23 diciembre,2024 5:56 am

Propósito de fin y principio de año

AMERIZAJE
Ana Cecilia Terrazas

Habitar el silencio es imposible, pero puede intentarse. La imposibilidad del silencio total la ejemplificó creativamente John Cage, el gran músico y compositor experimental estadunidense, cuando compuso una pieza a partir de su visita a una cámara anecoica, que es un espacio construido especialmente para absorber en su totalidad “las reflexiones producidas por ondas acústicas o electromagnéticas en cualquiera de las superficies que la conforman (suelo, techo y paredes laterales)”*.
La anécdota completa de Cage es que en los años cincuenta visitó la cámara anecoica de la Universidad de Harvard para escuchar el silencio y que, al final, oyó dos sonidos. El ingeniero a cargo le comentó que estaba escuchando su propio sistema circulatorio. Fue después de esa visita que Cage compuso la emblemática pieza de piano titulada 4’33”, en la cual el público puede o debe ubicarse para escuchar el silencio espontáneo que cuando se ejecuta esa pieza ocurre.
La gran mayoría de las tradiciones espirituales y religiosas incorporan de manera importante al silencio.
En los sesshin o retiros de las personas practicantes de budismo zen, que duran frecuentemente una semana, está estrictamente prohibido hablar. Estar meditando, sentadas frente a la pared en blanco o haciendo zazén, implica procurar poner la mente en el aquí y el ahora sin que nada te distraiga o enganche. A través de la respiración, quienes son más expertos, logran estadios de conciencia plena; una suerte de reseteo cerebral a partir de despejar el ruido constante y, desde luego, el habla.
Se ha puesto de moda entre personal universitario y académico el ejercicio de mindfulness o conciencia plena porque es una técnica de meditación que busca entrenar la mente para centrar la atención, mejorar la concentración y reducir angustias. De acuerdo con el Programa Embajadores de Mindfulness Desarrollo de Habilidades Socioemocionales, de Educación Continua de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, esto es lo que se logra**:
“…Surge cada vez más evidencia científica que indica que la práctica regular de la atención plena o mindfulness tiene numerosos beneficios psicológicos, terapéuticos y de salud; y como resultado su entrenamiento se ha extendido recientemente al campo de la educación. Las recientes investigaciones basan la eficacia de mindfulness en el principio de neuroplasticidad, lo que significa que el cerebro cambia continuamente modificándose con las experiencias a las que es expuesto y a través de actividades o entrenamientos repetitivos; lo que significa que se pueden adquirir nuevas habilidades y transformar nuestros comportamientos a lo largo de la vida. La práctica de mindfulness consiste en traer nuestra atención de regreso al momento presente cada vez que ésta empieza a divagar, y a medida que se cultiva la atención mediante la práctica, se desarrolla la capacidad de estar con todo aquello que se está experimentando y a morar en la experiencia tal cual es, de forma que es algo más que adquirir una habilidad mental; es reconfigurar los circuitos neuronales de las percepciones y emociones de maneras benéficas y duraderas”.
Pero el silencio y el estar presentes no es nada nuevo para los místicos como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.
Un sacerdote carmelita, Miguel Ángel Pérez Alonso, diseñó en los años setenta un lugar que pensó para la oración contemplativa, para la conexión con Dios, pero en silencio, y construyó el Centro de Oración Carmel Maranatha en pleno Valle de Bravo, Estado de México.
Durante décadas, muchas personas han acudido ahí a retiros, a guardar silencio y a dejarse habitar por el aquí y el ahora.
La maravillosa guía frecuente de retiros de silencio en Maranatha es una avezada maestra zen, terapeuta, alumna de la disciplina china ZhiNeng QiGong, pero sobre todo creyente con toda fe en la oración contemplativa cristiana. Ella es Roshi Ingeborg Marta Charlotte von Wobeser Hopfner, quien ha conducido a centenares de personas por unas meditaciones en quietud, en caminata, en silencio, en movimientos de ese estilo de QiGong y, desde luego, todo encaminado a la óptima oración contemplativa.
Ese silencio que ella dirige, comparte y enseña, de manera muy sencilla y honesta, apoyada en su saber y en la experiencia de su propia vida, lo ha llevado también a reclusorios ya que, desde 2010, la fundación que creó ha colaborado para intentar abonar en la prevención de adicciones.
Como decía Cage, “el silencio no existe y lo que se percibe como silencio es en realidad una posición subjetiva ante lo real”. El deseo para este fin de año es que podamos habitar ese silencio y conectarnos con eso real que es luminoso, cálido y amable.

*https://www.edsrobotics.com/blog/camara-anecoica/
**https://ec.filos.unam.mx/programa-embajadores-de-mindfulness-desarrollo-de-habilidades-socioemocionales/

@anterrazas