
Octavio Klimek Alcaraz
La introducción de grandes animales de agua dulce fuera de sus áreas naturales de distribución se ha convertido en un fenómeno global con consecuencias ecológicas, sociales y económicas de gran alcance. Esturiones, grandes salmónidos, carpas, tortugas y cocodrilos han sido trasladados deliberadamente a regiones donde no existían originalmente, impulsados por su alto valor comercial, su utilidad en la acuicultura y la pesca deportiva o su atractivo como especies ornamentales y mascotas exóticas. No obstante, aunque estas prácticas suelen justificarse por los beneficios que prometen, sus efectos negativos sobre la biodiversidad nativa y sobre las comunidades humanas que dependen de ecosistemas de agua dulce saludables han sido, hasta ahora, insuficientemente evaluados.
Si bien numerosos estudios han documentado el impacto de las especies invasoras sobre la biodiversidad, todavía es limitado el conocimiento acerca de cómo estas introducciones afectan de manera directa la salud, los medios de subsistencia y la vida cotidiana de las personas. Con el objetivo de reducir esta brecha de información, un equipo internacional de investigadores encabezado por Fengzhi He, del Instituto Leibniz de Ecología de Agua Dulce y Pesca Continental (IGB) en Berlín, publicó el 6 de marzo de 2026 un estudio en la revista científica One Earth. La investigación presenta el primer conjunto de datos global diseñado para analizar de forma sistemática los efectos positivos y negativos de la megafauna exótica de agua dulce sobre las sociedades humanas (https://www.cell.com/one-earth/fulltext/S2590-3322(26)00024-2).
Para ello, los autores desarrollaron un nuevo sistema de puntuación de impactos que integra diversos marcos conceptuales existentes, lo que permitió evaluar los efectos de estas especies considerando tanto su tamaño como la naturaleza de sus interacciones con las personas. Este enfoque ofrece una visión más completa del problema y permite comprender mejor la complejidad de las consecuencias asociadas a la introducción de grandes animales exóticos en ecosistemas acuáticos.
El estudio señala que más de 37 mil especies han establecido poblaciones fuera de sus áreas de distribución natural, y que más de 3 mil 500 de ellas son consideradas invasoras, es decir, especies alóctonas que se dispersan y generan impactos negativos documentados sobre la biodiversidad, los ecosistemas o las personas. Estas especies invasoras han contribuido a más del 50 por ciento de las extinciones de vertebrados registradas desde el año 1500, lo que las convierte en uno de los principales motores de la pérdida global de biodiversidad.
Los ecosistemas de agua dulce resultan particularmente vulnerables a este fenómeno debido a su estrecha relación con las actividades humanas. En muchos casos, las personas liberan mascotas exóticas en ríos y lagos, o introducen especies foráneas con fines ornamentales, para mejorar la calidad del agua, fomentar la pesca deportiva o desarrollar proyectos de acuicultura. A estas acciones se suman las introducciones accidentales, como las que ocurren a través del agua de lastre de los barcos, así como la propagación facilitada por el aumento del tráfico fluvial y por la interconexión artificial de cuerpos de agua mediante canales y redes hidráulicas.
Los impactos socioeconómicos derivados de la introducción y expansión de especies exóticas de agua dulce están ampliamente documentados. Un ejemplo emblemático es el del lirio acuático (Pontederia crassipes), una planta originaria de Sudamérica que se ha extendido por todos los continentes, deteriorando la calidad del agua, alterando los sistemas de riego y dificultando actividades como la pesca y el transporte. Otro caso es el del mejillón cebra (Dreissena polymorpha), introducido en los Grandes Lagos de América del Norte, cuyos efectos incluyen el bloqueo de infraestructuras hidráulicas y daños a embarcaciones y equipos. Entre 1980 y 2020, los costos globales asociados a la mitigación de estos impactos superaron los 19 mil 300 millones de dólares.
Dentro de este contexto, la megafauna de agua dulce –definida como animales con una masa corporal máxima superior a los 30 kilogramos y que dependen total o parcialmente de ambientes dulceacuícolas– ocupa un lugar destacado. Hipopótamos, grandes carpas, esturiones, bagres, salamandras gigantes, cocodrilos, tortugas y salmónidos han sido registrados fuera de sus áreas de distribución nativa en numerosas regiones del mundo. Megapeces, incluyendo la carpa común (Cyprinus carpio), la trucha marrón (Salmo trutta), el bagre africano (Clarias gariepinus), la carpa herbívora (Ctenopharyngodon idella) y la carpa plateada (Hypophthalmichthys molitrix), se encuentran entre las especies de peces de agua dulce exóticas introducidas en todo el mundo, mientras que grandes tortugas como la tortuga mordedora común (Chelydra serpentina) y la tortuga mordedora aligátor (Macrochelys temminckii) también han sido introducidas en varios países.
La introducción de estas especies suele responder a objetivos específicos, como el desarrollo de la acuicultura, el control biológico, la pesca recreativa o el comercio de mascotas. En algunos casos, estas prácticas generan beneficios económicos considerables. Por ejemplo, en Bangladesh, el policultivo de carpas y pangasius (Pangasianodon hypophthalmus) ha alcanzado márgenes de ganancia cercanos a los 12 mil 000 dólares por hectárea. Asimismo, diversas especies de megafauna de agua dulce se han popularizado como animales de compañía exóticos en distintos países.
Sin embargo, el estudio advierte que la creciente demanda de grandes animales de agua dulce para actividades recreativas y comerciales podría intensificar las introducciones en el futuro, lo que hace imprescindible comprender con mayor precisión sus posibles efectos. Los resultados muestran que, si bien estas especies pueden aportar beneficios como el suministro de alimentos y oportunidades recreativas, también generan impactos negativos complejos que con frecuencia superan las ventajas iniciales y afectan de manera desproporcionada a comunidades vulnerables.
Uno de los principales problemas asociados con la megafauna exótica es su impacto sobre las especies nativas. La competencia por recursos y la depredación pueden provocar fuertes disminuciones en las poblaciones locales, desencadenando efectos en cascada sobre los ecosistemas acuáticos. Estas alteraciones repercuten directamente en la seguridad alimentaria y en la estabilidad económica de las poblaciones que dependen de estos sistemas. Un ejemplo ilustrativo es la introducción de la perca del Nilo (Lates niloticus) en el lago Victoria, que, aunque impulsó un lucrativo mercado de exportación, redujo drásticamente la diversidad de peces nativos y afectó los medios de vida locales.
Los investigadores identificaron 93 especies invasoras de megafauna de agua dulce a escala global, lo que representa aproximadamente el 43 por ciento de las 216 especies conocidas de grandes animales dulceacuícolas por arriba de los 30 kilogramos. Más del 40 por ciento de ellas han sido introducidas fuera de su rango natural, con registros en 142 países y regiones de todos los continentes, excepto la Antártida. Estados Unidos encabeza la lista de países con mayor número de especies de megafauna de agua dulce introducidas, con un total de 52, seguido por China (28), Canadá (23), Rusia (19) y Bélgica (18) y Alemania (17). Estos datos reflejan que el problema no se limita a regiones en desarrollo, sino que afecta tanto a países industrializados como a economías emergentes.
A diferencia de los organismos acuáticos de menor tamaño, que suelen llegar de forma accidental, las especies de gran tamaño son introducidas mayoritariamente de manera deliberada, motivadas por expectativas de beneficio económico. No obstante, el estudio revela que casi la mitad de las especies para las que se han documentado beneficios también generan impactos negativos significativos.
Además de los efectos ecológicos y económicos, la introducción de megafauna exótica implica riesgos para la salud humana, daños a infraestructuras y accidentes asociados a actividades recreativas. Los costos de gestión y mitigación también pueden ser elevados, como ocurre con los hipopótamos africanos (Hippopotamus amphibius) introducidos en Colombia, cuya presencia representa tanto un atractivo turístico como una amenaza ambiental y social.
Los autores concluyen que, aunque la introducción de megafauna de agua dulce puede aportar beneficios puntuales, sus riesgos suelen ser subestimados y sus efectos negativos pueden manifestarse a largo plazo. Por ello, subrayan la necesidad de fortalecer la investigación, mejorar la comunicación de riesgos y aplicar evaluaciones rigurosas antes de autorizar nuevas introducciones. La adopción de enfoques integrales de evaluación permitiría diseñar políticas públicas más equilibradas para gestionar de forma responsable las especies invasoras en un mundo en constante cambio.


