíces de donde provienen y porque no pocos atribuyen su paso de la frontera como un milagro que le deben al señor Santiago porque ninguno de mis paisanos se van a esa aventura sin haberse encomendado a él pidiéndole que los cubra con su capa para que no los vea la Migra al pasar y que los defienda con su espada ante los enemigos que asechan en el camino.
Claro que no a todos los migrantes les ha ido bien, y esta es la historia de Edgar Saúl Amilpas de 23 años quien dice haber recibido el milagro de Santiago que lo ayudó en el primero y segundo intento de entrar como ilegal a territorio gringo cuando fue detenido con la amenaza de permanecer en la cárcel por tres años como reincidente.
Cuenta Edgar, un joven que en el año 2020, durante la pandemia, decidió ir a probar suerte a la frontera y le pidió a Santiago su ayuda para pasar la línea sin dificultad y que lo logró, pero dice que apenas había cruzado al otro lado cuando lo detuvo la Migra y lo sacó a la línea fronteriza amenazándolo de que si reincidía lo meterían a la cárcel, pero reincidió, de la ciudad de Camargo del lado mexicano se aventuró a cruzar el río Grande para entrar a Texas y lo logró. Ya llevaba 15 días trabajando cuando una tarde irrumpió la policía asaltando el barrio donde vivían muchos migrantes de diversos países. La ICE los detuvo a todos y terminaron en la cárcel. Entonces fue cuando le comunicaron a Edgar que permanecería detenido por tres años.
“Fueron días en los que perdí la noción del tiempo porque en mi celda alumbraba una luz que nunca se apagaba. No sabía si era de día o de noche porque siempre estaba igual, y eso me desesperó. La única manera de tranquilizarme fue rezándole al santo patrón y fue entonces cuando le pedí que me hiciera el milagro de sacarme de la cárcel prometiéndole que se mi ayudaba a regresar a mi pueblo saldría yo en su danza y jamás pensaría siquiera en irme a intentar cruzar la frontera.
“No lo va a creer pero sucedió que un día nos dejaron libres a todos y pude volver a ver la luz del sol. Ese fue el milagro que me hizo el santo por eso estoy aquí cumpliendo mi promesa como danzante haciendo el papel de capitán”.
Sin embargo son más frecuentes los casos como el que cuenta la familia Juárez Grande, lo cual denota la importancia de los migrantes para sostener esta tradición incólume al paso de los años y su vigor indica el grado de bienestar y la situación económica que viven nuestros paisanos. El papá Federico Juárez que ahora tiene 49 años a los 19 cruzó la frontera como ilegal y se estableció en un pueblo de Utah llamado Park City. Cuando tuvo recursos suficientes comenzó llevándose de dos en dos a su familia. Ahora tiene nietos con la doble nacionalidad a quienes ha inculcado tanto el amor a su tierra que es parte activa en la reproducción de esta tradición con los paisanos que viven en el estado de Utah. Brando, su hijo aprendió a tocar la flauta, tiene doble nacionalidad y se ha casado. Vino con su familia y todos ellos son los mayordomos de la imagen pequeña del santo que el sábado participaron todos uniformados de verde en la recepción que se ofreció al Obispo a la entrada del pueblo.
Como mayordomos de la imagen que preside el altar del templo católico saludé a la familia de Manuel Grande, mejor conocido como el “Chacón” entusiasmado por la asistencia de decenas de familiares, amigos y visitantes a quienes dio de comer desde la velación del santo la noche del jueves. Las cocineras no descansaron toda la noche elaborando los tamales de tres clases y el atole de piña. Manuel presumía de que en el primer día de la fiesta recibieron en donación dos becerros que al otro día fueron sacrificados para que nada se quede sin comer. Toda la familia unida en ese propósito.
Lo más intenso de la fiesta patronal del Señor Santiago que en Quechultenango nunca termina, comenzó en el presente año con el último rezo mensual del santo el 25 de junio y su primera parte terminó el sábado 25. La segunda parte de la fiesta ocurrirá el próximo fin de semana con el baile del Ocoxúchitl. Si puede no se lo pierda.


