18 marzo,2019 12:56 pm

Modelo a los 100 años  

Ingeborg Wolf lleva un suéter de cachemira azul claro con un collar de perlas, está bien maquillada y reboza energía. Por la mañana pasó una hora en el gimnasio. “Lo único que salva en la vejez es moverse, moverse y moverse”, dice.
Una modelo de 103 años, un profesor de natación de 101, un fontanero que a los 100 años se convierte en artista, un hombre de 102 años que acaba de echarse novia y una mujer de 116 años que tiene la agenda más llena que el papa.
Karsten Thormaehlen lleva más de 10 años fotografiando a personas que han logrado una vida de tres dígitos. Al fotógrafo se le ilumina el rostro cuando habla de sus modelos.
Ingeborg Wolf, modelo alemana de cien años.

Una de ellas es Ingeborg Wolf. Esta mujer de 103 años, residente en el área metropolitana de Fráncfort, va al gimnasio, diseña interiores, conduce sin gafas y, desde hace poco, también posa como modelo para una campaña publicitaria con la que un fabricante de ropa celebra su 100 aniversario. El pie de foto de la señora Wolf reza: “El estilo no se acaba a los 100 años”.
Su apartamento en una residencia de ancianos está amueblado y decorado con muy buen gusto y elegancia: antigüedades y objetos de diseño clásico, así como obras de arte moderno y oriental responden a un armonioso concepto de colores.
La simpática dama lleva un suéter de cachemira azul claro con un collar largo de perlas, está bien peinada, discretamente maquillada y reboza de energía. Por la mañana pasó una hora en el gimnasio. “Lo único que salva en la vejez es moverse, moverse y moverse”, dice.
Wolf es una de las 15 mil personas en Alemania que tienen más de 100 años de edad. El número de centenarios está creciendo rápidamente en todo el mundo. En 2000, 59 personas por millón de habitantes en Europa tenían más de 100 años, en 2015 eran 150, y en 2030 podrían llegar a ser 343, según las estimaciones.
No todos ellos se sienten tan bien como Ingeborg Wolf, pero sí mejor de lo que algunos podrían esperar. El “Segundo Estudio sobre Centenarios” de la Universidad de Heidelberg reveló que más de la mitad de los ancianos que participaron en la investigación no tenían o sólo presentaban limitaciones mentales menores.
Por otro lado, todos los centenarios encuestados declararon tener problemas de salud física.
A sus 53 años, Thormaehlen apenas supera la mitad de edad de sus modelos. El fotógrafo residente en Wiesbaden tiene un estudio en Fráncfort y es un experto muy solicitado cuando se trata de personas mayores.
Sus trabajos han sido expuestos en más de 50 muestras en todo el mundo, y la editorial muniquesa Knesebeck acaba de publicar su tercer libro con retratos de ancianos: 100 Jahre Lebensglück (100 años de felicidad).
El impulso inicial le llegó cuando en un periódico de provincias vio una foto “técnicamente muy pobre e indigna de este logro de vida” de un centenario local en su fiesta de cumpleaños.
Fue así como le sugirió a su agente hacer una serie con centenarios, y comenzar con la abuela de ésta, de 102 años.
“Estaba completamente perplejo de lo ágil que era la dama”, dice sobre la primera fotografía de la serie. Esta experiencia se repetiría a menudo en los 12 años siguientes. El fotógrafo quedó “impresionado” con muchos de los ancianos que conoció.
No hay duda de que Ingeborg Wolf debe haber sido una persona impresionante durante toda su vida. Nació en 1915 en un lugar que hoy pertenece a Rusia y vivió más tarde en la ciudad alemana de Rostock. Casarse y convertirse en madre y ama de casa no era una opción para ella.
“Tenía ambiciones”, explica. Estaba muy interesada en la moda y en los años 1950 estudió diseño de interiores, más tarde dirigió un negocio de muebles y decoró apartamentos para amigos, conocidos y familiares.
“Vivo sola, pero no estoy sola”, dice esta mujer de 103 años, viuda desde hace tres décadas. Se casó tarde con un médico y no tiene hijos. “Tengo un gran círculo de amigos que me dedico a mantener”. Como ya no puede visitarlos, les escribe cartas –manuscritas–.
A la sesión de fotos para el fabricante de ropa en Berlín la acompañó una sobrina. El contacto para ello se lo proporcionó el fotógrafo Thormaehlen.
Las empresas, los medios de comunicación o las instituciones que buscan a personas mayores recurren a él con frecuencia. Su abultada libreta de direcciones con centenarios es actualizada regularmente.

Al cumplir 100 años, Ingeborg Wolf escribió sus memorias, por supuesto también a mano. Su sobrina se encargó de teclear el texto en el ordenador. Esa caja tan fea y llena de cables no es lo suyo, confiesa la anciana, si bien se considera capaz de aprender a manejarla: “No es que los viejos ya no fuésemos capaces de aprender cosas nuevas”.
En las fotos que adornan las paredes de su apartamento se pueden ver una joven a caballo, un antiguo prometido que murió en la Segunda Guerra Mundial, una joven de aspecto atrevido al estilo Audrey Hepburn, una de más edad con el cabello alborotado por el viento. “La verdad es que podría escribir novelas …”
Texto: Sandra Trauner / Foto: Frank Rumpenhorst, DPA