
Ciudad de México, 11 de febrero de 2023. Entre el apretado grupo de cámaras, micrófonos y artistas internacionales, una señora se abre camino hacia Gabriel Orozco con una sencilla inquietud: “Oiga, yo no soy medio, soy una persona normal, pero quería preguntarle cuándo van a acabar”.
Acostumbrado ya a las preguntas sobre tiempos de entrega, presupuestos y decisiones administrativas, el artista, coordinador del megaproyecto Chapultepec, Naturaleza y Cultura, capotea la pregunta con cierto colmillo político.
“El puente ya está terminado”, le dice con una sonrisa triunfal, al inicio de un recorrido para invitados especiales de la feria de arte Zona Maco por la recién inaugurada Calzada Flotante, obra que, bajo su diseño, une la Primera y Segunda secciones del Bosque por encima del Periférico.
La ciudadana, sin embargo, se refería a la vecina Glorieta de la Lealtad, afuera de Los Pinos y en una de las subidas al puente, visiblemente en obras, con una excavadora y una decena de trabajadores laborando en su circunferencia.
“(La glorieta), no sé. Ya sabe cómo somos de atrasados todos. Siempre vamos a estar un poquito en construcción aquí, pero pienso que en tres semanas acaban”, responde, y la señora se va satisfecha.
Orozco (Ciudad de México, 1962), uno de los artistas mexicanos con mayor proyección y prestigio internacional, es ahora proyectista de una de las obras prioritarias de infraestructura de la Administración actual, de la cual forma parte la Calzada Flotante.
“Veo que nadie trajo sombrero. Somos bien mexicanos en eso, ¿verdad?”, dice al grupo internacional de curadores y artistas que invitó a recorrer su obra en esta primera etapa, cuando los árboles que atraviesan el piso de la puente, preservados por la construcción, todavía no dan sombra.
En un sentido metafórico, Orozco lleva, al menos, dos sombreros a la mano: el de creador vanguardista y el de urbanista con sentido ecológico que, tal vez muy a su pesar, muchos consideran un “funcionario público”.
Su grupo de colegas lo hacen portar el primero de ellos; los ciudadanos y periodistas, el segundo.
“El puente, desde una perspectiva de gente interesada en el arte contemporáneo, uno lo que ve es como una escultura pública, o como un espacio público diseñado para ser transitado, para ser usado, no una escultura como un monumento, sino una escultura como una plataforma funcional”, explica.
“Es un espacio público, una inversión, lo saben ustedes, del dinero de ustedes, para generar un paseo”, apunta, “cambiando de sombrero” de un momento al siguiente.
Una escultura lineal
En la comitiva de Zona Maco se encuentra la iraní Nairy Baghramian, creadora que, como Orozco, es representada por la galería mexicana Kurimanzutto y la neoyorquina Marian Goodman.
“La intervención es muy sutil, pero también muy funcional”, valora la artista, caminando a medio camino entre ambas secciones del Bosque, con el escándalo de Periférico bajo sus pies.
“El puente abraza todos los elementos y todas las decisiones estéticas por las que él (Orozco) es tan famoso”.
Así ocurre con el trazado de óculos y nodos que el artista ha hecho su sello en piezas de diversos formatos, aquí replicados a los largo de los 350 metros de longitud en la obra de infraestructura que llama “escultura lineal”.
El megaproyecto Chapultepec, con múltiples obras que se llevan a cabo al mismo tiempo, tendrá un costo total de unos 8 mil 700 millones de pesos, con 302 de ellos usados para la nueva calzada.
Es por ello que, como ocurrió con la señora que lo abordó antes, Orozco enfrenta seguido preguntas sobre el término de las obras.
“La verdad es que yo no he tenido ese tipo de prisas porque, lo he dicho desde un principio, (es como) construir un jardín, que es un poco más difícil de calcular los tiempos de siembra, de cosecha, y aquí estamos hablando de un proyecto que es, al mismo tiempo, de reforestación, rehidratación y construcción de infraestructura urbana”, responde a la prensa al respecto.
Abrazado con sus colegas artistas, Orozco dirige la fotografía conmemorativa del recorrido con una frase que conlleva cierta picaresca: “Pongan cara de visionarios culturales”, levantando su sombrero por encima de su cabeza.
Mientras tanto, los ciudadanos continúan apropiándose de la obra, como muestra un nutrido grupo de ciclistas y peatones que ya la transitan, o incluso la presencia de algunos stickers y grafitis que ya destacan sobre su superficie.
“Obviamente (es una calzada que) tiene que ser usada y evolucionará como evolucionan muchas esculturas públicas, muchos espacios de tránsito abiertos las 24 horas, gratuitos”, zanja el artista.
Texto: Francisco Morales V. / Agencia Reforma


