25 julio,2022 5:02 am

Miguel Ángel Gutiérrez Ávila, a 14 años de su asesinato

Román H. Rivas

 

Han pasado 14 años desde aquel 25 de julio de 2008 en que el cuerpo del antropólogo Miguel Ángel Gutiérrez Ávila fue encontrado sin vida a la orilla de la carretera federal 200 en el tramo Las Cruces-Pinotepa Nacional, muy cerca de Caridad, San Marcos, Costa Chica de Guerrero.

Miguel Ángel venía regresando de Xochistlahuaca, en donde había documentado la danza del tigre y el intento de desmantelamiento de la Radio Ñomndaa por parte del gobierno federal de Felipe Calderón Hinojosa. Justo antes de partir dejó algunos ejemplares de su último libro La historia del estado de Guerrero a través de su cultura, en especial un ejemplar entregado a un compañero de la Radio Ñomndaa reivindicaba en su dedicatoria el compromiso con la libre determinación y autonomía de los pueblos originarios con la que tanto colaboró. Las palabras de esa dedicatoria fueron quizás las últimas que escribió.

Personalmente nunca tuve la oportunidad de platicar con Miguel Ángel. Le conozco por lo que nos dejó ver en Derecho consuetudinario y derecho positivo entre los mixtecos, amuzgos y afromestizos de la Costa Chica de Guerrero (CNDH, 1997); Déspotas y caciques, una antropología política de los amuzgos de Guerrero (UAGro, 2001); y La historia de Guerrero a través de su cultura. Una perspectiva antropológica (UAGro, 2008). Otra parte del retrato que tengo de Miguel Ángel ha sido construido a través de historias que he escuchado de compañeros de la Radio Ñomndaa y de ejidatarios de Xochistlahuaca, quienes guardan recuerdos de colaboración y compromiso con el ejercicio del derecho a la libre determinación de los pueblos originarios.

Sin embargo, la imagen más clara que he podido hacerme del Dr. MAGA es la que Aurelio Vázquez Villanueva nos presenta en Miguel Ángel Gutiérrez Ávila. Un antropólogo por los caminos del Sur (UAGro, 2019), donde relata aventuras, peripecias y pasiones compartidas con el equipo de Extensión Universitaria de la Universidad Autónoma de Guerrero, entre otras historias que revelan un perfil más preciso de quien fuera un investigador que tenía como principio la acción y la participación social comprometida.

Fue precisamente a partir de escuchar la presentación de este libro que tuve oportunidad de dialogar con el Dr. Aurelio, quien me sugirió buscar el lugar en donde fue hallado sin vida el cuerpo de Miguel Ángel Gutiérrez Ávila para verificar el estado actual en que se encuentra la cruz que da testimonio del lugar en el que fue asesinado, y principal motivo por el que decidí escribir el texto que viene usted leyendo.

Fue así que el sábado 16 de octubre de 2021 me dediqué a caminar entre los kilómetros 71 y 73 de la carretera federal 200, entre las localidades Caridad y El Roble, que fueron las referencias que el Dr. Aurelio me dio para ir en busca del testimonio. Habían pasado ya algunas horas de haber caminado entre el monte crecido a la orilla de la carretera, cansado y con el ánimo un poco decaído por no haber conseguido el propósito de mi recorrido, pedí, no sé a quién o a qué, que me diera una señal… y llegó.

En una camioneta blanca estacionada a la otra orilla de la carretera estaba el profesor jubilado Nicolás Hernández García, quien dio su servicio en la Preparatoria Nº 21 de la UAGro, en San Marcos. Creo que le parecí sospechoso porque me observaba fijamente desde su camioneta, y en estos tiempos, cualquier persona ajena caminando entre el monte a la orilla de la carretera, es definitivamente sospechoso. Debo confesar que a mí también inquietó, sin embargo,  me acerqué para preguntar si él tenía referencia de la cruz de Miguel Ángel, y vaya sorpresa.

El profesor Nicolás comentó que el lugar en donde encontraron el cuerpo sin vida de Miguel Ángel fue justo en los límites de su terreno. “En donde estamos parados aquí estaba el cuerpo y como a 80 metros la unidad automotriz sobre la carretera. No se desbarrancó, la unidad quedó sobre la carretera y el cuerpo debajo de la carretera”, me dijo. Sobre la cruz de Miguel Ángel, el profesor Nicolás comentó que “lo más probable es que con la ampliación de la carretera la maquinaria arrasó con ese testimonio”.

Tiempo después, en el marco de la implementación del último Fondo Mixto Conacyt -Estado de Guerrero, “Impulso a redes de colaboración social-científico-tecnológica en el Estado de Guerrero, mediante el fortalecimiento de nodos regionales de incidencia socioambiental”, mejor conocido como Telar (Tejidos Locales Agroalimentarios en Red), regresamos a la parcela del profesor Nicolás, para un encuentro con comunidades de aprendizaje que trabajan alrededor de las agroecologías y biotecnologías para el bien común, estuvieron la Comunidad de Aprendizaje Campesino “4 Pueblos” del programa Sembrando Vida de Caridad, San Marcos; colectivos de jóvenes por la agroecología de Xochistlahuaca, el colectivo Trágame Tierra de Costa Grande, estudiantes y docentes de la Universidad Autónoma de Chapingo, así como docentes y estudiantes del Centro Regional de Educación Superior Cruz Grande de la UAGro.

Aquel 30 de abril de 2022 al entrar a la parcela del profesor Nicolás encontramos la cruz que tanto habíamos estado buscando y que creíamos desaparecida.

La cruz está abandonada, oxidada, maltratada, oculta entre ramas, hierbas secas y basura. Este es uno de los motivos principales por los que decidí escribir este texto, porque me parece una analogía del estado actual que guarda la investigación del asesinato de Miguel Ángel Gutiérrez Ávila, olvidada, mutilada, oculta. Es necesario volver a tenerla presente, es necesario que deje de haber impunidad en este y otros casos de violencia que ocurren en Guerrero y otras partes de México, es necesario que haya justicia.

La memoria del Dr. MAGA está presente y vive en sus amigos, compañeros y compañeras, en sus obras, en la investigación, acción y participación que motivaron sus pasos y desvelos. No es fortuito que en el lugar en donde cayó Miguel Ángel Gutiérrez Ávila hoy sea el punto de encuentro de hombres y mujeres, jóvenes y viejos que seguimos investigando, accionando y participando para que exista una vida libre y digna para nuestros pueblos, con soberanía alimentaria, energética y salud comunitaria, motivados por las agroecologías, las biotecnologías y, sobre todo, el bien común.

 

* Profesor-investigador del proyecto Tejidos Locales Agroalimentarios en Red en la Costa Chica.