4 febrero,2026 8:51 am

“Para ser vanguardista, debes ser arcaico”, plantea la artista siria Simone Fattal

Aunque sus figuras en piedra y arcilla parecen vestigios de un pasado remoto, la escultora asegura que su trabajo es una mirada profunda al hombre de hoy y no un ejercicio arqueológico

Ciudad de México, 4 de febrero de 2026. A primera vista, las esculturas de Simone Fattal parecen haber llegado de una época lejana, antigua y ancestral, cuando la figura humana apenas comenzaba a ser representada en la piedra o la arcilla.

No obstante, esta evidente mirada hacia el pasado remoto, a las primeras civilizaciones, dista mucho de ser arqueológica.

“Absolutamente no. Mi trabajo es sobre el hoy. Habla sobre el presente y sobre el hombre de hoy, aunque tiene una forma que se ve antigua; una forma arcaica”, explica en entrevista.

“Giorgio Agamben, el filósofo italiano, decía: ‘Si tú quieres ser extremadamente vanguardista, debes ser arcaico’”, parafrasea.

“Ahora, no estoy diciendo esto sobre mí misma, pero algunas personas han descrito mi obra de esa manera, y sí lo reconozco en mi vida y en mis elecciones: he sido un tanto ‘vanguardista a la antigua’”, añade, afable.

Testimonio de ello es el contraste armónico que se ha creado entre sus tres esculturas de bronce, instaladas desde ayer en la explanada del Museo Jumex, y la fachada del recinto, diseñada por David Chipperfield.

Hoy considerada una de las artistas más influyentes a nivel internacional, Fattal (Damasco Siria, 1942) lleva consigo las imágenes y la cultura de su infancia y juventud en Líbano, y una pasión por las culturas antiguas por sus estudios de filosofía y arqueología en Francia.

“Estas formas habitan en mí y quiero que se sepa que están vivas, porque están vivas. No podemos olvidarlas”, elabora.

Bajo la consigna personal de que las esculturas están hechas para mostrarse en exteriores, en el espacio público, la artista seleccionó su obra Adán y Eva para habitar la explanada del Jumex.

Aunque esta versión particular en bronce es de 2021, el conjunto de dos figuras es, de hecho, la segunda obra escultórica realizada por Fattal, quien inició su carrera como pintora en Beirut a finales de la década del 60, pero que tuvo que huir a Estados Unidos en 1980 a causa de la guerra civil de Líbano.

Si bien su trabajo pictórico estuvo plenamente volcado hacia la abstracción, al iniciar su trayecto en la escultura en el San Francisco Art Institute, en 1988, la figura humana emergió de súbito y se quedó para siempre en su obra.

“Aunque fueron de mis primeras piezas, creo que (Adán y Eva) alojan en sí mismas todo lo que vino después. Están llenas de significado, llenas de mensaje, y son emblemáticas: contienen la imagen de mi obra”, plantea.

En aquella época, Fattal estaba inmersa en el estudio del misticismo islámico, tradición en la que Adán es considerado un profeta.

“Y es muy alto, así que quería darle esa imagen de altura, además de ser un hombre despreocupado, vital y feliz, como todos los jóvenes”, perfila.

“La mujer (Eva), por otro lado, es pesada, carga con los hijos y con la preocupación de que algo va a suceder. Como ves, son muy distintas maneras de mostrar a un hombre y a una mujer”, evalúa.

Todos los hombres y mujeres que siguieron a su Adán y Eva tienen algo de estos personajes prototípicos, terrosos y antiguos, que parecieran haber sido esculpidos en el costado de un peñasco.

La representación que Fattal hace de la figura humana del mundo antiguo proviene también de haber crecido en un contexto de guerra, como ejemplifica a partir de un poema de Etel Adnan (1925-2021), su pareja: “Las personas antiguas van a venir a luchar por nosotros, porque hemos perdido la guerra”.

La otra pieza que permanecerá hasta el 1 de marzo en la explanada del Jumex es Door (Puerta), que no ha mostrado anteriormente, pero que concibió en Grecia, en 2006, pensando también en las guerras sin fin del mundo.

“Durante la guerra, dos cosas pasan: no puedes caminar mucho y no puedes salir; no puedes escapar. Y esta puerta no está ni abierta ni cerrada”, reflexiona.

Originalmente moldeada con arcilla, la puerta está atravesada por clavos, como una imagen con cierta violencia que recuerda los umbrales peligrosos que esperan a aquellos que, como la propia artista, deben migrar de manera forzada de sus países.

Ganadora del Premio Internacional de Arte Contemporáneo (PIAC) 2025 de la Fundación Príncipe Pierre de Mónaco –que hizo posible la muestra en México, y a cuya apertura acudió la Princesa Carolina de Mónaco, como presidenta de la fundación–, la artista ha tenido ya encuentros con la escultura mesoamericana en una visita al Museo Nacional de Antropología.

Para Fattal, sin embargo, las imágenes del pasado remoto de la humanidad no se han ido a ningún lado, y se alojan en las personas del presente aunque éstas, a veces, lo ignoren.

Francisco Morales / Agencia Reforma