
Abelardo Martín M.
Tiempos intensos y cada vez más revueltos se viven todos los días. Primero en Michoacán, luego en Guerrero, en Tamaulipas, en Baja California y cuando parece que ya casi se ha visto (y vivido de todo) ocurren los hechos de Sinaloa, que ponen a los gobiernos de cabeza y a la población en estado de indefensión, mientras el mundo observa, sin asombro, que aquí también se “cuecen habas”.
No es casual, por cierto, que la extraordinaria película actualmente en exhibición en miles de salas en el país, El Guasón, tenga como escenario a un Nueva York sin servicios de recolección de basura (lo que ocurrió en 1982), sumido en la locura y la violencia, deshumanizado e impredecible.
Tal como está el mundo en la actualidad.
No solamente en los temas de seguridad y/o violencia. En los asuntos económicos el mundo vive sorpresas: por ejemplo, el Banco Central de Alemania, el Bundesbank, anunció que por la desaceleración de la economía uno de los países más sólidos del mundo entró en “un periodo de recesión”. No es para alarmarse, dicen en Alemania, porque no tendrá efecto global.
Creíble o no, la percepción de tal anuncio económico es la de una mala noticia. Lo mismo ocurrió con los acontecimientos ocurridos la semana pasada en Michoacán, Guerrero y Sinaloa, fruto de un clima de violencia y de un largo proceso de descomposición política, social, económica y cultural.
En Culiacán, Sinaloa, el intento fallido de capturar a un capo y llevarlo ante la justicia se ha convertido en el hecho más emblemático de lo que algunos califican como una grave crisis de seguridad y control del territorio por parte de la Federación. Otros hechos violentos completan un panorama complejo y no precisamente alentador, lo mismo la emboscada a una treintena de policías en Michoacán, que el enfrentamiento entre militares y presuntos delincuentes en Tepochica, Guerrero, por citar los más relevantes.
En ese contexto singular, Guerrero es el escenario de diversos aniversarios y celebraciones, como el cuarto informe del gobernador, Héctor Astudillo, en un clima enrarecido que se convirtió en “la normalidad”, cada quien su escenario, cada quien su propia lectura de una sociedad descompuesta y con un gobierno que se achica cada vez más ante la complejidad de los acontecimientos.
Guerrero y el país son muy distintos de lo que fueron en 2015, cuando el gobernador Astudillo llegó a la titularidad del Ejecutivo estatal, para empezar porque gobernaba el PRI a nivel nacional. Luego llegaron los cambios, el más importante, el relevo en la Federación, y el arribo de la Cuarta Transformación. El gobernador, con amplio oficio político, se ha adaptado a la nueva etapa y en la más reciente visita del presidente Andrés Manuel López Obrador, intercambió con él elogios mutuos.
Otro gesto significativo fue que, luego de los acontecimientos en Culiacán, Astudillo decidió suspender el evento que tendría en Acapulco para difundir su informe de gobierno, para mandar, según dijo, “un mensaje de solidaridad y prudencia”.
En su Informe la semana pasada en Chilpancingo, Astudillo destacó, con un tinte de presunción, diversos logros. Uno central, referido a los índices de inseguridad y criminalidad. Ya no somos el estado que encabeza las estadísticas, afirmó, pues ahora nos ubicamos en mejores lugares, en algunos de los indicadores incluso cercanos a la media tabla. Podría compararse con Sinaloa y ahorita estaría en ventaja.
Pero no todo es color de rosa. En diversos municipios de la entidad hay vigente una alerta de género, e incluso los programas de las Naciones Unidas se enfocan en Guerrero como uno de los estados con una problemática más aguda en la materia.
Otros hechos preocupan. Uno muy destacado es la desaparición, hace diez días, del activista de las causas indígenas Arnulfo Cerón, de quien se perdió rastro en Tlapa, luego de ser amenazado y sin que se conozca su paradero.
Todo esto transcurre mientras en breve, el próximo 27 de octubre, Guerrero celebrará el 170 aniversario de su erección como estado de la Federación. Con este carácter, es la entidad invitada al 47 Festival Internacional Cervantino, que se lleva a cabo en Guanajuato.
Por ello, en esa fiesta cultural tuvo lugar entre otras varias manifestaciones artísticas, la danza de Los Diablos de Cuajinicuilapa, aunque tal vez para exorcizarlos la Orquesta Filarmónica de Acapulco será la encargada de clausurar el Festival.
En esos claroscuros tiene lugar la vida en Guerrero, entre la vida y la esperanza, entre la muerte y el arte, entre la violencia y la fe; entre el amor y la angustia. Como en la película El Guasón premonición para algunos, confirmación de la descomposición para otros, pero al fin y al cabo reflejo de un mundo que, en esa parte, duele y preocupa.
Ojalá los hechos de Sinaloa o los de Ciudad Gótica, no se conviertan en pedagogía de la violencia. Ya tenemos suficiente con lo que hay.


