20 mayo,2018 11:14 am

La leyenda de Tom Wolfe

Texto: Apro / Foto: EFE
Ciudad de México, 20 de mayo de 2018.  Tras la muerte de Tom Wolfe el lunes 14 de mayo en un hospital de Manhattan, a sus 88 años, considerado la leyenda artífice del movimiento de “El Nuevo Periodismo” (The New Journalism, 1973), el experto en Literatura Inglesa de la UNAM, editor, académico y escritor Hernán Lara Zavala revela desde su biblioteca en San Nicolás, al sur de la capital:
“Wolf no lo creó, el intento de un nuevo periodismo literario viene desde muy atrás. El primero que en realidad lo cristalizó en Inglaterra es Charles Dickens (1812-1870), quien sabía taquigrafía; entonces, muchos de los artículos que publicaba en los periódicos ya tenían el tono novelístico.
“Tom Wolfe le llamó el New Journalism, porque aunque ya estaba en el aire pues, te digo, venía desde Dickens, Wolfe finalmente teoriza sobre ello y le da un nombre a la escuela, ¿no? Sin embargo, ya lo habían hecho Truman Capote y Norman Mailer con éxito. El otro que también vale ahí la pena mencionar es Gay Talese, también colega del grupo del New Journalism”.
Hacia el verano de 1833, el futuro crítico victoriano Charles Dickens fue contratado para redactar los reportes de los debates parlamentarios, cargo que le creó fama de escribir rápido y preciso. Sus primeros “Sketches by Boz” se publicaron en revistas a los 21 años de edad. Lara Zavala ha considerado a Dickens “la figura más importante después de Shakespeare”, y niega que Wolfe (nacido en Richmond, Virginia, marzo 2 de 1930) abriera las esclusas de las corrientes literarias de ficción para confluir en la noticia periodística:
“Me parece que el primero de todos ellos fue Truman Capote, quien antes de escribir A sangre fría (In Cold Blood, 1966) ya poseía un estilo que se observa, sobre todo en sus ensayos, si bien tiene otro libro muy bueno, Se han escuchado las musas (The Muses are Heard, 1956). Él la hizo de comparsa, vamos a decirlo así, ya que estaban poniendo la famosa obra Porgy & Bess, de George e Ira Gershwin, y acompañó al elenco de The Everyman’s Opera y sus creadores que la presentaron tocándola en la URSS.”
La primera parte de Se han escuchado las musas se publicó originalmente en The New Yorker, brindando título al libro “un discurso del ministro de cultura soviético”, quien expresó a los músicos: “Cuando los cánones se escuchan, las musas callan. Cuando los cánones callan, las musas se escuchan”.
Sigue: “Tiene otro valioso libro que se llama Ladran los perros (The Dogs Bark: Public People and Private Places, 1976), con artículos que publicaba especialmente en revistas, pero ya con tono del Nuevo Periodismo.”
Wolfe en la hoguera
Premios Elena Poniatowska y de la Real Academia Española por su novela Península península (Alfaguara, 2008, Proceso 288), Hernán Lara Zavala (Ciudad de México, 1964) enlista además a la cabeza del movimiento a Norman Mailer, cuyo volumen La canción del verdugo (Pulitzer 1979) “es prácticamente testimonial, la compañera de A sangre fría”.
Mailer muy pronto se dio cuenta de que no quería hacer más novela, “sino quería trabajar noticias o actividades que eran del orden periodístico, pero al cual él le dedicaba libros; tal vez el más famoso o uno de los más célebres fue el del 68, que cubre lo que pasó en Estados Unidos durante el famoso juicio de Chicago…”. Autor de De Zitilchén (FCE 1981, Proceso 288) se refiere a la novela de no ficción Miami and the Siege of Chicago: An Informal History of the Republican and Democratic Conventions of 1968. Y se lanza:
“Quien da forma al término ‘el Nuevo Periodismo’ allí sí que es Tom Wolfe, lo dice en una entrevista que se publicó hace añísimos (y ahorita me acordé por tu llamada) en la revista Rolling Stone. Empezó a aprender las técnicas del Nuevo Periodismo y así descubre las suyas propias. Todo lo que él hace lo voy a resumir en muy pocas palabras: No tratar la noticia como algo frío, donde nada más das la información en lo que te basas, es decir: La pirámide periodística del lead o entrada en una nota con las cinco premisas de ‘quien, cómo, cuándo, dónde, por qué’; sino que él se mete como si fuera un novelista, con comentarios subjetivos sobre los hechos que está narrando.”
Uno de los métodos que utilizó Wolfe fue “el empleo del ‘presente histórico’, o sea, el presente del indicativo: ‘digamos’. Empieza a hablar no como algo que ocurrió, sino en presente; lo cito: ‘No sé cómo di con esto, pero cuando escribes una novela de no ficción, el mejor método es el presente histórico’. También destaca la utilización de la segunda persona del singular, cuando expresas ‘sales, entras, dices…’ para cualquier historia, cual hace Carlos Fuentes en Aura (Era, 1962). Y después: ‘La construcción de escenas una por una… contar una historia total por medio de una secuencia de escenas, más que como una mera narración histórica’, son datos muy buenos por parte de él. Ir seccionando lo que vas a contar, por secuelas”.
Este recurso lo aprovechó Lara Zavala en su primera novela Charras (Joaquín Mortiz, 1990), testimonial sobre el movimiento sindicalista de Yucatán en 1974:
“Para qué te voy a decir que no… Porque en lugar de narrar toda la historia vas agarrando pedacitos, ¿me entiendes? Y luego dice Wolf (pronuncia “wuulf”): ‘El uso de los diálogos, el diálogo directo’ y ‘el uso de los detalles’, por ejemplo: ‘Notar la ropa que usa la gente, sus características del lenguaje, la manera como tratan a los niños’. Lo dice allí: ‘Todo esto indica cómo una persona entra en la sociedad’.”