25 febrero,2026 9:14 am

“Las lenguas indígenas siguen vivas porque la gente las habla y las escribe”: Eustaquio Celestino Solís, autor nahua

cadémico nacido en Guerrero, es uno de los 25 participantes en el libro recién publicado Retoños de nuestras raíces, que reúne textos en náhuatl, mazahua, otomí, mixteco, tzotzil, tzeltal, zapoteco, mazateco, maya y totonaco –entre otros. Este tipo de proyectos, dice, demuestra que las lenguas indígenas no pertenecen sólo al pasado, sino que siguen siendo herramientas vivas de creación literaria. “Cada lengua tiene su forma de nombrar el mundo. Cuando alguien escribe en su idioma también está contando su historia desde ahí”

El Sur / Ciudad de México, 25 de febrero de 2026. La diversidad lingüística de México también se cuenta a través de la literatura. En el libro N’ääts nkojpk xëmump. Retoños de nuestras raíces, 25 escritores de comunidades indígenas reunieron relatos, poemas y narraciones que muestran las maneras en que los pueblos originarios miran el mundo, recuperan su historia y narran su vida cotidiana.

La obra forma parte de un esfuerzo colectivo de personas que escriben en sus propias lenguas maternas y que, desde distintos territorios del país, mantienen viva una tradición literaria que durante años ha enfrentado obstáculos para publicarse y circular.

Presentada el 31 de enero pasado en la sede de la Comisión de Derechos Humanos de Ciudad de México (CDHCM), la publicación dio pie a un encuentro de autores, representantes de comunidades indígenas y promotores culturales, donde se destacó que la preservación de las lenguas maternas también es un derecho humano y que cada idioma representa una forma particular de comprender la vida, la naturaleza y la relación con el entorno.

La antología, impulsada por Escritores en Lenguas Indígenas, AC (ELIAC) y apoyada por Pluralidad Indígena, AC, apuesta por difundir la riqueza cultural de los pueblos originarios. Contiene 17 piezas literarias –entre cuentos, relatos, poesía y algunas propuestas cercanas al teatro– que abordan recuerdos, experiencias y escenas de la vida cotidiana, pero también las diversas situaciones sociales por las que atraviesan las comunidades indígenas.

Uno de los participantes en el libro, involucrado desde el inicio del proyecto, es el escritor nahua Eustaquio Celestino Solís, originario de Guerrero, quien explica que publicar literatura en lenguas indígenas suele ser complicado por razones económicas y editoriales. “No es lo mismo publicar uno o dos cuentos dentro de una antología, que lanzar una obra completa. Las novelas, por ejemplo, requieren de más recursos y una edición especial”, comenta en entrevista con El Sur.

Literatura que nace de la experiencia

Retoños de nuestras raíces contiene textos escritos originalmente en distintas lenguas originarias del país que van acompañados por su traducción al español. Por ejemplo, náhuatl, mixteco, mazahua, otomí, tzotzil, tzeltal, zapoteco, mazateco, maya, mayo y totonaco.

El volumen incluye a Rosa Ramírez Calvo, Jaime Chávez Marcos, Fausto Guadarrama López, Lorenzo Hernández Ocampo, Irma Pineda Santiago, Juan Gregorio Regino y Armando Sánchez Gómez, entre las y los autores que forman parte de esta recopilación promovida por ELIAC.

Para Celestino Solís, el valor de la obra está en que permite múltiples miradas en un mismo espacio. “Hablan de recuerdos, de vivencias y de lo que pasa en las comunidades. Cada autor escribe desde lo que conoce”, abunda. En muchos casos, los relatos se nutren de historias escuchadas en la familia, en el trabajo o durante los viajes entre pueblos y ciudades. La literatura, insiste, también funciona como una forma de conservar esas memorias.

La pluralidad plasmada en el libro, continúa el autor nahua, muestra que la creación literaria en lenguas originarias no pertenece a un solo territorio ni a una sola generación. “Cada quien tiene su estilo, su forma de narrar, pero todos coincidimos en que queremos escribir desde nuestras lenguas”.

Retoños de nuestras raíces nació a partir de una decisión colectiva de ELIAC, quienes propusieron realizar una antología en la que pudieran participar distintos miembros de la organización. La idea era reunir a quienes quisieran aportar un texto y, al mismo tiempo, celebrar el trabajo que la asociación ha desarrollado durante décadas en favor de la literatura indígena.

Celestino Solís cuenta que su participación se dio como parte de ese esfuerzo compartido. “Se planteó en una asamblea la publicación de una antología y quienes llevábamos más tiempo en la asociación decidimos colaborar. Fue una decisión colectiva”, menciona. El resultado fue un conjunto de estilos, géneros y miradas heterogéneas.

Además de escribir, Eustaquio ha dedicado gran parte de su vida a la actividad académica. Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y desarrolló su carrera en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), donde trabajó como investigador y se especializó en el análisis y la traducción de documentos históricos escritos en lenguas indígenas entre los siglos XVI y XVIII.

Durante años colaboró en proyectos dedicados a estudiar archivos y códices antiguos, pero el trabajo terminó cuando se redujeron los recursos para la investigación. Con el paso del tiempo decidió jubilarse, aunque nunca se ha alejado por completo del estudio de las lenguas ni de la escritura. “Gran parte de mi vida estuvo dedicada a esos documentos”, comenta.

Guerrero: familias separadas por trabajo o migración

Además de Eustaquio, de Guerrero figuran Yolanda Matías García y Pedro Martínez Escamilla, quienes contribuyen con ejercicios de memoria y elementos de la vida comunitaria desde su propia tradición cultural y lingüística.

Eustaquio Celestino Solís, de 75 años y nacido en la comunidad Xalitla, del municipio de Tepecoacuilco, participa en la obra con una narración breve construida a partir de testimonios que ha escuchado a lo largo de su vida. El texto, explica, surge de conversaciones con personas indígenas en distintos contextos, como viajes o encuentros cotidianos.

A partir de sus historias el autor armó un relato sobre la vida familiar, la migración y los cambios que atraviesan muchas comunidades. El título que eligió está en náhuatl y en español –explica el autor– puede entenderse como “el hilo del amor”, una metáfora sobre la forma en que los vínculos afectivos continúan incluso cuando la distancia separa a padres, hijos y hermanos.

“Muchas veces son historias que la gente te cuenta en una plática sencilla. Yo lo que hago es darles coherencia y convertirlas en un relato”, dice Eustaquio. En su caso, parte de la conversación con un hombre indígena que le habló de su familia, de cómo cada integrante tomó caminos distintos y la comunicación terminó reducida a llamadas telefónicas.

El resultado es un texto breve, de apenas tres páginas dentro de un libro de más de 150, que refleja una realidad común en distintas partes del país: familias separadas por el trabajo, la migración o la falta de oportunidades.

Para el escritor, “la literatura puede ser una forma de registrar esas experiencias que muchas veces no aparecen en los relatos oficiales”.

Celestino Solís destaca que gran parte de la producción literaria en lenguas indígenas se mueve en formatos breves: “Los cuentos, las narraciones y sobre todo la poesía han sido las formas más comunes de expresión dentro de estos proyectos colectivos. Son géneros que permiten publicar en conjunto y compartir distintas voces en un mismo libro”, comenta.

Guerrero y la escritura en lengua indígena

Celestino Solís, guerrerense residente en Ciudad de México, considera que el panorama para la literatura en lenguas originarias en su estado natal ha sido irregular. En el pasado existieron esfuerzos colectivos para impulsar la escritura, pero muchos de ellos se debilitaron por la falta de financiamiento.

Hace años, recuerda, participó en la creación de una agrupación dedicada a reunir a autores nahuas del estado. El objetivo era intercambiar textos, organizar encuentros y fortalecer la escritura en su idioma. Durante un tiempo lograron realizar reuniones en distintos lugares y trabajar en la normalización de la escritura. Sin embargo, el proyecto no pudo sostenerse.

“Se hicieron varias reuniones y se avanzó bastante, pero al final, por falta de recursos, la asociación se desintegró”. Desde entonces, lamenta, la producción literaria se ha mantenido más bien en esfuerzos individuales o en trabajos vinculados a investigadores y docentes.

Aun así, la escritura en lenguas indígenas no ha desaparecido, enfatiza. En algunas comunidades continúan los talleres y cursos impulsados por maestros o promotores culturales. También existen personas que recopilan historias tradicionales, adivinanzas o relatos que forman parte de la memoria comunitaria.

Uno de los casos que menciona es el de la escritora Yolanda Matías García, quien continúa impartiendo cursos en el estado a pesar de haber pedido la vista. En esos espacios, agrega, aparte de enseñar el idioma también se abordan aspectos literarios.

Para Celestino Solís, estas iniciativas muestran que el interés por las lenguas indígenas sigue presente, aunque muchas veces no cuente con apoyo suficiente. “En varias comunidades se están promoviendo cursos y actividades. Eso ayuda a que la lengua siga viva”, dice, sin especificar a cuales se refiere.

El escritor mantiene un vínculo constante con su lugar de origen, recalca, aunque su carrera académica lo llevó a vivir fuera del estado; continúa visitando su comunidad, participando en proyectos relacionados con la lengua y la cultura.

Desde su experiencia, la literatura es una forma de preservar la memoria y de compartir la visión de los pueblos indígenas con otros lectores. Por eso considera que libros como Retoños de nuestras raíces son importantes, necesarios: “No solo reúnen textos, sino que muestran que la creación en lenguas originarias sigue produciendo nuevas historias”.

Dialogar con más y nuevas personas lectoras

En la antología se pueden leer relatos en múltiples lenguas originarias, lo que permite conocer, contrastar, diferentes estilos, visiones y temas. Cada texto, explica el guerrerense, conserva elementos propios de la cultura de donde proviene quien escribe: formas particulares de narrar, referencias comunitarias y visiones propias de la vida cotidiana.

Para Celestino Solís, la importancia de proyectos como Retoños de nuestras raíces radica en que permiten demostrar que las lenguas indígenas no pertenecen sólo al pasado, sino que siguen siendo herramientas vivas de creación literaria: “Cada lengua tiene su forma de nombrar el mundo. Cuando alguien escribe en su idioma también está contando su historia desde ahí”, afirma.

En ese sentido, el libro busca abrir un espacio para que esas voces dialoguen entre sí y con más y nuevas, nuevos lectores. Surgido de la colaboración entre integrantes de la asociación de escritores, también conmemora años de trabajo colectivo dedicados a preservar y difundir la literatura creada en idiomas originarios.

Guillermo Rivera

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