24 septiembre,2021 5:35 am

Mi encuentro con la gobernadora electa

La política es así

Ángel Aguirre Rivero

 

Muchas personas me han preguntado sobre la reunión privada que sostuve hace algunos días con la gobernadora electa Evelyn Salgado Pineda.

Al respecto, debo decir que se trató de una reunión de cordialidad política con quien habrá de conducir los destinos de nuestro estado.

Encontré a una gobernadora de buen talante, atenta y receptiva a nuestra conversación, que estuvo salpicada de pasajes y anécdotas que confieso, no recordaba algunas.

Como aquella de haberle pedido que hiciera uso de la palabra en un evento público hace ya varios años, sobre eso me dijo: –fue la primera vez que yo me dirigía a un amplio auditorio y aunque en un principio me sentí un tanto nerviosa, la verdad es que tomé mucha confianza y me sentí muy bien. Es un gesto de humildad que mucho le valoro, pues la considero la primera virtud de cualquier político.

Evelyn me preguntó si tenía algunas sugerencias para su gobierno: ¿para usted cuáles serían cinco de ellas?, me dijo… Le contesté que sería mucha soberbia de mi parte, pero que en todo caso, le recomendaba que conservara su esencia, su sencillez y su buen trato con la población, porque a los guerrerenses nos gusta ser escuchados con paciencia, que nos abracen y apapachen.

Hablamos también sobre la pertinencia de presentar al Presidente de la República y al secretario de Hacienda una propuesta de reingeniería financiera, dado que a ella le tocaría enfrentar los efectos del pasado sismo, la epidemia del Covid y por si fuera poco, el pago de aguinaldos a los trabajadores del gobierno del estado; y que seguramente algunas nuevas alcaldesas y alcaldes acudirían con ella a solicitar ayuda.

Consideré muy importante que le hiciera saber al gobierno federal la disminución de recursos en algunos programas y en las participaciones federales, tema que estoy seguro tiene previsto.

También la felicité por los encuentros que ha tenido con el gobernador Héctor Astudillo, como una muestra de civilidad política; y le auguré mis parabienes por el gobierno que iniciará, como lo haría cualquier guerrerense bien nacido.

Nunca tocamos el tema de proponerle incorporar algunas personas a la nueva administración, ni me atrevería hacerlo.

Promoví de manera entusiasta la coalición PRI-PRD y acompañé convencido a quien fuera nuestro candidato Mario Moreno Arcos.

Sin embargo, he sostenido desde siempre que no podemos perder contacto con el designio de la gente, aprender de las derrotas y saber reconocerlas. En esta circunstancia, la dignidad nunca se debe perder, porque no está reñida con la cortesía.

Cuando se terminan las campañas lo que debe prevalecer es la altura de miras en bien de Guerrero, quien no lo asuma de esta manera quedará atorado en el resentimiento y la confrontación.

Del nuevo gobierno, celebraré siempre cuando se emprendan buenas acciones y alzaré también la voz cuando considere una injusticia o alguna mala acción, siempre lo he hecho y de ello hay constancia en mis escritos y declaraciones.

Esa es la verdadera democracia, donde se construyen los equilibrios políticos; donde ni se gana todo, ni se pierde todo y tampoco es para siempre

Al final, como lo he dicho siempre, la vida y la política es como el juego de las serpientes y escaleras: a veces nos caemos y a veces estamos arriba, lo importante es la cadencia con que se tiren los dados.

Hay quienes interpretan esta reunión bajo su forma de entender la política, debo decir que no coincido con ellos, pero respeto su manera de pensar.

¿Qué hay de malo que se reúna un gobernador o gobernadora con su antecesor o sus antecesores?

Esa es la buena política porque sin duda contribuye a la gobernabilidad. En mi caso, lo hice varias veces con la mayoría de los que me antecedieron en esta responsabilidad.

Sólo los amargados y los perversos no alcanzan a entender que la política es así.

 

Del anecdotario

 

Don Alejandro Cervantes Delgado, con quien me formé políticamente, era muy apegado a las costumbres de Chilpancingo.

En su mesa nunca podían faltar las semitas, el toronjil y las nieves artesanales del famoso “Chinono”, en aquellos años bellos de nuestra querida capital.

En alguna ocasión faltaban los tradicionales helados, por lo que le dijo a su jefe de ayudantes (Reynaldo Echeverría, originario de Cutzamala de Pinzón), pidiera a uno de sus ayudantes las comprara.

Después de más de una hora, don Alejandro preguntó: –¿Echeverría que pasó con la nieve de “Chinono”?

Reynaldo apenado le contestó: –señor gobernador, me dice mi ayudante que hay helados de chocolate, de fresa, de vainilla y de coco, pero de “Chinono” no hay…

Don Alejandro no pudo contener la carcajada y respondió: –no Echeverría, efectivamente no hay nieves de sabor “Chinono”, pero al que las prepara así le dicen…

Pocas veces vi enojado al gobernador Cervantes Delgado, salvo alguna ocasión en que traía diferencias con el entonces secretario de gobernación Manuel Bartlett Díaz y para disiparlas un poco, aventó su pipa inseparable sobre la mesa de juntas.

Echeverría, con quien cultivamos una gran amistad, cuando percibía que el gobernador estaba muy preocupado o enojado, me decía solidariamente: –no entres ahorita a tu acuerdo Ángel, el gobernador está muy “colérico”, espérate que se le baje un poco… Que tiempos tan bonitos aquellos.

Don Alejandro acostumbraba también visitar a algunos amigos de su infancia a disfrutar del pozole. En una ocasión me pidió que lo acompañara a la casa de uno de sus correligionarios.

Eran las 8 de la mañana, y me sirvieron una copa de mezcal, la que me negaba a tomar.

–Oiga Aguirre, tómese su mezcal (me dijo el gobernador), a lo que le contesté: –es que no traigo nada en el estómago. –¿Que usted no conoce esta costumbre de aquí de Chilpancingo?, ah pues no… (me dijo), usted es de Costa Chica.

Y pues me tomé el mezcal en ayunas y luego me explicaron que era para que se cortara la grasa del pozole.

Siempre habrá un buen pretexto para degustar el mejor mezcal sobre la tierra, el de Guerrero.

Pero el “néctar de los dioses” como yo le llamo, hay que tomarlo con respeto.

Recuerdo que en mi primer gobierno acudí a inaugurar la expo feria de mi tierra querida Ometepec, uno de mis colaboradores de quien no voy a mencionar su nombre para no apenarlo, tomó tal cantidad de mezcal “El Tecuán”, que al ver los ejemplares tan bellos que se exponen de nuestra orgullosa ganadería  se “apalabró” como decimos en la costa con un destacado ganadero, a quien preguntó: ¿cuánto vale ese semental suizo?

–70 mil pesos –le contestó un ayudante del ganadero… Ya extasiado con los efectos del rey Baco le dijo: –ya es mío, apártamelo, mañana te lo pago. Le dijo con una gran seguridad y empezó a acariciar al animal como si ya lo tuviera en su rancho.

Al siguiente día, padeciendo la cruda moral y física, acudió con el ganadero para decirle: –discúlpame hermano, siempre no te voy a comprar el toro, lo que pasa es que estaba bien borracho y no supe lo que te dije.

El ganadero lo tomó con mucho sentido del humor: –no te preocupes hermano, es que al mezcal hay que respetarlo.

Pero yo sigo afirmando que para todo mal, mezcal y para todo bien, pues también.

La vida es así…