
Mariana Labastida
Para los visitantes la playa Icacos es una de las “más caras” de Acapulco, empezando por el costo de la renta del mobiliario que puede ser de hasta 220 pesos por una sombrilla y dos sillas, lo que en otras zonas de la bahía se renta en 50 pesos.
Al mediodía la tranquilidad está apoderada de la playa Icacos, una de las seis certificadas de Acapulco. El sonido de las olas todavía resalta sobre los gritos de niños, las pláticas de adultos y las canciones que se escuchan.
Así fue, de Juan Gabriel, se escucha desde una de las sombrillas a pocos metros del mar, “tú bien sabes que no fue mi culpa, tú te fuiste sin decir nada y a pesar que lloré como nunca, yo seguía de ti enamorado pero te fuiste”. El costo por la renta de una de las bocinas es de 150 pesos si el cliente se deja, pero si regatea o es de los primeros hasta en 100 pesos por hora la puede conseguir con una memoria con canciones o conectarla con Bluetooth.
A lo lejos tres marichis se internan en la arena, van con dirección a la playa del condominio Costa Victoria; no llevan sombrero, por lo que agachan la cabeza para cubrirse un poco el rosto del sol.
La cama para los masajes está sola, pero las masajistas están ocupadas y se ve a dos: una dando un masaje en el cuello a un hombre y la otra relajando a una mujer con un masaje en la cabeza.
El sonido de una corneta de plástico interrumpe el ambiente: “helados, helados”, grita el hombre que la hizo sonar junto a su carro rojo y sombrilla del mismo color, donde ofrecen los productos de la empresa Holanda.
Las manos de una trenzadora no han dejado de trabajar. En 20 minutos casi está por terminar el trabajo con la cabellera castaña de una joven.
En la playa Icacos las mujeres cobran por hacer trenzas en el cabello desde los 100 hasta los 220 pesos, dependiendo del peinado y largo del pelo.
“Aquí es de las más caras”, comenta una visitante que recién se instala en su silla, al preguntarle cuánto pagó por la renta de la sombrilla. El precio por una sombrilla, con mesa y mínimo cuatro sillas, va de los 150 a los 220 pesos, según dijeron los turistas que llegaron ayer.
Pasan uno tras otro los vendedores informales que ofrecen “ostiones”, “banderillas”, “trajes de baño, vestidos”, “nieve de coco”, “pescadillas de pescado amigo”, “calzado bonito”, “alguna gafita, algún lentito”, dicen a los residentes y turistas que han llegado a la playa para pasar el día.
Un niño vendedor va siguiendo de cerca de su madre que vende collares. El trae pulseras en una tabla y lagartijas verdes de plástico colgadas del cuello, y se detiene a ofrecer los artículos a una familia, pero como no le hacen caso voltea, localiza a su madre y acelera el paso para alcanzarla.
“Mariposa traicionera, todo se lo lleva el viento”, una canción del grupo Maná se escucha ahora en la bocina. Sigue siendo la única que suena en la playa a la 1 de la tarde. Cuatro bananas flotan en el mar pero no han hecho ningún recorrido; “un paseo en banana”, ofrece sin ánimo un prestador de servicios acuáticos sentado en una silla a la orilla del mar.
Dijo que la temporada no ha sido buena para ellos, que siguen ofreciendo el paseo en 80 pesos cuando la gasolina sigue subiendo.
“Sombreros”, “quesadillas doraditas”, “campechana, ceviche, vuelve a la vida” continúan los vendedores.
La letra de la canción Me gustas mucho, de la Banda MS, se impone sobre el sonido de la única bocina que sonaba en la playa. Ésta sale de otra que van ofreciendo en renta envuelta en una tela azul con figuras pequeñas en rojo.
La hora de renta de la primera bocina se acabó y ha dejado de sonar, y la que llevaba banda fue dejada sobre una mesa porque su dueño tuvo que hacer otra cosa y a lo lejos se escucha algo de reggeton.
Sigue llegando gente. A un lado del acceso se siguen inflando salvavidas para vender, que cuestan de 120 a los 300 pesos.
Los vendedores consideran que los precios no son altos: 40 pesos la orden de tres quesadillas o sopes, 120 una campechana, 75 pesos el ceviche, 150 una mojarra, 200 pesos por un huachinango y 140 pesos los cocteles como Vuelve a la vida. Precios del lugar donde los preparan, en la arena el costo aumenta.
