15 mayo,2018 12:53 pm

Mamá de Marielle Franco: los asesinos merecen misericordia

Texto: DPA / Foto: Marielle Franco (Facebook). En la imagen, tres generaciones de la familia de Marielle Franco, activista brasileña asesinada el pasado 14 de marzo.
Antonio, su marido, vuelve a la casa con una bolsa de pan y el periódico. En la tapa, una foto de Marielle Franco: “Avanzan las investigaciones”. Marinete da Silva agarra el diario, lo mira por encima, se detiene en la imagen. “Linda, linda, linda”, repite tres veces con la mirada fija en su hija asesinada.
A lo largo de la entrevista, el diario quedará abierto sobre la mesa. En la página 4, en una sección llamada “Guerra en Río de Janeiro”, se informa sobre los muertos por la violencia del día anterior. La página 5 es una promoción de un cine por el Día de la Madre, este domingo, el primero que Marinete, de 66 años, pasará sin Marielle, de 38, ejecutada hace casi dos meses a quemarropa en el centro de la ciudad.
En los últimos días, la búsqueda de los asesinos se estrechó en torno a dos sospechosos: uno de ellos, Marcello Siciliano, es concejal, compartía la Cámara Municipal de Río con Marielle y tiene fotos en las que la abraza. “Hincho para que no sea así”, dice a DPA Marinete. “Sé que la política es sucia, pero esto me demostraría que muchos de los que están allí, más que seres humanos, son cobras”.
“Hace poco fui al recinto, por un homenaje. Por poco me llevaron en andas. Todo el mundo me hablaba maravillas de Marielle, de su fuerza, me abrazaron, me saludaron. ¿Y resulta que el autor intelectual era uno de ellos? No puede ser…”
Y además, agrega: “En ese Parlamento lleno de hombres blancos, muchos que viven de la política, que no quieren cambiar nada, Marielle hacía la diferencia. Pero no por ser una negra linda: ella se destacaba por ser una negra valiente, imponente, decidida. Mi hija era una guerrera”.
Marinete, nacida en João Pessoa, en el noreste de Brasil, llegó a Río de Janeiro hace 40 años. Se instaló con Antonio en la favela Maré, hoy una de las más populosas de la ciudad. Luego, la familia se mudó al barrio de Bomsucesso, donde aún reside, lindante con el vecindario de antaño. En esas calles crecieron Marielle y su hermana menor, Anielle.
La hija de Marielle, Luyara, cumplió 19 años. La de Anielle, Mariah, apenas dos. Ella, la bebé, es la que menos comprende lo que sucedió con su tía. Sin embargo, a su manera, también lo puede percibir.
“Agarra el teléfono –describe Marinette– y empieza a hablar, aunque del otro lado no haya nadie. Dice ‘Es mi dinda‘ (madrina, en portugués). Le cuenta lo que hizo en el día, le dice ‘hoy mamá fue a trabajar, le relata todo”.
“Cada integrante de la familia tiene un vaso con su nombre. El otro día, ella quiso beber en el de Marielle. Le dijimos que su madrina es una estrella muy grande, y se puso a buscar estrellas en el cielo”.
Marinete lleva un collar con la leyenda “Ave llena de gracia”. Resalta a cada momento la formación religiosa de Marielle, recuerda que iban juntas y caminando a la parroquia, rememora cuando su hija era catequista. “Aquí somos todos devotos marianos: nuestra fe está por encima de cualquier cosa”, enfatiza.
Y si se supiese quiénes fueron los asesinos, ¿Sería capaz de perdonarlos?
“Con certeza. Ellos merecen misericordia. En nuestra familia, nunca se pregonó el odio. Es cierto: hicieron algo deshumano y cruel, pero igual son dignos de pena”.
A medida que la charla avanza, Marinete exhibe fotos de viejos álbumes familiares: el cumpleaños 15 de Marielle, su boda, unas poses con los pies en el mar. Se muestra fuerte, aunque a veces la emoción la embarga y entonces vuelven las preguntas que, desde hace 59 días, no puede contestar.
“¿Qué motiva a alguien a hacer algo así con una persona? Los que le dispararon no la conocian, no sabian quién era. Duele muchísimo pensar que fue planeado, que hubo una arquitectura del crimen, pero ¿A quién estaba incomodando tanto Marielle para pagarlo con su propia vida?”.
El fin de semana previo a su muerte, 10 y 11 de marzo, Marielle almorzó en la casa de sus padres. El lunes vio por última vez a Luyara, su hija, y el martes compartió varios momentos con Marinete. “Por los compromisos que todos tenemos, no era lo común estar tanto tiempo juntas. En algún punto, siento que me pude despedir”.
Un día después, el miércoles 14 de marzo a las 21:30 horas, la concejala Marielle Franco, reconocida por su activismo en favor de los más desfavorecidos de Río, de los habitantes de las favelas, los negros, los pobres y los discriminados, fue asesinada por desconocidos, con tres tiros en la cabeza.
“Pasó un tiempo, pero aún no pude procesar nada. El dolor sigue siendo el mismo, estoy exactamente igual. Cuando me dijeron que le había pasado algo a Marielle, pensé que debía de ser una broma. Ella estaba en un evento y estaba viniendo a casa. Luego, imaginé un accidente, incluso una bala perdida. Pero nunca una ejecución sumaria”.
“Lloro, lloro mucho. Por la gracia de Dios y María, soy fuerte, pero el luto no pasa. No pude socorrerla, no pude llevarla al hospital. Somos una familia pequeña, de seis personas, y ahora quedamos cinco. Y tres cosas son las que siempre están presentes: el dolor, la fe y los amigos. Estamos agracedidos de saber que hay mucha gente que nos acompaña”.
A lo largo de la entrevista, la madre se refiere en varias ocasiones a Marielle llamándola “nuestra princesa”. Dice que era “activa, comprometida, dinámica” y que tenía un enorme compromiso social, que se desvivía por ayudar a los demás. Admite: “En un principio, yo no quería que entrara en política. Pero hoy estoy orgullosa de lo que fue capaz”.
En el espejo de la casa, una calcomanía reza: “Marielle vive”. De la calle se escuchan los gritos de un montón de niños y niñas, que salen de la escuela de enfrente y despliegan toda su alegría. “Este Día de la Madre será apenas un día más de dolor”, concluye Marinete.