17 abril,2018 6:56 am

Producción y distribución en la superación del atraso

Eduardo Pérez Haro

Para Enrique Sada.

 
Estados Unidos tiene un déficit en el comercio exterior de bienes con China cercano a los 400 mil millones de dólares, con Japón de poco más de 70 mil millones de dólares, con Alemania de poco menos de 70 mil millones de dólares y con México de más de 60 mil millones de dólares, de un déficit total cercano a los 800 mil millones de dólares, con lo cual se explica su disposición a enfrentar una guerra comercial cuyo primer disparo se reconoce en el establecimiento de impuestos a la importación de acero y aluminio en el orden de 25% y 10% respectivamente con dirección específica a China y Japón como principales países productores de estos metales y tras ello, amenaza con escalar a diversos productos que podrían representar hasta 150 mil millones de dólares, destacando productos de alta tecnología y algunos agrícolas como la soya. China responde que haría lo propio, aunque en una proporción menor en su equivalencia dineraria, pero con afectación a sectores productivos de especial relevancia entre los electores de Donald Trump.
El mercado bursátil de Estados Unidos y por consecuencia las bolsas de valores en Europa, Asía y América reaccionan a la baja. Desde hace dos meses que iniciaron las hostilidades, han registrado una alta volatilidad con una tendencia bajista que se coloca en un promedio con proximidad a los diez puntos porcentuales, lo que implica pérdidas de facto que los analistas pueden presentar como ajustes, pero que en realidad son pérdidas billonarias de capital financiero que se esfuman con consecuencias negativas sobre la dinámica de las principales empresas del mundo donde se abate el comercio en perspectiva y se repercute sobre los tiempos y condiciones del ciclo productivo, sin que aún la guerra comercial haya estallado en sentido estricto.
No obstante, hago referencia a esta circunstancia no para abrir el análisis del tema en sentido estricto (lo haremos en próxima oportunidad) sino sólo para ilustrar que la atonía del crecimiento económico glob@l de la última década, mantiene su epicentro en la economía norteamericana y que es esta declinación la que da lugar a acciones temerarias de la política que en manos de Donald Trump no son simples dislates sino que se convierten en acciones beligerantes que van desde hostigar la renegociación del TLCAN, emplazar a una guerra comercial a China hasta detonar 170 misiles sobre Siria so pretexto de que fabrica armas químicas sin verificación alguna.
La unilateralidad y el carácter temerario de las medidas echadas para adelante por Estados Unidos desvelan su debilidad en curso como una debilidad de fondo. Según los Precriterios de Política Económica para el 2019 de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la economía de Estados Unidos crecería en este año 2.8% pero tendría un decrecimiento a 2.4% en el 2019 quedando por debajo del 2.5% obtenido en el 2017, mientras que el crecimiento industrial pasaría de 3.3% en el 2018 a 2.4% en el 2019, con lo que nuestras mismas autoridades hacendarias no auguran un buen desempeño para el vecino país del norte y sin duda, principal referente de la economía mundial y de México singularmente. De ahí la relevancia de los paralelismos entre los problemas de la glob@lización y las vías de los desarrollos nacionales de los que veníamos hablando en nuestras entregas anteriores, a propósito de las semejanzas y disparidades, pues más bien hemos venido copiando a Estados Unidos sin ser una potencia y nos hemos distanciado de las mejores vías de la inserción global y el desarrollo nacional como lo podrían prefigurar países del norte de Europa y un número importante de los países de Asia que han tomado distancia del atraso que les caracterizaba para perfilarse como economías avanzadas y de elevado dinamismo con excelentes resultados distributivos por ocupación-ingreso.
El bajo crecimiento promedio que caracteriza a México, con una fuerte dualidad y polarización entre la economía de exportación y la que queda cercada en el interior, no puede quedar atrapada en la explicación simple de la globalización trasnacional que cercena y esquilma a la economía mexicana donde la salida es el desarrollo del mercado interior, en una retórica que se ha vuelto lugar común de tirios y troyanos y aunque no necesariamente carece de razón no alberga mayor explicación y especificidad sin lo cual carece del contenido que le salva de una frase huera o más aún, de una aventura apoteótica.
Es en el mundo glob@lizado donde se está gestando la emergencia del desarrollo nacional de los países emergentes y la disputa por la hegemonía de occidente encabezado por Estados Unidos. Es en el mundo globalizado donde se abre paso la crítica al neoliberalismo y la discusión sobre los términos de la transición en ciernes.
Sin dejar de ser la principal economía y aún vanguardia en el comercio de servicios apuntalados por altas tecnologías donde aún es superavitario, Estados Unidos no sólo crece a la tercera parte del ritmo en que lo hace China, sino que enfrenta un déficit de comercio exterior de bienes frente al superávit de la potencia asiática y amenaza con proteccionismo y misiles pues, en el momento se reconoce sin capacidades competitivas para asistir a la contienda comercial, económica y financiera en condiciones preponderantes, como estaba acostumbrado, y ello le viene por una suerte de relocalización de sus empresas en el extranjero (léase México por ejemplo) dado que se apalancaron con la disminución de costos de la fuerza laboral y otros componentes incluidos los fiscales, y no en la inversión de medios de producción en muestra de desgaste e insuficiencias del patrón de competitividad. México se enganchó en una copia, pero como toda copia peor que el original, pues su sector de exportación lo adquirió abasteciéndose con importaciones de partes para reexportarlas en productos intermedios o finales y así, aprovechar la ventana de oportunidad que le ofrecía el TLC. Negocios sin ninguna repercusión estructural ni trascendencia nacional estratégica.
El resultado de la jugosa estrategia de las empresas de ambos países fue la desarticulación del sector de exportación con respecto al aprovisionamiento gradual de partes de origen nacional, que en el caso de México podría haber sido mediante una correcta mecánica de sustitución de importaciones y el desarrollo de las redes de valor, como Sergio Ordoñez opta por llamar en lugar de cadenas de valor, y por si fuera poca cosa esta omisión en el engranaje del desarrollo interno, se corrió aparejado el desarrollo altamente centralizado en la exportación por ventajas comparativas del sector primario, de manera que la inserción global se hizo mediante un comercio exterior de empresa sin visión de Estado y sin los procesos de desarrollo de la infraestructura de producción y comercio que además de la llamada obra civil, incluye el aprendizaje, el desarrollo de tecnologías, la reorganización de los procesos de trabajo, e incluso el apalancamiento financiero con los cuales engendrar el desarrollo del sector electrónico, informático y de las telecomunicaciones en articulación con los procesos industriales y de servicios relacionados de producción de partes y productos terminados de medios de producción y no de bienes de consumo final como pudo suceder en el mejor de los casos a lo largo de las últimas tres décadas.
El tema del desarrollo interno del sector electrónico-informático y de telecomunicaciones, así como su enchufe con la industria de medios de producción no es un prurito modernizador; es, sencillamente, que la acumulación del capital cifrada por el desarrollo del mercado interior como lo puntualiza Lenin, en principio no depende del crecimiento del mercado de bienes de consumo, y sin esta doble especificidad (sector industrial dinámico-medios de producción) no se desarrolla el núcleo industrial interno y la productividad de competencia que abarata el producto final y ajusta los términos de intercambio donde se asienta el desarrollo económico real que presupone el desarrollo de nuevos productos como expresión de la división del trabajo y, por tanto, del crecimiento absoluto del trabajo como principal medio de distribución del ingreso, pues no debe de olvidarse que el meollo del desarrollo del mercado es un asunto de producción como reproducción del capital donde la esfera de la circulación es sólo un ámbito de realización pero no de generación de valor. La generosidad distributiva del gobierno que aflora en las promesas de campaña, bienvenida, pero no pega en el centro de la superación del atraso.
eperezharo@gmail.com