
La cinta, ópera prima de la directora Natalia López Gallardo, llega a los cines el 9 de marzo, tras ser reconocida en el Festival de Cine de Berlín el año pasado
Ciudad de México, 24 de febrero de 2023. Escuchar historias de la gente en Morelos y el país fue la inspiración para la película Manto de gemas –sobre la crisis de desapariciones actual–, de la directora Natalia López Gallardo, por lo que al elegir elenco, la cineasta decidió que, fuera de Nailea Norvind, ya que recurría a lo que podían transmitir actores naturales, sin experiencia previa.
Juan Daniel García sólo había actuado en Ya no estoy aquí, de Fernando Frías, y tenía intenciones de no volver a actuar cuando le llegó la oportunidad de unirse al filme, el cual describe como un proyecto fortalecido por las relaciones que formaron las personas.
“Me dijeron que el 99 por ciento de los que iban a trabajar en la película no eran actores, entonces pensé: ‘¡A huevo, qué chido. Vamos’. Cuando llegué a conocer a todos los chavos, todos eran bien relajados, en Tepoz (Tepoztlán) así es la banda, super chida, super todo está bien, super chill todo.
“La conexión con todos los chavos fue súper natural, cada quien empezó a contar sus anécdotas, chistes. Eso fue todo lo que utilizamos para abordar cada escena desde el mame, desde lo que sabíamos uno del otro”, recordó García Treviño.
En el filme, María (Antonia Olivares) busca a su hermana desaparecida y, ante la indolencia de muchos, quien decide ayudarla es Isabel (Nailea Norvind). La historia de ambas se junta con la de la comandante Roberta (Aída Roa), que se siente desesperada porque su hijo (Daniel García Treviño) quiere entrar al mundo del narcotráfico.
Para su ópera prima, que llega a cines el 9 de marzo tras ser reconocida en el Festival de Cine de Berlín en 2022, López trabajó de cerca con su elenco para explicarles emociones, cuestionarlos y así llegar a lo que buscaba en sus proyectos.
El trabajo de Norvind, su protagonista, fue no sobrepensar, pero su experiencia como actriz fue clave para que sus compañeros se sintieran apoyados para ejercer la profesión frente a las cámaras.
“Yo me pongo en esa disponibilidad de vivir y ya sea que me pongan enfrente un actor que ha trabajado 10 años o sólo ese día, me siento en el mismo lugar. Es una cuestión de en ese momento conectar con quien tienes presente y, afortunadamente, de eso se trató”, recordó Norvind.
“Sin embargo yo les podía ayudar a ellos a transmitirles algo que tal vez ellos lo saben, como forzar su herramienta a un nivel emocional determinado. En el caso de Antonia Olivares, que era con quien más tenía escenas, le pedía la directora algo y en ese momento le daba la mano. Se siente bonito saber que uno no está para lucirse, sino para ver qué le puedes dar a tu compañero”.
Texto: María Fernanda Téllez / Agencia Reforma


