29 septiembre,2025 5:08 am

Poco que celebrar hoy en el Día Nacional del Maíz, el grano que da identidad a México, coinciden  

Su producción nacional ha bajado de 27 millones de toneladas entre 2019 y 2023, a 23 millones en 2024, al tiempo que las importaciones han ascendido de 17 millones en 2020, a casi 24 millones de toneladas en 2024

(Primera de dos partes )

Tlapa, Guerrero, 29 de septiembre de 2025. Hoy es el Día Nacional del Maíz y habrá múltiples eventos para celebrar esta planta instalada en el corazón y la raíz de la alimentación y la identidad pluricultural del pueblo mexicano.

Lloverán las explicaciones para justificar la caída de la producción nacional, que ha pasado de 27 millones de toneladas entre 2019 y 2023, a 23 millones en 2024; al tiempo que las importaciones de este grano básico han pasado de 17 millones de 2020, a casi 24 millones de toneladas en 2024.

Lloverán, también, los reclamos para que se consolide la histórica demanda colectiva que frenó la importación de maíz genéticamente modificado; para que se frene la importación de pesticidas dañinos, para que las políticas sean realmente de fomento y no solo asistenciales.

Y más reclamos, sin duda, como lo hace aquí Arturo García Jiménez, para que la presidenta Claudia Sheinbaum cumpla los acuerdos firmados con organizaciones campesinas en Chinameca, el 10 de abril de 2024; al tiempo que cuestiona el “desconocimiento de la realidad del campo” de Julio Verdegue, titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader).

Se recordará, por otro lado, el imperativo cultural de resguardar los maíces nativos, y sus más de 60 razas y cientos de variedades, con las que se pueden elaborar cientos de alimentos, recordando que la mejor manera de proteger esos granos ancestrales es consumiéndolos, como nos dice Marcos Basilio, destacado agroecólogo.

Pero también la fecha es propicia para recordar que el maíz es mucho más que toneladas y costales, más que protestas de encapuchados que lo infiltran todo, y más que el estira y afloja para alcanzar políticas justas para el campo. Para recordar, en fin, que el maíz es la vértebra sobre la que se articula la ancestral ritualidad mexicana, muy viva en sus pueblos indígenas, y fusionada a lo largo de siglos con el politeísmo disfrazado de la herencia colonial católica.

Guerrero ha sido clave de esa dilatada historia del maíz. Dicen los especialistas que  se trata de uno de los lugares donde el maíz se domesticó, o se creó, mejor sea dicho, a lo largo de cientos y miles de años de selección y adaptación, especialmente en la Montaña guerrerense, una buena cuna para el grano.

Durante cientos de generaciones se ha resguardado esa enorme herencia genética, mediante el cultivo y conservación de razas de maíz nativo, que se han ido moldeando a clima, suelos y altitud, siempre condimentadas con diversos rituales donde intervienen el Sol y la luna, la lluvia y las estrellas, el cerro y la cueva, y diversos santos que sustituyeron a las antiguas deidades que moraban en esta geografía montañosa.

Pero el maíz también es objeto de política. De los que dicen defenderlo sin haber levantado una sola planta en su vida; como de los que han luchado por la tierra y por mejores políticas públicas que hagan más llevadera la vida de los productores y productoras de carne y hueso. Como de los que entienden el sentido civilizatorio de preservar la variedad de colores, tamaños y sabores de ese grano de hechura divina, según dicen los creyentes, que son la mayoría de sus sembradores y sembradoras.

Algunos adelantaron modestos festejos, desde Hulchiltepec, en la zona nahua central de Guerrero, hasta Nurío, en el corazón de la sierrra purépecha, pasando por el Monumento a la Revolución que, en Ciudad de México, celebraron su Feria del Maíz y la Agrobiodiversidad, entre muchos más.

El Sur ha consultado a cuatro especialistas para este reportaje. Dos campesinos, uno n´aa savi y otro nahua, uno de ellos centrado más en la ritualidad; y a dos profesionistas y promotores de organización campesina, con más acento uno de ellos en lo político, y otro, centrado más en cierta dimensión cultural del grano.

La presidenta no le está cumpliendo al campo: Arturo García

La presidenta Claudia Sheinbaum no está cumpliendo el acuerdo que firmó con organizaciones campesinas el 10 de abril de 2024, en Chinameca, Morelos, durante su campaña presidencial, pues sus políticas hacia el campo están llevando a una “caída drástica en la producción en todo el país”, de la mano de un secretario de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) que “desconoce la realidad”, asevera Arturo García Jiménez, líder campesino de larga trayectoria.

Y es que “si en verdad” la presidenta quiere cosechar soberanía alimentaria, tiene que sembrar políticas públicas, organizaciones campesinas, acompañamiento técnico y financiero, pero no lo vemos, señala.

Entre otras cosas, el acuerdo firmado establecía un “fuerte impulso” a la agroecología, la prohibición del maíz transgénico, el impulso e integración de cadenas productivas, servicios financieros, asistencia para comercialización, “pero ya pasó un año, y estamos cosechando una caída de la producción, especialmente en el norte”.

Lo ilustra con el incremento en importaciones de maíz, que durante el presente año, con corte a agosto, asciende a 15 millones de toneladas. “Ahí está Sinaloa, el granero de maíz blanco, que cayó de seis a dos millones de toneladas, y por eso hay un gran descontento en los agricultores del norte”.

Se trata de un descontento que, a decir suyo, será germen de un gran movimiento campesino encabezado por los productores maiceros del norte del país. “En Sinaloa ya inició, inclusive están pidiendo la cabeza del titular de Sader, y creo que va a crecer a los tamaños del movimiento El campo no aguanta más”.

Y es que el secretario “es un personaje estudiado, conoce bien las agriculturas latinoamericanas, pero no conoce la realidad de nuestro país”, dice García Jiménez.

Finalmente asegura que la estadística está falseada, pues el Sistema de Información Agrícola y Pecuaria (SIAP), “está en liquidación”, y sus datos, por ejemplo para Guerrero, son falsos a todas luces.

El SIAP dice que “tenemos una producción anual de 1.4 millones de toneladas de maíz, pero son datos sin fundamento”, pues serían proyecciones del programa de Fertilizantes, donde dicen que apoyan 500 mil hectáreas a un rendimiento promedio de 2.8 toneladas por hectárea, “cuando sabemos que los padrones de productores están inflados y que la frontera agrícola no ha crecido”, estima.

Hablar con el arado y el machete, pedirle permiso a la tierra

En muchas comunidades se siguen bendiciendo las yuntas, las semillas, las herramientas, la tierra. “Se habla con la coa y el machete, para que no sean agresivos con uno, sino que sean buenos acompañantes para trabajar juntos, porque desde antes, los antepasados imaginaban que las herramientas eran como seres vivos, que les tenías que pedir permiso o decirles: bueno, vamos a trabajar ya”, y las bendecían junto al arado y el bule de agua, comenta Santiago Villanueva Navarrete, campesino nahua, promotor de prácticas agroecológicas y rezandero tradicional.

Muchas ceremonias se han ido perdiendo, reconoce. “En mi pueblo, El Jagüey, Lugar de manantiales, se hacían toros de madera y hacían el simulacro de que se peleaban, como los tigres de Zitlala, pero era pelea de güeyes”, pero como después ya con el aguardiente o el mezcal terminaban peleando las personas, se suspendieron.

Antes del 15 de mayo, en algunos manantiales y cerros se sigue haciendo la petición de lluvia. “La llave de todo. Nosotros vamos al cerro Tezquitín, y también hacemos intercambio de semillas”, informa en entrevista con El Sur.

“Ahí hay pedidores, como yo, que hacemos oraciones para que las semillas de maíz, de calabaza y frijol queden benditas”, y se reparten con los presentes, que las llevan a sus casas y las revuelven con el resto que van a sembrar. “Se cree que esos granos ya vienen sagrados, porque bajan del cerro”, dice el líder espiritual.

Dice que los rituales varían entre comunidades, pues otros van a cuevas, donde hay piedras que parecen mazorcas, y allí se hacen las ceremonias, para pedir buen temporal y buena cosecha.

En este mes, el día 14 de septiembre, “se dice que llega la ropa del elote, que el elote es bebé, es jilote y se le pone cruz en la milpa”, aunque también se hacen ceremonias en las casas, con el maíz que se tiene almacenado, al que se le prenden veladoras y se le ofrenda comida como atole y pan, porque ese día “no se comen tortillas ni tamales”, dice, sino solo pan y atole de avena o arroz, “porque se cree que no se puede comer el maíz porque se le está ofrendando”.

Y también se le hacen ceremonias al maíz viejo, porque se dice que está esperando al que viene, a la nueva producción, la nueva cosecha, y por eso la mayoría de la gente no se termina su maíz, “para que el viejito espere al nuevo que viene. Así se cree que la pobreza no entra nunca, porque cuando te terminas todo tu maíz, te desesperas, entras en crisis, te chupa la pobreza, se espanta el maíz, se va, señala.

Muchos salen a las casas a pedir elotes, pan, refrescos, lo que te den. Cuando se puede llevan guitarra, violín, música y bailan “y barren, barren muy bien, porque se cree que barren la pobreza, la miseria”. Eso es el Día del Maíz, y en realidad, no solo del maíz, sino de la abundancia.

Santiago acompañó desde niño a su abuela, que era rezandera. Y desde muy joven practica y le han aceptado sus ceremonias, con las que acompaña todo el ciclo, pasando también por la selección de semillas, como lo veremos luego con otro experto, junto a un campesino que sabe que los espantapájaros ya no espantan a nadie.

Martín Equihua